Nacionales
#LOMÁSLEÍDO El peligro latente de ser atacado por la MS al vestir esta marca de zapatos y ropa
En El Salvador parece que cada vez es más peligroso usar prendas de ropa que, en cualquier parte del mundo, son completamente normales. Pero en el país una marca de zapatos, ropa o una simple gorra, podría costarle la vida a un joven.
Desde que estructuras criminales como el Barrio 18 o la Mara Salvatrucha (MS-13) se apoderaron de varias zonas dentro de las fronteras nacionales esto se convirtió en un peligro latente en cualquier zona, incluso en lugares cercanos a centros escolares.
Desde hace un tiempo es sabido por muchos que determinados estilos de zapatos de las marcas Puma, Reebook, Adidas y Nike son símbolos reconocidos de los pandilleros, independientemente a que estructura pertenezcan.
Entre estos se encuentran los Puma Roma, los Reebook Princess blancos, los Adidas Superstar y, quizá los más conocidos, los Nike Cortez.
Sin embargo, en los últimos años, otra reconocida marca a nivel mundial se ha convertido en una distinción de estos grupos, al menos de uno de ellos.
Nos referimos a DC Shoes, una importante empresa con presencia en varios países del mundo que no solamente distribuye zapatos, sino algunos suéteres, gorras, sudaderas y más.
Generalmente este estilo de calzado en el país siempre estuvo relacionada, así como en otros tantos en el mundo, con la cultura skate.
De hecho, en la propia definición en el sitio web de DC se puede leer lo siguiente: “No hay duda que la mejor marca de skate sea DC Shoes. Fundada con una actitud sin miedo y una mente innovadora, DC Shoes ha continuado a evolucionar en el skate desde el día uno. Somos más que una marca de streetwear, somos innovadores en el estilo de vida del skate y de su cultura, y estamos constantemente trabajando para progresar en nuestros productos de skateboard. Nos apasiona el skate y pasamos tanto tiempo en nuestras patinetas como lo hacemos en el laboratorio de diseño para que siempre podamos estar al frente de las tendencias cuando se trata de lo que necesitan los patinetos. DC Shoes es una marca en la que se puede confiar, siempre en el centro de la moda de skate y con el estilo callejero”.
Por tanto, no tendría que haber ningún problema por hacer uso de estas prendas. Pero en El Salvador la cosa es otra.
Hace un tiempo, un joven que habló con la Redacción de El Blog, relató cómo pasó unos angustiantes segundos por, sencillamente, llevar unos zapatos de estos.
Según detalló Wilber, nombre ficticio por razones de privacidad, él se conducía en una popular ruta de microbuses, en las cercanías de una prestigiosa universidad privada.
Mientras viajaba nunca notó nada, por lo que el tiempo que transcurrió en lo que llegaba a su destino fue “tranquilo”. Cuando llegó el momento de bajar de la unidad del transporte colectivo dos jóvenes bajaron con él, lo abordaron por la espalda y lo llevaron junto a un poste del tendido eléctrico.
Allí, lo comenzaron a acusar de que él era un “chavala” –los que preguntaban eran parte de la Mara Salvatrucha (MS-13)–, con un tono amenazante que, desde luego, lo atemorizó.
“Vos sos ‘chavala’, bicho culero”, recordó Wilber que le decían. Mientras él, a todo esto, ignoraba por completo el porqué de las acusaciones de esos tipos.
Entre palabras más y palabras menos, y luego de que Wilber negará todo, finalmente le dijeron los pandilleros que si solo era un “civil” por qué usaba esos DC. “Ahí entendí que se referían a mis zapatos, unos que ni siquiera tienen talle de nada, son estilo Vans”, explicó.
“Revisaron mi mochila, mi cartera, mi celular y no encontraron nada. Después me dejaron y dijeron que tuviera ‘cuidado’”, sostuvo. “Gracias a Dios no me hicieron nada, solo me robaron”, agregó.
En un principio podría carecer de sentido que esa marca que no tiene ningún aspecto pandilleril pueda ocasionar este tipo de hechos; sin embargo, todo podría tener explicación en relación con los tatuajes que pandilleros del Barrio 18 tienen en diferentes partes de su cuerpo.
