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ORGULLO SALVADOREÑO – Pintor salvadoreño embellece con su arte los negocios y calle de Los Ángeles con sus vitrales navideños

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Desde pesebres, nacimientos, estrellas y campanas hasta pinos, Papa Noeles y renos en la nieve son solo algunos de los componentes que Rodolfo Enrique Cardona Salazar plasma en vitrales navideños que pinta durante las fiestas.

Es en esta época del año que los negocios latinos del este y centro  de Los Ángeles lo llaman para tener una decoración alegre y que llame el ojo de los clientes durante diciembre.

“Empiezo [a pintarlos] ni bien termina Thanksgiving por un periodo de casi 10 días y con cada uno me puedo demorar hasta cinco o seis horas”, cuenta este salvadoreño de 58 años de edad que dice firmar sus obras como  Kardonas con ‘K’ para que su apellido no sea igual al de los demás.

Sin embargo, para marcar la diferencia son sus ideas las que bastan. Comenta que todo comenzó hace una década cuando trabajó en el área de mantenimiento en Children’s Hospital.

“Cuando pasaba por el área de los niños con cáncer los veía bien tristes… Luego vi que las señoras que hacen la limpieza pasaban con unos botes. Hablé con mi jefe y le dije para pintarlos con las caricaturas que estaban de moda… La idea les gustó. [Ese año] terminé pintando como 25 o 30 [botes]”.

Muestras de murales que luego pinta en las paredes de los negocios. Foto Mey Lyn Mitteen / Especial para Excelsior

Al llegar la Navidad, quiso innovar y fue entonces que propuso pintar los vidrios de las habitaciones del centro de salud, algo que —confiesa— jamás había hecho. La idea llenó de algarabía el lugar.

“Luego me dije ‘¿por qué no empiezo en las calles?… Ya ahora la mayoría de los dueños me dan la opción de pintar lo que yo quiera”.

Desde entonces, ha realizado más de 120 ventanales con témpera en polvo. “Eso sí, no se toca porque se borra”, dice entre risas.

Por ello, provisto de 8 o 10 tarros de pintura —entre colores primarios y fluorescentes— Rodolfo llega hoy a restaurantes, salones de belleza, tiendas de celulares y de ropa y hasta a algunas casas a depositar su creatividad.

El padre de tres adultos y abuelo de una pequeña, aclara que para él la Navidad es tiempo de paz, amor y de acordarse del nacimiento de Jesús.

“Tal vez los viejos no hemos perdido esa idea pero ahora algunos niños ven la Navidad de otra manera… Como un comercio en el que el gordito [Santa] va a entrar por la chimenea y les va a traer algo… Cuando les preguntas ¿qué es Navidad? Te dicen ‘regalos… juguetes’ y Navidad es más que eso”, platica.

Una muestra de uno de los vitrales navideños que Rodolfo Cardona pinta sobre negocios. /Foto Suministrada

Convertir todo en arte

De niño, Rodolfo solía ganar todos los concursos de dibujo en la escuela pero con la Guerra Civil sacudiendo El Salvador, su familia esperaba que se emplee en alguna empresa de metales, de petróleo o de transporte.

“Todos me decían que el arte era cosa de ricos, de señoritos. Es que antes, el artista era el que hacía cuadros para galerías… No fue hasta los años 60 y 70 que la televisión y la radio llegaron a meter publicidad. Eso era lo que a mí me interesaba. Y yo estaba necio con lo que quería ser”, cuenta.

Con esa oportunidad, entró a trabajar como dibujante y artista creativo en el periódico la Prensa Gráfica pero decidió emigrar a Estados Unidos en 2000 porque “con la llegada de las computadoras a El Salvador el panorama ya no estaba claro”.

Ya con un trabajo para mantenerse en Los Ángeles, dedicaba los fines de semana a llevar sus diseños a diversos negocios latinos para buscar clientes.

Hoy dedica su tiempo a pintar no solo vitrales navideños si no que también usa los pinceles para la época de San Valentín, Easter, Halloween y otras festividades. Rodolfo, quien tiene conocimiento en electricidad y arquitectura, hace diseños en paredes, papel, canvas, madera, metal, plástico y hasta en piedra.

“Esta el arte de las galerías pero prefiero el arte comercial… Pinto para restaurantes, salones de belleza y hasta en fachadas de talleres automotrices”, dice este hombre lleno de energía que ha publicado dos libros ilustrados en su natal Sonsonate y ahora ocupa su tiempo libre en crear historietas, cuadros en tercera dimensión y proyectos para al menos cuatro iglesias.

