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ENTREGA ESPECIAL

La trágica historia de Ella, la mujer trans que se prendió fuego en público en el centro de Berlín

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Cuando Ella Nik Bayan, una mujer transgénero iraní de 40 años, se prendió fuego en la icónica plaza Alexanderplatz de Berlín en septiembre del año pasado, su muerte tuvo un gran impacto para sus amigos y colegas más cercanos.

Seis meses después, solo los restos carbonizados en los adoquines dan fe de lo que pasó. La historia suscitó un debate en los medios alemanes durante un tiempo, planteando muchas preguntas pero encontrando pocas respuestas.

Puede que el interés público haya disminuido desde entonces, pero la confusión y la tristeza de aquellos que conocían bien a Ella no ha cambiado.

Algunas personas en la amplia comunidad trans vieron el acto de autoinmolación pública de Ella como una protesta, pero no dejó ningún mensaje ni explicación y algunos de sus amigos más cercanos sienten que no hubo un motivo político.

Entonces, ¿qué llevó a Ella a un acto tan desesperado? ¿Qué le había pasado desde que salió de Irán que pudiera explicar la decisión de acabar con su vida? Se pueden encontrar indicios en los desafíos que enfrentó en el periplo que terminó en Alexanderplatz

La tumba de Ella en Berlín, con flores con los colores de la bandera LGBTQ+
A Ella le costó más de un año hablar con su trabajadora social sobre su identidad de género.

“Era una persona muy amable y tímida. Siempre estaba sonriendo”, recuerda Edna Pevestorf.

Edna es una coordinadora de trabajo social que conoció a Ella cuando llegó por primera vez a Magdeburg, una ciudad en la antigua Alemania Oriental donde el partido antiinmigrante Alternative fuer Deutschland (Alternativa para Alemania) obtuvo un fuerte respaldo en las últimas elecciones.

Ella era transgénero: su identidad de género difería de la que se le asignó al nacer. Llegó a Alemania en 2015 y su viaje, como el de muchos otros refugiados queer, estuvo plagado de dificultades.

Había huido ilegalmente de Irán cuatro años antes y llegó a Alemania través de Turquía, una ruta común para los refugiados iraníes porque pueden ingresar sin visa.

En un primer momento, Ella no reveló su identidad de género y le tomó casi un año empezar a hacerle algunas preguntas a su trabajadora social.

“Ella vino a una clase de alemán que yo daba”, recuerda Edna, “y me preguntó si era legal vivir aquí como una persona gay, si estaba bien. Esa fue la primera vez que pensé para mis adentros que estaba lidiando con algo.”

Pero Ella no era gay. Como muchos otros miembros de la comunidad LGBTQ+ en Irán, había aprendido a reprimir quién era y cómo se sentía por miedo a ser perseguida y procesada.

Se había criado en una familia religiosa conservadora en el sur de Irán casi sin acceso a información sobre identidades de género y orientaciones sexuales. Para Ella, declararse transgénero no fue sencillo y Edna recuerda una conversación en particular en un día de otoño de 2016.

“Vino a mi oficina y dijo que necesitaba hablar de algo. Me dijo: ¡No soy gay pero quiero ser mujer!”. Las dos hablaron durante un par de horas en las que Ella principalmente se planteaba cómo podría vivir como una mujer trans.

Ella con dos amigas cercanas en un festival callejero
La transformación de Ella, una mujer sonriente y sociable, fue poco a poco.

Unos meses después, en diciembre de 2016, Ella hizo otra visita a la oficina de Edna.

“No había nada en ella que fuera nuevo excepto el esmalte de uñas, solo en un dedo de su mano izquierda”. Ese fue el primero de los muchos pequeños pasos de Ella hacia la transformación.

Poco a poco, Ella comenzó a revelar su identidad de género a aquellos con quienes se sentía segura, personas como Edna o Lisa Schulz, quienes se hicieron amigas cercanas mientras trabajaba con refugiados en un centro comunitario en Magdeburg.

Lisa recuerda a Ella como una persona sonriente y sociable que hacía amigos con facilidad.

“Conocí a Ella en el centro. Al principio estaba allí para mejorar su alemán. Pero después de un tiempo fue de gran ayuda para nosotros hacinedo de traductora. Hablaba cinco idiomas: inglés, alemán, árabe, turco y farsi. Era una persona muy servicial.”

Acerca de su expresión de género, Lisa dice: “Ella siempre fue Ella, pero al principio no se parecía a la Ella que ahora conocemos. Fue un proceso”.

Un proceso que tardó más de un año en llegar a su pleno apogeo.

Ella en Magdeburg con su bicicleta
La vida como mujer trans de una minoría no era fácil para Ella en Magdeburg.

