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Fallece el empresario y filántropo Ricardo Poma
Ricardo Poma, líder empresarial salvadoreño y uno de los rostros más influyentes en el sector productivo de la región, falleció este domingo, según ha confirmado este medio digital.
La historia empresarial de El Salvador no se puede contar sin mencionar a don Ricardo Poma (1946-2025). Al frente de Grupo Poma, transformó un legado familiar en una plataforma de desarrollo regional y de impacto social sostenible.
Durante más de cuatro décadas, Poma no solo lideró un consorcio multilatino, sino que también aportó bases y herramientas para construir un país más justo, educado y solidario.
Ingeniero industrial graduado de la Universidad de Princeton y con un MBA en Harvard, Ricardo Poma fue presidente de Grupo Poma, conglomerado fundado por su abuelo en 1919. Desde su incorporación, el grupo alcanzó una expansión significativa en América Latina y Estados Unidos a través de cinco divisiones clave: Excel (automóviles), Grupo Roble (bienes raíces), Real Hotels & Resorts (hotelería), Autofácil (finanzas) y Solaire (industria).
Bajo su liderazgo, se consolidó la estrategia “multimarca/multipaís”, que llevó a la empresa a invertir en nuevos desarrollos hoteleros en Perú, Panamá y El Salvador, este último como parte del complejo Multiplaza, Torre Pedregal y oficinas Roble.
Poma dejó una cultura organizacional centrada en la excelencia, la ética y la innovación, hoy sostenida por sus hijos y sobrinos, quienes continúan con su visión.
Evento en 2016, en un acto donde la Fundación Poma realizó la Décima entrega de Becas de Talento a 106 estudiantes que fueron premiados con becas completas para estudios superiores técnicos y universitarios, con el apoyo administrativo de EduBecas de FEPADE. / Foto Archivo
El impacto de Ricardo Poma trascendió el ámbito empresarial. Fue presidente de Fundación Poma, desde donde promovió programas sociales en salud, cultura y educación. Gracias a su impulso, más de 1,700 jóvenes accedieron a estudios técnicos y universitarios con fondos como ¡Supérate!, Becas al Talento y Becas del Rector en la ESEN.
Fundó la Escuela Superior de Economía y Negocios (ESEN) en 1993, institución que se convirtió en referente regional por su excelencia académica y su modelo de inclusión financiera. Se estima que dos de cada tres graduados han recibido becas o apoyos económicos.
En salud, presidió FUSAL, organización que canalizó más de $650 millones en donaciones médicas y programas comunitarios, como la atención nutricional temprana.
En el ámbito cultural se incluye la fundación del Teatro Luis Poma, espacio que ha acogido a más de 500 artistas y 300,000 asistentes. También creó el Premio Ovación, que cada año apoya económicamente a nuevas propuestas escénicas.
Jetset
Bad Bunny rompió la barrera del idioma y conquistó el Grammy más importante
Visiblemente emocionado, Benito Antonio Martínez Ocasio, conocido mundialmente como Bad Bunny, tardó varios segundos en reaccionar al escuchar su nombre como ganador del Grammy al Mejor Álbum del Año, pero al subir al escenario, se expresó principalmente en español y dedicó el galardón a la comunidad latina y a quienes han dejado su país de origen en busca de un futuro mejor.
«Gracias a todas las personas que han creído en mí durante toda mi carrera», dijo antes de recordar a quienes se han visto obligados a migrar.
No fue la única vez que el cantante utilizó la gala como plataforma de denuncia, porque minutos antes, al recoger el premio a mejor álbum de música urbana, provocó una de las ovaciones más intensas de la noche con un mensaje directo contra las actuaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas.
«ICE out», lanzó ante un auditorio en pie, para luego añadir: «No somos salvajes, no somos animales. Somos humanos y somos estadounidenses».
Sus palabras resonaron en un contexto de creciente tensión social en Estados Unidos, marcado por redadas y operativos migratorios cuestionados por organizaciones de derechos humanos.
El artista insistió en que la música puede ser un vehículo de cambio y llamó a frenar la espiral de confrontación: «El odio se vuelve más poderoso con más odio. Lo único más poderoso que el odio es el amor. Por eso tenemos que ser diferentes», afirmó.
La noche también estuvo marcada por otros récords, como el de Kendrick Lamar, que amplió su palmarés hasta los 26 Grammy y se consolidó como el rapero más premiado de la historia, aun así, el foco terminó desplazándose hacia el puertorriqueño, que llegó a la ceremonia con seis nominaciones y se marchó como protagonista absoluto.
