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Parque acuático de Ia alcaldía de Ilopango conquista a los salvadoreños
Turistas nacionales y extranjeros ya disfrutan de sus vacaciones agostinas en el parque acuático ViaVela, instalado en el Lago de Ilopango, San Salvador.
Los visitantes en Villa Vela disfrutan de un espacio de sano entretenimiento, gastronomía típica, ambiente familiar y mucha seguridad.
«No te quedes en casa en estas vacaciones visita nuestro Lago de Ilopango», expresa la alcaldía en sus redes sociales.
Es de recordar que esta novedosa atracción tiene un costo de $1.50 por un tiempo máximo por persona de 30 minutos.
Vía Vela es un proyecto liderado por el alcalde Chicas, quien afirmó que esta atracción es única en El Salvador.
Internacionales -deportes
Agónico pase del Barça: pide la hora en El Sardinero y gana en el último suspiro
El FC Barcelona venció (0-2) al Racing de Santander este jueves para avanzar a cuartos de final de la Copa del Rey con los goles de Ferran Torres y Lamine Yamal, trabajado pase azulgrana ante un equipo de Segunda que demostró que está para competir en Primera.
Los de Hansi Flick entraron con el pasillo local en El Sardinero, como flamantes campeones de la Supercopa, pero a partir de ahí se encontraron un rival duro de pelar. Pese a rotar pensando en el duelo directo del domingo contra Las Palmas por el liderato de LaLiga Hypermotion, los de José Alberto obligaron al técnico alemán a sacar su mejor once y Joan Garcia evitó la prórroga con una tremenda parada en el 94′, antes del 0-2 de Lamine.
El marcador final, decidido en el 90+5 por Lamine Yamal, no refleja del todo el sufrimiento azulgrana ni el enorme partido firmado por los cántabros, que llevaron al límite a uno de los grandes favoritos del torneo.
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Desde el pitido inicial, el encuentro se jugó con el pulso acelerado. El Racing sorprendió con una presión alta, descarada, que incomodó al Barça en los primeros minutos y generó varias acciones de gol en los primeros compases. El Sardinero empujaba y el conjunto de José Alberto López no se achicaba, buscando a Arana y Suleiman para atacar los espacios. El Barça, poco a poco, fue asentándose con posesiones más largas y el talento de Lamine Yamal y Dani Olmo entre líneas, aunque sin lograr traducir el dominio en goles durante una primera parte muy igualada.
Las ocasiones fueron cayendo de ambos lados. Joan García tuvo que aparecer para el Barça, mientras que Jokin Ezkieta sostuvo al Racing con seguridad, especialmente ante los intentos de Olmo y Rashford. El descanso llegó con empate a cero y la sensación de que cualquier detalle podía decidir la eliminatoria.
Tras la reanudación, el guion se mantuvo: dominio territorial del Barça y resistencia numantina del Racing. Hansi Flick movió el banquillo buscando más colmillo, y el equipo azulgrana empezó a encerrar a los locales. Lamine rozó el gol olímpico, Rashford y Bernal lo intentaron desde fuera, pero el Racing sobrevivía como podía, defendiendo cada balón con el alma.
El partido pareció romperse en el minuto 66. Un saque de puerta de Joan García acabó en un balón largo perfectamente aprovechado por Ferran Torres tras un gran pase de Fermín. El gol dio tranquilidad momentánea al Barça, pero no cerró la eliminatoria. Todo lo contrario. El Racing dio un paso al frente, empujado por su gente, y comenzó a vivir en campo rival.
Manex Lozano se convirtió en protagonista. Marcó dos goles que fueron anulados por fuera de juego, ambos celebrados con rabia y anulados con frustración. El Racing creía, y lo demostró hasta el final. En el minuto 90+4 llegó la ocasión que pudo cambiar la historia: mano a mano de Manex ante Joan García, con Andrés Martín esperando solo para empujarla. El portero culé ganó el duelo y sostuvo al Barça con una parada decisiva.
Y cuando todo parecía abocado al sufrimiento llegó el remate final. Minuto 90+5. Última jugada. El balón quedó muerto en el área y Lamine Yamal, con la frialdad de los elegidos, empujó a placer desde muy cerca de la línea de gol. Explosión de alivio en el banquillo azulgrana, silencio roto en El Sardinero.
El pitido final confirmó el pase del FC Barcelona a la siguiente ronda de la Copa del Rey, 14 años después de su última victoria en Santander. Lo hizo sufriendo, resistiendo y con un gol en el último suspiro. El Racing se despidió con la cabeza alta tras firmar un partidazo. El Barça sigue vivo en la Copa. Y lo hace recordando que, en este torneo, nadie regala nada.
