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La historia de un empleado de una empresa de telecomunicaciones «responsable y dedicado» que murió en un trágico accidente de tránsito, provocado por la distracción del conductor.
“Era un gran amigo, responsable, trabajador, ayudaba mucho a sus padres y hermanos, dedicado a sus hijos y esposa, siempre buscando la manera de salir adelante honestamente”, es la forma como familiares recuerdan a Melvin Arturo Barahona Alfaro, empleado de una empresa de telecomunicaciones que murió en un fatal accidente de tránsito provocado por la distracción del conductor.
Melvin viajaba en el asiento del copiloto de un vehículo de la empresa Redes y Telecomunicaciones S.A de C.V (Redcom) con destino a su trabajo, pero una distracción al volante del conductor provocó que se estrellara de frente contra un camión que transportaba arena. Melvin murió al quedar atrapado en la cabina del automotor.
La tragedia ocurrió entre las 6:00 y 7:00 de la mañana del miércoles, en la carretera de Sonsonate a San Salvador, El Sunzal, zona conocida como Puerta Roja.
Melvin y sus compañeros no pudieron llegar a su destino.
Familiares y amigos lloran su muerte y lo recuerdan como una persona responsable, buen amigo, padre ejemplar y esposo dedicado.
Quienes lo conocieron expresaron que desde muy joven siempre trató de sacar adelante a sus hijos. “Era un padre dedicado, siempre buscó sacar adelante a su familia, era tan risueño que donde quiera que se encontraba alguien lo conocía, siempre era amable y se tomaba su tiempo para saludar”, comentó un familiar del muchacho a un medio de comunicación nacional.
La tragedia tomó por sorpresa a la familia Barahona y a los amigos de Melvin, pues estuvieron desconcertados al recibir la mala noticia. El percance fue del conocimiento de los demás empleados de la empresa, quienes también recordaron con nostalgia a su compañero de labores.
“Que descanse en paz el compañero, Dios lo tenga en su gloria”, expresó uno de sus amigos.
El día de la tragedia
La empresa para la que laboraba Melvin había sido subcontratada por la telefónica Tigo para dar mantenimiento a una de sus redes, por lo que él y dos compañeros de trabajo, Francisco Cea Aquino, de 48 años, y Aníbal Ulises Arias, de 21, salieron la madrugada de ese miércoles para completar la tarea.
Aquino era, de acuerdo con la información proporcionada por la sección de Tránsito de la Policía, el conductor del microbús tipo panelito.
Melvin se sentó del lado del copiloto, sin imaginarse que los minutos de su vida estaban contados. Aníbal Arias viajaba en la parte de atrás del vehículo.
Al llegar a la zona del cantó El Sunzal, el conductor se distrajo por unos instantes, tiempo suficiente para salirse de su carril asignado y estrellarse de frente contra un camión que transportaba arena que circulaba en el sentido de San Salvador a Sonsonate.
La fuerza del vehículo pesado desplazó varios metros atrás al panel. El impacto aplastó buena parte del lado derecho del vehículo, justo al lado en que viajaba Melvin.
Lo aparatoso del choque llamó la atención de algunos conductores, quienes detuvieron la marcha y se acercaron a ver en qué podían auxiliar a las víctimas, pero fue en vano, por lo que llamaron al 911.
Algunos testigos relataron a las autoridades que Melvin se mantuvo con vida unos segundos, pero las múltiples heridas no le permitieron sobrevivir.
Cuando la Policía llegó, la vida del padre, esposo, y empleado ejemplar se había apagado.
Los socorristas que atendieron el percance trasladaron a Francisco Cea Aquino y Aníbal Ulises Arias a un hospital, ambos en condición grave. Los agentes se quedaron custodiando la escena hasta la llegada de Medicina Legal para el levantamiento del acta respectiva.
Un nombre más a la larga lista de víctimas mortales
Desde el 1 de enero de 2019 y hasta el domingo 22 de septiembre la PNC había reportado 984 fallecidos en accidentes de tránsito a nivel nacional, Melvin se sumó a estas estadísticas.
En el mismo período, los datos oficiales confirman 7,776 lesionados. Francisco y Aníbal también se unen a esa lista.
De acuerdo con los datos de la Policía, cada día en El Salvador se registran un promedio de 53.5 accidentes de tránsito, cuya principal causa es la distracción al volante de parte de los conductores, seguida de la invasión de carril contrario.
ENTREGA ESPECIAL
El Psicopata que cambio la regla del Narco
Edgar Valdés Villarreal, hijo de un pintor de casas mexicano y una ama de casa tejana, la Barbie. Un apodo que le pusieron en la secundaria por su cabello gero. Un apodo que terminaría escrito con sangre en las calles de Medio México. No había nada en su infancia que anunciara el monstruo. Jugaba fútbol americano en la Lincoln High School.
Linebacker, posición de impacto. Posición de violencia controlada. Sus compañeros lo recuerdan como un chavo popular. Nada extraordinario, nada que hiciera pensar en lo que vendría después. Pero Laredo no es cualquier ciudad, es la frontera y la frontera tiene sus propias reglas.
