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#HISTORIA: Adultos mayores piden ayuda en los buses para sobrevivir después de haber trabajado en una familia de ricos

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Conozca la historia de una pareja de la tercera edad que estuvieron al servicio de una acaudalada familia durante años y que al caer enfermos fueron despedidos de su trabajo. Hoy se ven en la necesidad de pedir ayuda en los buses.

Una pareja de ancianos dedicó su vida a una familia de ricos la cual los despreció cuando comenzaron a sufrir los estragos del servicio prestado, ahora, se ven en la necesidad de pedir ayuda en los buses para tratar de subsistir y tratar la enfermedad que aqueja a uno de ellos.

Luis y Carmen (nombres cambiados a petición) son una pareja de ancianos radicados en Soyapango, lugar desde donde el hombre viaja hasta los alrededores de la Universidad de El Salvador para conseguir un poco de dinero y llevar el sustento diario a su esposa.

A sus 65 años, Luis se sube a los buses contando su triste historia para solicitar dinero a las personas que usan el transporte colectivo, ya que esta es la única manera de poder ayudar a su esposa que ha pasado la mitad de su vida con un mal que la tiene paralizada.

Este adulto mayor explicó que a su pareja le comenzó artritis cuando laboraba como empleada doméstica de una familia acaudalada en Santa Tecla, hace más de 20 años, lugar en el que se conocieron y formalizaron su relación.

“Yo era vigilante de esa familia y ella hacía las cosas de la casa, los patrones casi siempre la mandaban a hacer mandados después de haberse calentado el cuerpo planchando o haciendo otras cosas, algunas veces se mojaba con la lluvia”, recordó Luis.

Durante años, vivieron bajo el techo de los patrones que al conocer la enfermedad de Carmen decidieron despedirlos y buscar a personal más joven para realizar las tareas que ellos tenían a cargo.

“Cuando ya no les servíamos, porque nos enfermamos, nos cortaron el trabajo y nos pidieron que desalojáramos la casa que yo cuidaba, en donde vivíamos los dos”, contó Luis con un tono de decepción por lo ocurrido.

Desde ese día, la vida de ambos cambió radicalmente ya que no tenían una casa a la cual llegar, ni parientes que les tendieran la mano mientras ellos buscaban una alternativa para salir adelante.

Mientras tanto, la enfermedad de Carmen iba empeorando, siendo una joven de 25 años su cuerpo poco a poco se negaba a responder llegando al punto de no poder moverse debido a que la artritis había evolucionado rápidamente.

Desde entonces, Luis busca alternativas para sacarla adelante pidiendo ayuda de personas altruistas para poder comprar los medicamentos de su esposa, a quien por más de 25 años ha cuidado sin la ayuda de ningún familiar.

“Nosotros vivimos con lo que logro reunir en los buses, nadie de mi familia me ayuda de ninguna manera, pero gracias a Dios siempre hay gente buena que me regala algo para la comida”, valoró Luis quien asegura estar agradecido con Dios por lo que a diario recibe de personas que son totalmente desconocidas.

Con el paso del tiempo, otras enfermedades fueron afectando la salud de la mujer quien también sufre de problemas renales, cardíacos, en los ovarios y constantes dolores de cabeza que nunca la dejan tranquila.

Sin embargo, las enfermedades de su esposa no son  la única dificultad a la que se enfrenta este hombre de la tercera edad, ya que a diario tiene que “acarrear agua porque no tenemos en la casa, como está en lo alto no sube y me toca jalar lo que vamos a usar en el día».

Antes de iniciar su recorrido en el transporte colectivo, Luis deja la comida lista para que su esposa en silla de ruedas tenga menos dificultades al ingerir los alimentos, además, se dedica a lavar ropa y a hacer los oficios de la casa.

Si usted desea ayudar a este anciano y a su esposa puede comunicarse directamente con este medio, nosotros brindaremos la información necesaria para que la ayuda llegue lo más pronto posible.

Fotografía de referencia.

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Enjuician a médico por presunta mala praxis

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Julio César Hernández Magaña, acusado del delito de homicidio culposo por presunta mala praxis, es enjuiciado por el Tribunal Primero de Sentencia de Santa Tecla.

La acusación fiscal detalla que Hernández Magaña realizó un procedimiento quirúrgico inadecuado el 24 de junio del 2022, en su clínica ubicada en colonia Escalón, San Salvador Centro.

«La mujer habría sido sometida a tres cirugías en un lapso de seis horas en el quirófano; posteriormente se le dio el alta y no habría recibido la vigilancia médica requerida después de las intervenciones», explicó el ministerio público.