Empresarial
Banco Cuscatlán y Visa regalan 2 Skybox de lujo en el Mundial 2026
Banco Cuscatlán y Visa elevan la experiencia del fútbol al máximo nivel con una promoción exclusiva que lleva a sus clientes premium directo al corazón de la Copa Mundial de la FIFA 2026™. En un gesto que reconoce la lealtad y el estatus de sus tarjetahabientes más distinguidos, el banco salvadoreño lanza “Vive la Copa Mundial de la FIFA 2026™ a otro nivel”, una campaña dirigida exclusivamente a usuarios de tarjetas Visa Signature, Visa Lifemiles Infinite y Visa Private Issue Cuscatlán emitidas en El Salvador.
La iniciativa premia con dos paquetes dobles Skybox para presenciar un partido de la ronda de 32 (octavos de final, según el formato ampliado del torneo) en el imponente Estadio Mercedes-Benz de Atlanta, Estados Unidos.
Este venue, uno de los más modernos del continente y sede confirmada de ocho encuentros del Mundial —incluyendo fase de grupos, ronda de 32, octavos y una semifinal—, se convertirá en el escenario de lujo para esta experiencia irrepetible.¿Qué incluye cada paquete ganador?Cada uno de los dos ganadores recibirá para dos personas:Boletos aéreos internacionales en clase Business.
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Hospedaje de 5 días y 4 noches en hotel cinco estrellas, en suite de lujo con desayuno diario incluido.
Transporte terrestre completo y coordinado por Visa (traslados aeropuerto-hotel-aeropuerto, puerta a puerta para eventos).
Acceso VIP a un Skybox privado —palco de lujo climatizado con vistas privilegiadas, asientos premium, atención personalizada, gastronomía exclusiva y amenidades de alto nivel—.
Tarjeta prepago Visa por US$600.
Regalos exclusivos y artículos de amenidad.
Asistente personalizado para coordinar experiencias premium, gastronomía y actividades en Atlanta.
Cómo participar: acumula y ganaLa promoción está activa desde el 9 de enero hasta el 15 de marzo de 2026. Las formas de obtener números electrónicos para el sorteo son claras y directas:Por cada US$5,000 acumulados en compras (nacionales o internacionales) con las tarjetas participantes → 5 números electrónicos.
Al contratar o activar una nueva tarjeta elegible y realizar cualquier compra → 5 números electrónicos automáticos.
El sorteo se realizará el 24 de marzo de 2026. Los ganadores serán notificados y anunciados en el sitio web oficial de Banco Cuscatlán y sus redes sociales en un plazo máximo de dos días calendario posteriores al evento.Esta no es una simple entrada a un partido: es un reconocimiento a la excelencia, una puerta abierta a privilegios que trascienden lo ordinario y momentos que se graban para siempre. Un Skybox en el Mundial no es solo un asiento; es vivir el fútbol desde la cúspide.Para detalles adicionales o consultas, los clientes pueden contactar al Contact Center de Banco Cuscatlán al 2212-2000.
Banco Cuscatlán y Visa no solo invitan a ver el Mundial: invitan a vivirlo en grande. ¿Estás listo para elevar tu juego? Participa y descubre si Atlanta te espera desde las alturas.
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Opinet
La vida insulsa como consecuencia de la atrofia existencial- Lisandro Prieto Femenía
“Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo”
Friedrich Nietzsche, El crepúsculo de los ídolos (Nietzsche, 1889/2007, p. 32).
La emergencia de la vida insulsa demanda un análisis riguroso, puesto que trasciende la simple disposición psicológica para erigirse como una configuración antropológica y social que atenta contra las condiciones mismas de la posibilidad del sentido. Entiendo por vida insulsa aquella existencia confinada a la repetición mecánica de conductas funcionales, en la que se confunde la supervivencia con la plenitud y, consecuentemente, se abdica de la proyección de afectos y proyectos que podrían conferir densidad temporal a la biografía. Ahora bien, esta abdicación no es neutra, ya que reestructura la distribución del tiempo y la atención, reduciendo a los sujetos a unidades productivas y consumidores de estímulos efímeros, despojándolos de los nexos que constituyen a la persona como locus de intencionalidad y proyección.
