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Pandilleros obligan a dueños de carros polarizados a participar en ilícitos
El reglamento de Tránsito de El Salvador establece que los vidrios polarizados en los vehículos se encuentran prohibidos, siendo aceptados los que permiten un mínimo del 35% del paso de la luz; sin embargo, en las calles se puede apreciar a varios autos que cuentan con el oscurecimiento casi total en sus ventanas.
Muchos defienden esta situación y afirman que polarizan sus vehículos, sobrepasando los márgenes de la ley, para tener más privacidad e, incluso, por seguridad cuando transitan por las calles de San Salvador o sus municipios.
Los vidrios polarizados permiten que desde el exterior no se pueda apreciar el número y el tipo de personas que se conducen a bordo del vehículo, y esta situación es aprovechada por los miembros de estructuras criminales que delinquen en distintas colonias y comunidades del departamento de San Salvador.
Los delincuentes saben que al conducirse en un vehículo polarizado reducen las posibilidades de las autoridades de capturarlos o de ser detenidos en algún retén instalado en la carretera.
Una persona a quien llamaremos ONI asegura que en la colonia donde reside al oriente de San Salvador, los pandilleros han obligado a propietarios de vehículos polarizados a hacerles “viajes”, involucrándolos en actos ilícitos.
Los pandilleros llegan hasta las viviendas de los propietarios de los vehículos y les piden, muchas veces de favor, que si les pueden hacer un “viaje rápido” a diferentes puntos de la capital.
“El problema es que no se les puede decir que no porque se mete en problemas. A mí me lo pidieron tres veces. La primera era para ir a dejar a otra colonia donde opera la MS-13 a unos pandilleros que habían llegado a nuestra colonia y se querían regresar a sus casas. La segunda para ir a traer a una novia de un pandillero a un centro comercial y la última para ir a recoger paquetes a la orilla de la carretera de Oro. Todas las veces a altas horas de la noche”, afirma ONI.
Asegurando que él no ha sido el único de los vecinos de la colonia que han sido utilizados por los pandilleros para hacer este tipo de diligencias. Y a la vez dando gracias a Dios que durante esos “viajes” nunca ha sido detenido por las autoridades.
“Imagínese que me hubiera parado la policía y vea que llevaba pandilleros, me voy preso, aunque yo no ande en nada”, expresa.
ONI formula que este tipo de “favores” los piden los pandilleros de poca monta, los soldados, los peones de las pandillas, pues como es de todos conocido los líderes de estas estructuras poseen suficientes recursos para transportarse en sus propios vehículos.
NADIE SE SALVA
ONI asegura que hasta miembros de la Policía Nacional Civil (PNC) se han visto afectados por esta situación que atañe a los salvadoreños residentes en zonas con alto índice de delincuencia.
“En la colonia hay uno de la PNC que trabaja en el área administrativa y a ese es al que más lo utilizan para hacer esos asuntos. Yo he visto como le llegan a pomponear la puerta a las 2:00 de la mañana y, ni modo, tiene que hacer el asunto”, afirma.
Agregando que a los pandilleros no les importa el tipo de vehículo que tengan los vecinos, pues lo único importante es que tenga los vidrios polarizados, casi totalmente.
“El policía tiene un carrito Corolla del 89, está viejito, pero como tiene todos los vidrios polarizados al 5% eso les da confianza a los pandilleros”, afirma.
LA LUZ LO HIZO LIBRE
Debido a los constantes hechos de violencia y asesinatos que involucran a pandilleros en el país, ONI comenzó a tener cada vez más miedo de volver a ser utilizado por los pandilleros a través su vehículo, por ello pensó en una solución definitiva al problema.
“Yo no sabía por qué me elegían a mí para hacer esos viajes. Lo primero y más lógico que pensé fue irme de la colonia, pero no podía dejar la casa tirada porque todavía la estoy pagando y no tengo para donde salir”, dice.
Al hablar con un vecino a quien considera su amigo, ONI vio la luz. El vecino le dijo que para evitar que los pandilleros lo volvieran a utilizar que le quitara el polarizado a todos los vidrios del carro, y así se iba a librar de ellos.
“Yo no había analizado que me pedían esas cosas porque mi carro tenía los vidrios polarizados, si claro así no los veían que iban adentro. Así que lo que hice fue quitarles el papel a los vidrios y cuando alguien me preguntaba por qué lo había hecho, les decía que en un retén la policía me obligó. Así me libre del problema, gracias a Dios”, expresa ONI.

Por: El Blog.
ENTREGA ESPECIAL
El Psicopata que cambio la regla del Narco
Edgar Valdés Villarreal, hijo de un pintor de casas mexicano y una ama de casa tejana, la Barbie. Un apodo que le pusieron en la secundaria por su cabello gero. Un apodo que terminaría escrito con sangre en las calles de Medio México. No había nada en su infancia que anunciara el monstruo. Jugaba fútbol americano en la Lincoln High School.
Linebacker, posición de impacto. Posición de violencia controlada. Sus compañeros lo recuerdan como un chavo popular. Nada extraordinario, nada que hiciera pensar en lo que vendría después. Pero Laredo no es cualquier ciudad, es la frontera y la frontera tiene sus propias reglas.