En estas imágenes –uno con el tatuaje en el pecho y otro sobre el abdomen– se puede observar como los criminales tienen tatuajes con estas letras, mismas que acompañan con el número “8”. Es decir, así como utilizan la simbología en números romanos para general el “18”, de la misma manera se manchan la piel “DC8”. Pues al pronunciar esas dos letras en inglés y el número en español se genera fonéticamente una palabra que claramente hace referencia a “dieciocho”.
FUENTE: EL BLOG – Enrique Ortiz


Nacionales
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Nacionales
Soyapango: vendedores dejan las calles antes del 20 de septiembre; arranca la fase 1 del reordenamiento
La Alcaldía de San Salvador Este informó que comerciantes informales siguen retirando sus puestos de las calles de Soyapango. Lo presenta como desalojo voluntario, primer paso de la revitalización de calles, aceras y espacios públicos. La fase 1 empieza el 20 de septiembre y cubre Calle Roosevelt, 2.ª Calle Oriente, avenida Cuba y los sectores frente a Walmart, Plaza Mundo y la Central de Abastos. En anuncios previos la comuna también incluyó avenida Rosario Sur y el bulevar del Ejército.
El plazo no nació ayer. Los vendedores recibieron notificaciones a inicios de septiembre: fecha límite, el 20. Varios dijeron a La Prensa Gráfica que no se oponen al orden, pero pidieron quedarse hasta diciembre para aprovechar las ventas de fin de año y pagar deudas. El concejal Cayetano Cruz (FMLN) habló de unas 450 familias afectadas y de alternativas poco claras. La alcaldía ha mencionado reubicación en el ex IRA de San Martín y en locales de Soyapango; los comerciantes insisten en que, al notificarlos, no les entregaron un puesto concreto.
Esto ya se ensayó. En junio la comuna retiró 33 puestos de la 8.ª avenida Norte y habló de espacios vacíos en el mercado central; parte de los afectados denunció que el nuevo sitio había que acondicionarlo con su propio dinero. El mismo tipo de reordenamiento se aplicó en los alrededores del Mercado Central de San Salvador Centro. Recuperar aceras es la tesis oficial: peatones y carros sin obstáculo. El otro lado es el ingreso diario de quien lleva años —a veces décadas— vendiendo en la vía pública.
Desde las 10:00 p. m. de este sábado 19 hasta las 6:00 a. m. del domingo 20 hay circulación controlada en 4.ª Avenida Sur (Cuba), 2.ª Calle Oriente, Franklin Roosevelt Oriente y 6.ª Avenida Norte. Quien circule por Soyapango debe buscar ruta alterna. El debate no se acaba el domingo: calles despejadas contra sustento informal. El dato que falta, y que van a exigir los vendedores, es dónde van a trabajar el lunes.

Judicial
Condenan a 10 años por estafa agravada en San Miguel: cobró $3,000 por dos Toyotas de EE. UU. y desapareció
El Tribunal Primero de Sentencia de San Miguel condenó a diez años de prisión a José Ricardo Bado Rodríguez por estafa agravada contra dos hombres a los que prometió traer vehículos desde Estados Unidos. El fallo, informado por la Fiscalía y el centro judicial, se dictó en rebeldía: el procesado no compareció y hay orden de captura vigente para que cumpla la pena.
El modus operandi fue telefónico. Bado Rodríguez se presentó como importador, pidió $1,500 de anticipo a cada víctima —$3,000 en total— y se comprometió a exportar dos Toyota, años 2006 y 2012, con entrega aproximada en agosto de 2019. El dinero se lo entregaron el 2 y el 3 de mayo de ese año. Después cortó el contacto. Las víctimas denunciaron el 28 de agosto de 2019, cuando no hubo ni carros ni respuesta.
Entre la denuncia y la condena pasaron siete años. Eso no anula el delito: el tribunal valoró las pruebas en vista pública y calificó los hechos como estafa agravada, no como un simple incumplimiento comercial. En El Salvador este esquema —anticipo por un “carro de afuera” que nunca llega— se repite. La diferencia, en este caso, es que el expediente llegó a sentencia firme y a una pena de una década.
Mientras Bado Rodríguez no sea detenido, la condena queda en papel. La orden de captura sigue activa. Quien pague adelantos por importaciones debería exigir contrato, datos fiscales y rastro del trámite aduanal; sin eso, el riesgo no es solo perder $1,500: es entrar en un proceso que, como este, puede tardar años.