Para desentrañar este fenómeno, es imperativo recuperar la distinción entre el impulso sensitivo y la pasión como categorías normativas y existenciales. Mientras el impulso sensible se limita a la respuesta orgánica e inmediata ante estímulos- el placer y el dolor en su inmediatez-, la pasión, en el sentido que aquí se reivindica, es la orientación duradera de la vida hacia fines que superan lo inmediato y, por ende, reconfiguran la temporalidad del sujeto. De hecho, la pasión se revela no como un arrebato sin fundamento, sino como una estructura de intención que articula proyectos, prácticas y compromisos. Viktor Frankl confirma esta primacía al sostener que “la principal tarea del hombre es darle sentido a su vida” (Frankl, 2006, p. 17). No obstante, esta falta de “porqué” trasciende la neurosis personal. La vida insulsa, en su grado más profundo, no es sólo la ausencia de actividad, sino la manifestación del aburrimiento fundamental(Langeweile heideggeriana), ese estado afectivo que revela la total carencia de un objeto que sea lo suficientemente digno de atención como para arrancar al sujeto de su propia inercia, atestiguando el desarraigo ontológico del ser humano en el mundo.
Ahora bien, puesto que ningún ser humano nace con indistinción o desinterés, es necesario plantear una hipótesis crítica sobre las posibles causas de la vida insulsa: ¿a quién le sirve que las personas vivan desapasionadamente? La respuesta más aguda apunta a las estructuras de control político y económico que requieren un sujeto tonto, maleable y predecible. La pasión, al ser una elección radical y una fuerza centrífuga que busca un sentido más allá de lo inmediato, constituye un riesgo real para el poder.
Un sujeto apasionado es un sujeto que jerarquiza prioridades, que está dispuesto a la renuncia y al conflicto por sus fines, y que, por lo tanto, es difícilmente gobernable desde la lógica del “pan y circo”. Desde esta perspectiva, la vida insulsa no es un fallo individual, sino una estrategia de pacificación social ejecutada por la alianza entre el consumo masivo y la vigilancia algorítmica. Un ciudadano cuya única pasión sea la micro-satisfacción constante es un consumidor ideal y un agente político totalmente inactivo.
Esta hipótesis se conecta con la crítica de la lógica neoliberal, transformada en norma. Martha C. Nussbaum argumenta que una sociedad justa debe posibilitar el desarrollo de las capacidades humanas fundamentales, incluidas las afectivas y creativas, pues “la justicia social exige que las personas tengan oportunidad real para vivir de manera plena” (Nussbaum, 2011, p. 18). Sin embargo, la reducción de la vida a la eficacia económica reduce sujetos incapaces de cultivar pasiones: la precariedad erosiona la planificación a largo plazo, y la cultura de la inmediatez sustituye la profundidad por el estímulo fugaz. La vida insulsa es, por lo tanto, un efecto estructural, una externalidad necesaria para la maximización del beneficio que requiere de un trabajador dócil, reemplazable y con un horizonte de deseo limitado a lo que el mercado, la moda y los medios masivos de comunicación ofrecen.
En este punto de la reflexión, es pertinente adicionar un aspecto muy importante, a saber, la indistinción como fracaso epistemológico, intelectual y moral. El rasgo más corrosivo de la vida insulsa es, precisamente, la distinción. El sujeto insípido es aquel para el cual “todo vale lo mismo” y, por tanto, “nada vale realmente”. Esta falta de distinción es la consecuencia epistemológica directa del colapso de los valores metafísicos que Nietzsche diagnosticó, cuya herencia ha derivado en un nihilismo pasivo que neutraliza toda jerarquía de sentido. En la práctica, si no existe un valor trascendente o comunitario que imponga un criterio de lo “mejor” o lo “pero”, la elección apasionada- el compromiso con algo específico- pierde su fundamento. La indistinción es la niebla moral que disuelve la tensión necesaria para el surgimiento de la pasión, pues la pasión, por definición, es una elección radical que distingue y prioriza una cosa sobre todas las demás.
Esta deriva se cristaliza en la esfera social bajo el manto de la indiferencia generalizada. Al respecto, Jean Baudrillard caracterizó este universo como una economía de signos, afirmando que “la simulación ya no es lo que oculta la realidad- la era de lo virtual- sino que es la cosa que sustituye a la realidad” (Baudrillard, 1981, p. 1). Pero la crítica debe ir más allá: si el simulacro homogeniza la experiencia, el ethos posmoderno lo valida. Recordemos que Gilles Lipovetsky, al describir el “espíritu de la época”, señala que “ya no hay lucha de clases ni enfrentamientos entre ideologías, sino más bien la indiferencia generalizada y el triunfo del individualismo narcisista” (Lipovetsky, 1983/2007, p. 11). En otras palabras, el sujeto narcisista, centrado únicamente en su bienestar emocional inmediato, es incapaz de sostener el esfuerzo ético y temporal que requiere la pasión, porque todo compromiso que suponga una incomodidad o una renuncia al “self” (al “yo”) aparece como intrínsecamente igual e igualmente dispensable.