“Ya he pintado a la Virgen de Guadalupe como 30 veces”, indica emocionado y cuenta que su meta es llevar su arte hasta Beverly Hills.

Confiesa que su obra más preciada es un retrato que pintó en el que aparece junto a su esposa Cristabel, con quien ya cumplió 33 años de casado. “El arte es parte de mi vida, lo que me mantiene espiritualmente vivo”.

Para contratarlo puedes visitar su cuenta de Instagram en @k_kardonaart

 

NOTA DE EXCELSIOR CALIFORNIA

 

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Bad Bunny visibilizó la economía latina en el show de medio tiempo del Super Bowl

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El medio tiempo del Super Bowl 2026 no solo marcó un hito musical con Bad Bunny al frente, también dejó una lectura social que llamó la atención, porque el escenario se transformó en una postal viva de la economía latina de «barrio»

Lejos de logotipos corporativos y marcas globales, el show apostó por taquerías, barberías, puestos ambulantes y oficios que forman parte del día a día de millones de personas dentro y fuera de EE. UU.

Durante la presentación aparecieron referencias a vendedores de cocos, tiendas de esquina, barberías, albañiles y locales de compra de oro y plata, donde cada elemento aportó a una narrativa clara sobre la cultura latina y su excepcional mano de obra en la economía de cada país.

 

 

Estos micronegocios representan una forma de autoempleo con baja inversión, márgenes ajustados y un fuerte vínculo comunitario. La barbería y la tienda de barrio, por ejemplo, funcionan como espacios de confianza, puntos de encuentro y, en muchos casos, como el primer paso económico de familias migrantes.

La presencia de albañiles destacó el papel de trabajadores esenciales en la construcción de las ciudades, frecuentemente invisibilizados pese a su peso en la economía productiva. En paralelo, los locales de compra de oro y plata aludieron a negocios que suelen funcionar como salvavidas financiero en momentos de crisis.

 

La taquería Villa’s Tacos, de Los Ángeles, fue otro de los momentos clave, el negocio, fundado por Víctor Villa, hijo de migrantes michoacanos, tuvo apenas unos segundos en pantalla, pero el impacto fue inmediato, y al día siguiente, las filas superaban la hora de espera.

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Vendedora de cocos que apareció junto a Bad Bunny en el Super Bowl es salvadoreña

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La breve pero llamativa aparición de una vendedora de cocos junto a Bad Bunny durante el Super Bowl generó una ola de reacciones en redes sociales, luego de que se confirmara que la mujer es de origen salvadoreño.

 

La información fue compartida por su sobrina a través de un video que publicó en su cuenta de Instagram, donde expresó su emoción y orgullo por la respuesta del público hacia su tía, quien participó en el medio tiempo del Super Bowl de este año.

 

«Solo quiero darles las gracias por todo el cariño hacia el video de mi titi, nuestra titi, mi tía», expresó la joven identificada en redes como Fabiola Jessica.

 

Según relató, su tía ya está jubilada y participa en comerciales por diversión, por lo que logró formar parte del proyecto, conocer a Bad Bunny y representar a El Salvador en uno de los eventos televisivos más vistos del mundo.

«Estoy tan orgullosa de ella porque está representando a El Salvador», señaló la sobrina, destacando además la importancia de la representación latina. «La representación latina importa, así que estoy súper orgullosa de ella», añadió.

 

El video ha sido compartido y comentado, con mensajes de apoyo y orgullo por la participación de la salvadoreña en un escenario de alcance global como el Super Bowl.

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El Super Bowl se tiñe de identidad

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Lo que el mundo presenció en el show de medio tiempo del Super Bowl LX no fue solo un concierto de música urbana, fue una puesta en escena cinematográfica diseñada para celebrar la identidad latina. Fiel a su estilo impredecible, Bad Bunny transformó el césped del estadio en un mapa vivo de la historia puertorriqueña y la unidad hispana.

Estos son algunos símbolos que hicieron de este espectáculo un acto cultural lleno de historia.

1. El inicio: La caña de azúcar y el peso de la historia

El show no empezó con pirotecnia, sino con una toma amplia que transportó a la audiencia a los campos de caña de azúcar. Mientras Benito comenzaba los primeros versos de «Tití Me Preguntó», caminaba entre trabajadores que cortaban la caña con machetes.