En los 90, Laredo era un punto de entrada clave para la coca que venía del sur. El cártel del Golfo controlaba la plaza. Los Zetas, un grupo recién formado por desertores del gafe mexicano con influencia de entrenamientos especializados.
Apenas comenzaban a operar como brazo armado. Valdés Villarreal no era un estudiante brillante, no era un atleta excepcional, pero tenía algo que llamaba la atención en ese mundo. No dudaba.
Y en la frontera eso vale más que un título universitario. Finales de los 90. Edgar, todavía adolescente, ya vende marihuana en pequeñas cantidades en su high school.
Nada mayor, nada que llame la atención de las autoridades, pero es suficiente para que los conectes locales lo noten. Un chavo bilingüe que puede moverse entre dos mundos sin levantar sospechas.
Eso es oro en el negocio. 2000. Edgar ya no está en la escuela, dejó el fútbol, dejó cualquier pretensión de vida normal.
Las autoridades de Texas comienzan a investigarlo por distribución de marihuana. Nada grave todavía. Pero suficiente para que tome una decisión que cambiaría todo.
Cruza el río, se va para Nuevo Laredo, del lado mexicano, donde las leyes americanas no llegan, donde un chavo con sus características puede desaparecer o puede convertirse en algo más grande.
Nuevo Laredo, Tamaulipas, 2001. La ciudad es un hervidero. El cártel del Golfo domina, pero enfrenta presión.
El gobierno de Vicente Fox promete mano dura contra el crimen organizado. Los operativos federales se intensifican por primera vez en décadas y en ese caos un gero de Texas encuentra su lugar.
Valdés Villarreal no llega como un narco hecho y derecho, llega como un refugiado, como alguien que huye de problemas menores en el norte, pero tiene conexiones.
Tiene un primo que trabaja para gente pesada y tiene ese perfil que nadie espera. Los primeros meses trabaja en lo básico, mueve paquetes, cobra deudas pequeñas, hace mandados, pero desde el principio muestra algo diferente, no duda.
Cuando le ordenan golpear a alguien, lo hace sin preguntar. Cuando le dicen que entregue un mensaje violento, lo entrega con exceso.
Los jefes locales comienzan a notar al americanito, no por su experiencia, por su disposición. Arturo Beltrán Leyva, el Barbás, en ese momento es uno de los operadores principales de la Federación de Sinaloa en la zona del Golfo.
Controla rutas, coordina envíos masivos y necesita gente de confianza en Nuevo Laredo, gente que no tenga los vicios de los narcos tradicionales, gente que no esté quemada con las autoridades mexicanas.
Alguien le habla de un guero que acaba de llegar de Texas. Alguien que no tiene historial, alguien que puede pasar desapercibido. La primera vez que Valdés Villarreal se reúne con gente de Beltrán Leiva es en una casa de seguridad en la colonia Jardín 2002.
Barbas no está presente, pero sus lugartenientes sí le hacen preguntas, le prueban, le dan una tarea sencilla, recoger un paquete del otro lado y traerlo a Nuevo Laredo.
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Edgar lo hace en menos de 6 horas sin problemas, sin nervios. Cuando regresa, los lugartenientes se miran entre ellos. Este chavo sirve. Los siguientes meses, Valdés Villarreal se convierte en un operador de confianza
Principal
Agresión con botella en Soyapango deja un lesionado y una mujer detenida
Una mujer fue capturada en el distrito de Soyapango, San Salvador Este, luego de protagonizar un hecho de violencia contra su compañero de vida durante una discusión.
La detenida fue identificada como Zenaida Beatriz Gámez Lara, de 37 años, quien habría agredido a la víctima con una botella de vidrio mientras ambos se encontraban consumiendo alcohol.
De acuerdo con el informe, los equipos intervinieron de manera oportuna, evitando que la agresión continuara. La persona lesionada fue trasladada a un centro asistencial, donde se encuentra estable.
Las autoridades informaron que Gámez Lara será remitida por el delito de lesiones, reiterando que, incluso bajo los efectos del alcohol, cada decisión tiene consecuencias.
Principal
Bomberos reportan menos emergencias a nivel nacional
El subdirector de Bomberos de El Salvador, Erick Vásquez, presentó un balance preliminar de los incendios atendidos entre el 28 de marzo y el 1 de abril, en el marco del Plan Verano 2026, destacando variaciones importantes en comparación con el mismo período del año anterior.
De acuerdo con los datos oficiales, los incendios en vehículos disminuyeron de 10 casos en 2025 a 7 en 2026. Asimismo, los incendios forestales registraron una baja significativa, pasando de 19 a 9 incidentes.
En cuanto a los incendios estructurales, se reportaron 18 este año, apenas uno más que los 17 contabilizados en 2025. Por otro lado, las autoridades señalaron un incremento en los incendios en basureros, que pasaron de 6 a 9 casos.
Mientras tanto, los incendios en maleza reflejaron una reducción considerable, disminuyendo de 167 a 116, lo que evidencia el trabajo constante de la institución durante el período vacacional para atender emergencias y prevenir mayores afectaciones.