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El Fonat entregó $2.6 millones en compensación a víctimas de siniestros viales
En 2025, el Fondo para la Atención a las Víctimas de Accidentes de Tránsito (Fonat) entregó $2.6 millones para beneficiar a 2,870 personas o familiares de víctimas afectadas por un siniestro de tránsito.
Para este 2026, el presupuesto destinado para el pago de prestaciones económicas incrementó a $3.6 millones, un 38 % más de lo asignado el año pasado.
Las víctimas de accidentes de tránsito pueden aplicar a una prestación económica desde el sitio web de la institución: www.fonat.gob.sv. El proceso es simple, al acceder al sitio deben buscar servicios, ingresar a la plataforma, crear usuario y contraseña.
De acuerdo con la institución, las personas con interés en gestionar este servicio deberán contar con un correo electrónico en donde recibirá todas las notificaciones. A la vez, revisar la plataforma digital constantemente para conocer el estado de su solicitud
Según con la Ley del Fonat, las personas afectadas por un hecho de tránsito tendrán un plazo de seis meses a partir de ocurrido el incidente vial para presentar la solicitud correspondiente.
El Fonat complementa la entrega de prestaciones económicas con un programa de rehabilitación integral, a través del cual brinda acompañamiento psicológico y social a las víctimas.
Este programa también incluye la inscripción de los usuarios a una bolsa de empleo, con lo que se busca apoyar a los usuarios en su proceso de reinserción a la vida laboral.
Opinet
LA PAZ ANTES DE LA PAZ Por: Yossi Abadi
La incorporación de El Salvador al Board of Peace impulsado por el presidente Donald Trump ocurre en un momento particular: cuando la palabra “paz” se repite con urgencia, pero con poca eficacia. Se la invoca en declaraciones solemnes, se la persigue en mediaciones interminables, se la reclama en llamados constantes al alto al fuego. Mucha intención. Poco orden. Esa saturación obliga a replantear una pregunta que el mundo suele evitar: ¿qué significa realmente hablar de paz? No por mala fe, sino porque se ha confundido el objetivo con el camino.
El Board of Peace surge precisamente desde esa frustración. No como un organismo decorativo, sino como un intento de entender por qué tantos procesos de paz fracasan incluso antes de comenzar. Y es ahí donde la experiencia de El Salvador adquiere relevancia: no llega a esa mesa como alumno ni como observador. Llega como caso. Como ejemplo de que, a veces, la paz no empieza con un acuerdo, sino con una decisión.
Durante años, gran parte del mundo asumió que la paz es el punto de partida. Que primero se dialoga, luego se ordena. Que el consenso genera autoridad. El Salvador recorrió el camino inverso. Entendió que sin un Estado que ejerza control efectivo sobre su territorio,
la paz no es una promesa: es una ficción administrativa.
Lo que cambió en El Salvador no fue solo una política de seguridad. Fue la secuencia. Primero orden. Primero presencia estatal. Primero reglas claras. Solo después, normalidad. La paz no llegó como resultado de una negociación; llegó como consecuencia de que el miedo dejó de administrar la vida cotidiana.
Ese aprendizaje tiene valor directo para regiones atrapadas en conflictos prolongados. En muchos de esos escenarios, el problema no ha sido la ausencia de iniciativas de paz, sino la ausencia de una autoridad capaz de sostenerlas. Vacíos de poder que son rápidamente ocupados por actores no estatales, milicias, organizaciones criminales o estructuras terroristas que convierten la violencia en sistema mientras el Estado negocia desde la debilidad.
El Salvador no ofrece soluciones mágicas ni recetas universales. Lo que aporta al Board of Peace es algo más incómodo y, precisamente por eso, más útil: la certeza de que la paz no puede construirse sobre un vacío de poder. Que antes del diálogo debe existir control. Que
antes de la reconciliación deben existir límites. Y que sin Estado, no hay proceso que aguante.
En un mundo donde el crimen, el extremismo y el terrorismo aprendieron a usar el lenguaje del derecho como escudo, El Salvador recuerda una verdad básica que muchos sistemas han preferido olvidar: la paz no se defiende con comunicados, sino con presencia. No se sostiene
con intenciones, sino con autoridad. No se proclama; se ejerce.
Por eso su presencia en el Board of Peace tiene tanto sentido. No para enseñar cómo se firma la paz, sino para recordar algo más elemental y más difícil: que la paz duradera no empieza con palabras, sino cuando el Estado vuelve a llegar a tiempo.
Y cuando ese silencio llega -cuando es real- dice más que cualquier declaración

Cónsul Honorario de El Salvador en Israel