Este tipo de apatía tiene profundas implicaciones en la relación del sujeto con el mundo. Filosóficamente, definir a una persona despojada de deseo y afecto exige examinar la relación intención, afecto y estructura temporal. Pues bien, la fenomenología, a través de Maurice Merleau-Ponty, nos enseña que “el mundo es siempre ya ahí y nosotros estamos ya en el mundo, implicados en él” (Merleau-Ponty, 1945, p. 149). Por lo tanto, si la pasión orienta el cuerpo hacia proyectos futuros y compromisos presentes, su ausencia comporta una clausura perceptiva donde el mundo aparece decolorado, las posibilidades se tornan invisibles y la capacidad de actuar se atrofia. Por su parte, el existencialismo sartreano, al postular que “la existencia precede a la esencia”, sentencia que el ser humano está condenado a la libertad y compelido a proyectarse, de modo que renunciar a esa proyección equivale a abdicar de la libertad (Sartre, 1946/2000, p. 34).
Agravando aún más este panorama, la indistinción se ve forzada por la conquista algorítmica. La economía de la atención no elimina el deseo, sino que lo coarta mediante la micro-satisfacción constante del “feed” infinito. De esta manera, la insipidez contemporánea se manifiesta como la vida permanentemente distraída, lo que hace imposible sostener la atención suficiente para tejer una trama narrativa coherente. En efecto, cuando la acción se reduce a tareas instrumentales y la indiferencia se extiende al campo de “lo político”, Hannah Arendt advertirá que “la acción humana es capaz de iniciar procesos que pueden continuar en ausencia del que los inició” (Arendt, 1958, p. 198), lo que implica que la vida sin pasión es, también, una vida sin mundo, puesto que se renuncia a la creación de aquello que nos sobrevive.
A pesar de ello, nuestra crítica no debe permanecer en el simple lamento, sino en la búsqueda de una reorientación ética y política. La recuperación de la pasión exige la revalorización de la proyección como una práctica. Sobre este aspecto en particular, Charles Taylor nos dice que las identidades modernas se configuran a través de narrativas que nos interpelan y que el reconocimiento social es clave para la formación del yo, ya que “la identidad personal es, en gran medida, algo que se le concede a uno por los otros y por las instituciones” (Taylor, 1989, p. 27).
No obstante, antes de postular ninguna posible solución, es crucial no omitir la dimensión trágica de la pasión. Recordemos que la “pasión” (pathos) es inherentemente violenta, una forma radical de fijación del sentido que, sin contrapesos, corre el riesgo de la “desmesura” (hybris), la auto-destrucción o el dogmatismo fundamentalista. Por ello, la reivindicación de la pasión debe estar necesariamente acompañada por la exigencia ética de la razón práctica. Por ello, justamente, Immanuel Kant postulaba este contrapeso al requerir que la humanidad sea tratada “como fin y nunca sólo como medio” (Kant, 1785/2005, pp. 52–53). En definitiva, la pasión legitima, pero no instrumentaliza al otro, sino que lo reconoce como un fin en sí mismo.
En este punto es donde emerge la tensión más mordaz: ¿cómo se traduce esta ética en lo político? La recuperación de la pasión implica restituir espacios públicos y privados de compromiso. Esto exige la construcción de instituciones que permitan la atención prolongada a proyectos significativos, desde políticas que protejan el tiempo no como subordinado al capital hasta la esfera ética íntima: la disciplina de la atención. William James ya observó que “la habilidad de centrar la atención, excluyendo lo no esencial, es la raíz del carácter” (James, 1890/2003, p. 23). Sin embargo, si la vida insulsa es un efecto estructural, ¿es lícito proponer la disciplina de la atención como contramedida? La demanda de “cultivar la pasión” puede convertirse, irónicamente, en una nueva forma de auto-explotación para el sujeto precarizado, exigiendo que éste se auto-responsabilice y se “apasione” de manera eficiente con las pocas horas de vida que le deja el sistema. Si la precariedad erosiona el tiempo y la energía, la pasión se convierte en un privilegio de unos pocos (de clase), mientras que al resto se les exige ser su propio coach existencial.