La víctima falleció seis días después de las cirugías, el 30 de junio 2022 en su casa de habitación ubicada en Lourdes Colón, La Libertad Oeste.

Durante el juicio, la Fiscalía asegura que presentará suficiente prueba documental, pericial, testimonial que determinan la responsabilidad del imputado y ha pedido al tribunal que se haga justicia y que le aplique la pena máxima de cárcel por ese delito y también una condena civil.

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Temperaturas de hasta 39° Celsius para este miércoles en El Salvador

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Para este miércoles, el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Marn) informó que se tendrán temperaturas bastante calurosas, con máximas entre los 38 y 39 grados Celsius, especialmente en zonas de San Miguel, Nueva Concepción y La Unión.

«Por la tarde y las primeras horas de la noche, se espera un cielo parcialmente nublado en la cordillera volcánica. Sin lluvias», indicó la institución.

El meteorólogo Amides Figueroa agregó que los vientos tendrán velocidades promedio entre los 10 y 20 km/h y ráfagas ocasionales de hasta 30 km/h, especialmente en zonas altas y montañosas.

«Ambiente fresco por la noche y madrugada. Flujo del este sobre la región y brisa marina favorecen el cielo parcialmente nublado en el país», reportaron.

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ENTREGA ESPECIAL

Niña Cata: Abuelita de 91 años que va por primera vez a la escuela y recibe su computadora

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En el pequeño pueblo de El Congo, en Santa Ana Este, las aulas del Centro Escolar El Congo guardan historias que desafían el paso del tiempo.

Allí, entre pupitres compartidos y pizarras llenas de letras recién trazadas, una mujer de 94 años —Catalina Mendoza— dio sus primeros pasos formales en la escuela.

Nunca antes había cruzado el umbral de un aula como alumna; la vida, con sus labores del campo, la crianza de hijos y las necesidades diarias en un El Salvador de otras épocas, no le dejó espacio para ello.

Pero este 2026, algo cambió. Catalina se inscribió en primer grado de la modalidad flexible —esas clases sabatinas o dominicales pensadas para quienes el horario tradicional no les cabe en la vida—. Y no lo hizo sola. A su lado, caminando con la misma determinación, está su hija Teresa Tobar, de 71 años, quien cursa octavo grado en la misma institución.

Madre e hija recibieron juntas su paquete escolar 2026: cuadernos, lápices, libros adaptados a cada nivel y, lo más novedoso, una tablet cada una. Es la primera vez que el Ministerio de Educación incluye a los adultos de modalidad flexible en esta entrega masiva que beneficia a cerca de 1.2 millones de estudiantes del sistema público.

La ministra Karla Trigueros estuvo presente en la ceremonia, se acercó a Catalina, le entregó personalmente los materiales y la felicitó con visible emoción.

“Nunca es tarde”, le dijo, mientras la anciana sonreía con esa mezcla de timidez y orgullo que solo nace cuando se cumple un sueño guardado durante décadas.Teresa cuenta que todo empezó por su hijo, quien asiste a clases nocturnas. “Yo lo acompañaba, me sentaba a esperar… y poco a poco me picó el bichito del estudio”.

Decidió inscribirse ella también. Luego vino la conversación más tierna: le dijo a su madre que aún había tiempo, que la escuela no discrimina edades. Catalina, que siempre repetía “nunca conocí cómo era por dentro una escuela”, se animó.

Hoy comparte con su hija no solo el aula, sino las tareas, las dudas y las pequeñas victorias diarias.“Me encanta estudiar”, dice Teresa con voz firme.

“Que no se les cruce por la mente que la edad es una barrera”. Y sobre su madre agrega: “Se la pasa muy bien. A ella le encanta aprender. Cada día llega contenta, con su cuaderno lleno de letras nuevas”.

El director del centro, Daniel Monroy, lo resume con sencillez: “Es una satisfacción enorme tenerlas aquí. Nos recuerdan que la educación no tiene fecha de caducidad cuando hay voluntad y apoyo”.

En un país que también abre este año las puertas de la universidad a 17 mil jóvenes con becas y programas que buscan fortalecer la clase media, la historia de Catalina y Teresa muestra otra cara de la misma apuesta: que nadie se quede atrás, ni siquiera quien lleva casi un siglo de vida.

Madre e hija caminan juntas hacia metas que parecen imposibles: aprender a leer y escribir mejor, avanzar grados, dominar una tablet que les abre ventanas al mundo digital. Lo hacen tomadas de la mano, literalmente y figurativamente, demostrando que los lazos familiares se fortalecen cuando se aprende en equipo.Porque en El Congo, Santa Ana Este, la educación no pregunta la edad. Solo pide ganas. Y ellas las tienen de sobra.

 

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