Este no fue un detalle decorativo. La caña de azúcar fue el motor económico del Caribe, pero también es el símbolo del colonialismo y la esclavitud. Al vestir a los bailarines con ropa blanca y la tradicional pava (el sombrero de paja del campesino o «jíbaro»), Bad Bunny honró a los antepasados que trabajaron estas tierras hasta que se abolió la esclavitud en Puerto Rico en 1873.

2. Un paseo por el barrio

A medida que avanzaba la música, el escenario se convirtió en una calle llena de vida. El cantante pasó por:

El puesto de piraguas (parecida a las minutas salvadoreñas): Un ícono de la nostalgia boricua. El detalle maestro estuvo en las botellas de sirope: cada una llevaba la bandera de países como México, España y Colombia, reforzando el mensaje de hermandad latina que menciona la letra de su canción.
La cotidianidad latina: Se observó a hombres mayores concentrados en una partida de dominó, jóvenes en un puesto de «coco frío» y mujeres en un local de aplicación de uñas, reflejando la estética y los negocios que dan vida a los barrios tradicionales desde San Juan hasta Nueva York, y que también existen en algunos países latinos.
3. El Sapo Concho y El Morro

En las pantallas gigantes apareció un personaje inesperado: Concho, un sapito animado. Se trata del sapo concho, una especie endémica de Puerto Rico en peligro crítico de extinción. Con esto, el artista subrayó la importancia de proteger el hábitat natural de la isla frente al desarrollo desmedido.

Poco después, la escenografía se transformó en una réplica de El Morro (Castillo San Felipe del Morro). Esta fortaleza del siglo XVI, que protege la bahía de San Juan, sirvió de marco para que Lady Gaga se uniera a Bad Bunny para cantar «Baile Inolvidable». La presencia de este monumento nacional subrayó la antigüedad y la fuerza de la cultura puertorriqueña.

4. Toñita y la resistencia en «NuevaYol»

Durante la interpretación de «NuevaYol», ocurrió un momento cargado de significado social. Bad Bunny aceptó un trago de María Antonia “Toñita” Cay.

¿Quién es Toñita? Es la dueña del Caribbean Social Club en Brooklyn, un lugar que ha resistido por más de 50 años la presión de la gentrificación. Al incluirla, Benito envió un mensaje claro: la diáspora latina no olvida sus raíces.

5. Una denuncia colgada de los postes

El tono cambió cuando sonó «El Apagón». Los mismos trabajadores que al inicio cortaban caña, ahora estaban subidos a postes eléctricos. Este es un símbolo potente de la frustración por los constantes cortes de luz en Puerto Rico tras el huracán María. La escena recordó cómo los propios ciudadanos tuvieron que arriesgar sus vidas trepando postes para reconectar a sus comunidades.

6. La Flor de Maga y el boxeo

El simbolismo visual llegó incluso al vestuario. Tanto Lady Gaga como el director de orquesta Giancarlo Guerrero portaron la Flor de Maga, la flor nacional de Puerto Rico.

El show también rindió homenaje al boxeo, el deporte que ha dado gloria a México, Puerto Rico, Argentina, Panamá y Cuba. El cuadrilátero en el escenario representó esa lucha constante y la disciplina que caracteriza al atleta latino.

7. Tradiciones familiares

Uno de los momentos más comentados por su autenticidad fue cuando Bad Bunny despertó a un niño que dormía en dos sillas en medio de la fiesta. Esta es una imagen universal en las celebraciones hispanas: la fiesta dura tanto que los niños terminan acomodados donde pueden mientras los adultos siguen bailando.

Además, en un gesto de inspiración, vimos a una familia viendo por televisión el momento en que Bad Bunny ganó su Grammy. Benito, en el escenario, le entregó el trofeo al niño, cerrando el círculo de que los sueños, por más grandes que parezcan, son alcanzables para los jóvenes de la isla.

 

8. El Gran Final: La Casita y las banderas

El espectáculo culminó con la aparición de «La Casita», una estructura sencilla de techo plano que representa el hogar típico de Puerto Rico. Desde allí, Bad Bunny nombró uno a uno los países de América Latina mientras las banderas de toda la región ondeaban en el estadio.

Fue un cierre épico que no dejó duda alguna: el Super Bowl LX no fue solo un evento estadounidense, fue, por trece minutos, la capital de toda Latinoamérica.

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