En los 90, Laredo era un punto de entrada clave para la coca que venía del sur. El cártel del Golfo controlaba la plaza. Los Zetas, un grupo recién formado por desertores del gafe mexicano con influencia de entrenamientos especializados.
Apenas comenzaban a operar como brazo armado. Valdés Villarreal no era un estudiante brillante, no era un atleta excepcional, pero tenía algo que llamaba la atención en ese mundo. No dudaba.
Y en la frontera eso vale más que un título universitario. Finales de los 90. Edgar, todavía adolescente, ya vende marihuana en pequeñas cantidades en su high school.
Nada mayor, nada que llame la atención de las autoridades, pero es suficiente para que los conectes locales lo noten. Un chavo bilingüe que puede moverse entre dos mundos sin levantar sospechas.
Eso es oro en el negocio. 2000. Edgar ya no está en la escuela, dejó el fútbol, dejó cualquier pretensión de vida normal.
Las autoridades de Texas comienzan a investigarlo por distribución de marihuana. Nada grave todavía. Pero suficiente para que tome una decisión que cambiaría todo.
Cruza el río, se va para Nuevo Laredo, del lado mexicano, donde las leyes americanas no llegan, donde un chavo con sus características puede desaparecer o puede convertirse en algo más grande.
Nuevo Laredo, Tamaulipas, 2001. La ciudad es un hervidero. El cártel del Golfo domina, pero enfrenta presión.
El gobierno de Vicente Fox promete mano dura contra el crimen organizado. Los operativos federales se intensifican por primera vez en décadas y en ese caos un gero de Texas encuentra su lugar.
Valdés Villarreal no llega como un narco hecho y derecho, llega como un refugiado, como alguien que huye de problemas menores en el norte, pero tiene conexiones.
Tiene un primo que trabaja para gente pesada y tiene ese perfil que nadie espera. Los primeros meses trabaja en lo básico, mueve paquetes, cobra deudas pequeñas, hace mandados, pero desde el principio muestra algo diferente, no duda.
Cuando le ordenan golpear a alguien, lo hace sin preguntar. Cuando le dicen que entregue un mensaje violento, lo entrega con exceso.
Los jefes locales comienzan a notar al americanito, no por su experiencia, por su disposición. Arturo Beltrán Leyva, el Barbás, en ese momento es uno de los operadores principales de la Federación de Sinaloa en la zona del Golfo.
Controla rutas, coordina envíos masivos y necesita gente de confianza en Nuevo Laredo, gente que no tenga los vicios de los narcos tradicionales, gente que no esté quemada con las autoridades mexicanas.
Alguien le habla de un guero que acaba de llegar de Texas. Alguien que no tiene historial, alguien que puede pasar desapercibido. La primera vez que Valdés Villarreal se reúne con gente de Beltrán Leiva es en una casa de seguridad en la colonia Jardín 2002.
Barbas no está presente, pero sus lugartenientes sí le hacen preguntas, le prueban, le dan una tarea sencilla, recoger un paquete del otro lado y traerlo a Nuevo Laredo.
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Edgar lo hace en menos de 6 horas sin problemas, sin nervios. Cuando regresa, los lugartenientes se miran entre ellos. Este chavo sirve. Los siguientes meses, Valdés Villarreal se convierte en un operador de confianza
Principal
Agresión con botella en Soyapango deja un lesionado y una mujer detenida
Una mujer fue capturada en el distrito de Soyapango, San Salvador Este, luego de protagonizar un hecho de violencia contra su compañero de vida durante una discusión.
La detenida fue identificada como Zenaida Beatriz Gámez Lara, de 37 años, quien habría agredido a la víctima con una botella de vidrio mientras ambos se encontraban consumiendo alcohol.
De acuerdo con el informe, los equipos intervinieron de manera oportuna, evitando que la agresión continuara. La persona lesionada fue trasladada a un centro asistencial, donde se encuentra estable.
Las autoridades informaron que Gámez Lara será remitida por el delito de lesiones, reiterando que, incluso bajo los efectos del alcohol, cada decisión tiene consecuencias.
Principal
Bomberos reportan menos emergencias a nivel nacional
El subdirector de Bomberos de El Salvador, Erick Vásquez, presentó un balance preliminar de los incendios atendidos entre el 28 de marzo y el 1 de abril, en el marco del Plan Verano 2026, destacando variaciones importantes en comparación con el mismo período del año anterior.
De acuerdo con los datos oficiales, los incendios en vehículos disminuyeron de 10 casos en 2025 a 7 en 2026. Asimismo, los incendios forestales registraron una baja significativa, pasando de 19 a 9 incidentes.
En cuanto a los incendios estructurales, se reportaron 18 este año, apenas uno más que los 17 contabilizados en 2025. Por otro lado, las autoridades señalaron un incremento en los incendios en basureros, que pasaron de 6 a 9 casos.
Mientras tanto, los incendios en maleza reflejaron una reducción considerable, disminuyendo de 167 a 116, lo que evidencia el trabajo constante de la institución durante el período vacacional para atender emergencias y prevenir mayores afectaciones.