En resumen, la crítica de la vida insulsa debe operar en la dialéctica entre la ontología y la política. Aparece como un estado de des-proyección existencial sostenido por estructuras que valoran la repetición y la eficacia por encima del sentido y del significado.Un atisbo de solución, por tanto, contempla la reconstrucción de instituciones, la formación de hábitos de atención crítica y la afirmación de una ética de la pasión que preserve la dignidad ajena. La pasión entendida como proyección no debería ser un lujo, sino la condición moral de la persona, y negarle esta posibilidad a amplios sectores sociales equivale a amputar su humanidad. Así pues, la crítica de la vida insulsa debe devenir en una demanda filosófica y política por estructuras sociales que devuelvan tiempo, reconocimiento y recursos para que la invención del relato vital sea una posibilidad universal, y no un imperativo frustrante.
Como siempre, queridos lectores, concluyo esta humilde reflexión enfatizando que la crítica a la vida insulsa debe ir más allá de la lamentación, dirigiéndose hacia una activa problematización de las estructuras que la sostienen. Ante el diagnóstico de que la vida insulsa es un efecto estructural y que la indistinción nihilista se suma a la invasión algorítmica para sustituir el proyecto por la micro-satisfacción constante, es necesario cuestionar si la “disciplina de la atención” constituye un remedio viable para el sujeto que se encuentra permanentemente distraído, o si, por el contrario, se convierte en una nueva ética de la autoexplotación, un privilegio reservado a aquellos cuyo tiempo no está ya coaccionado por la supervivencia económica.
Además, la reflexión que hemos realizado se detiene en la naturaleza misma de la “indistinción”: si todo nos da igual, si todo es lo mismo, es síntoma de una degradación de los valores en la posmodernidad, ¿cuáles son los dispositivos filosóficos y políticos concretos que deben mediar la intensidad de la pasión para garantizar que el proyecto apasionado del individuo no se construya a expensas de la dignidad del otro, superando así el nihilismo de la indiferencia? Finalmente, si el aburrimiento se revela como la atrofia del “Dasein” (“ser-en-el-mundo”, o sea, nosotros) o la falta de arraigo ontológico en el mundo, se debe interpelar la responsabilidad del arte, la filosofía y la educación (tanto en casa como en las instituciones educativas) en crear y proteger espacios donde el sujeto pueda enfrentarse a ese aburrimiento profundo, en lugar de buscar la inmediata cura en la distracción algorítmica que lo devuelve a la insipidez.
Referencias (formato APA 7, en español)
Arendt, H. (2001). La condición humana (3.ª ed., traducción de Gustavo Pita). Paidós. (Obra original publicada en 1958).
Baudrillard, J. (2001). Simulacros y simulación (traducción de Agustín García Calvo). Editorial Pre-Textos. (Obra original publicada en 1981).
Frankl, V. E. (2006). El hombre en busca de sentido (traducción de Sergio Molina). Herder. (Obra original: Man’s Search for Meaning, 1946). Citausada: p. 17.
James, W. (2003). Principios de psicología (traducción de César Tejada). Ediciones Akal. (Obra original publicada en 1890). Citausada: p. 23.
Kant, I. (2005). Fundamentación de la metafísica de las costumbres (traducción de Fernando R. de la Torre). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1785). Citasusadas: pp. 52–53.
Lipovetsky, G. (2007). La era del vacío: Ensayos sobre el individualismo contemporáneo (traducción de Juan Varela). Anagrama. (Obra original: L’Ère du vide, 1983). Citausada: p. 11.
Merleau-Ponty, M. (2009). Fenomenología de la percepción (traducción de José Ortega y Gasset). Akal. (Obra original publicadaen 1945). Citausada: p. 149.
Nietzsche, F. (2007). El crepúsculo de los ídolos (traducción de Andrés Sánchez Pascual). Alianza Editorial. (Obra original: Götzen-Dämmerung, 1889). Citausada: p. 32.
Nussbaum, M. C. (2011). Crear capacidades: Propuesta para el desarrollo humano (traducción de Manuel García del Blanco). Paidós. (Obra original: Creating Capabilities, 2011). Citausada: p. 18.
Sartre, J.-P. (2000). El ser y la nada (traducción de Esteban Aragonés). Ediciones Cátedra. (Obra original publicada en 1943). Cita usada: p. 34.
Taylor, C. (1994). Fuentes del yo: La formación de la identidad moderna (traducción de Juan Manuel Navarro). Taurus. (Obra original: Sources of the Self, 1989). Citausada: p. 27.