Ella también colaboraba en un jardín comunitario, como recuerda Lisa: “Siempre estaba ahí en el campo plnatando papas o cualquier cosa, vestida con falda corta y tacones”.

Pero la realidad es que no todos los lugares eran seguros para Ella. Lisa y Edna cuentan que fue acosada e intimidada en las calles.

“Dondequiera que iba, la gente hablaba de ella y algunas veces incluso la atacaron verbalmente”, dice Lisa. “Solo quería ser aceptada como la mujer que era y la gente no aceptaba eso”.

Michael, otro amigo de Ella en Magdeburg, recuerda el día en que una pandilla de jóvenes la atacó en un tren.

“A los atacantes no les importó que otros pasajeros fueran testigos. Ella tuvo que defenderse con gas pimienta”, recuerda. Michael dice que no podía entender lo que gritaban los atacantes, ya que hablaban en farsi, pero Ella le dijo que estaban amenazando con violarla.

La vida como mujer trans de una minoría no fue fácil para Ella en Magdeburg, donde se mudó de casa cinco veces. Según Michael, su última residencia en esa ciudad fue un albergue para mujeres, que dejó porque algunas no la querían allí.

n otoño de 2019, Ella decidió mudarse a Berlín con la esperanza de ser más aceptada.

Manifestación del Orgullo LGTBI+ en Berlín
Aunque Berlín es una ciudad con muchos espacios queer seguros, la mayoría están diseñados para hombres homosexuales blancos.

Berlín es conocida por tener muchos espacios queer seguros y un enfoque más liberal para la comunidad LGBTQ.

Pero Kaveh Kermanshahi, quien trabaja con refugiados queer para LesMigraS, una organización que ayuda a personas trans y queer en Berlín, dice que muchos de estos espacios no son accesibles para los refugiados por varias razones.

“Los solicitantes de asilo y los refugiados dependen de la ayuda financiera del gobierno, que no es mucha”, dice, “por lo que no les resulta asequible ir a bares, cafés y clubes que se conocen como espacios queer“.

“Otro problema es que la mayoría de estos espacios están diseñados para hombres homosexuales cisgénero blancos y no para mujeres trans ‘de color’, por ejemplo. Además, está la barrera del idioma”, explica Kermanshahi.

La solicitud de asilo de Ella fue inicialmente rechazada, algo que es bastante común según Kermanshahi.

Cuenta que existe la percepción de que las personas trans tienen acceso a la cirugía de reasignación de género en Irán y que, posteriormente, viven ‘libremente’, una suposición falsa que debilita su solicitud de asilo.

De hecho, dice Kaveh, las personas transgénero en Irán deben someterse primero una terapia obligatoria y están a merced de los prejuicios personales de los orientadores. E incluso aquellos que quieren una operación pueden esperar años antes de recibir el permiso.

“Las sesiones de terapia utilizadas para determinar si alguien necesita la operación no son adecuadas y los orientadores y terapeutas en Irán no tienen conocimientos actualizados”, dice Kermanshahi. “En muchos casos, las personas se sienten forzadas a aceptar la terapia hormonal y la cirugía. Según la ley iraní, las tarjetas de identidad (con el género distinto al de nacimiento) solo se entregan a las personas que se sometan a la operación (de reasingación de género). Esto significa que muchas personas transgénero sienten que no tienen otra opción”.

Baran es una mujer trans iraní que vive en Turquía desde 2017. Se le ha otorgado el estatus de refugiada, pero no tiene derecho a trabajar.

Huyó de Irán precisamente porque no quería someterse a la cirugía de reasignación de género, pero su familia la obligó a someterse a una terapia hormonal que la llevó a tener depresión.

“Estaba feliz con mi cuerpo y mis genitales; no quería tomar hormonas ni someterme a esta operación”, dice Baran. Pero su familia insistió y los médicos dijeron que si se negaba a pasar por el quirófano, simplemente no era una mujer.

Baran dice que las cosas en Turquía no fueron muy diferentes. El agente de policía que estaba a cargo de su caso de asilo no sabía nada acerca de las personas transgénero. “Me decía que debía hacerme la operación y ‘terminar de una vez’”.

Ella tuvo experiencias similares en Alemania, donde se quejó de que a menudo se cuestionaba su identidad de género.

Lisa Schulz fue a visitar a Ella a Berlín en julio de 2021, unos meses antes de que se quitara la vida.

“Había comenzado su terapia hormonal y podías ver esos primeros signos de transformación en ella. Se veía genial y tenía puesto un vestido maravilloso”, recuerda. Parecía feliz e invitó a Lisa a su restaurante de sushi favorito.

Ella en uno de sus restaurantes de sushi favoritos en Berlín
Ella se veía feliz, encantada de encontrar finalmente un trabajo estable y un ingreso.

“Sabía cuánto le gustaba el sushi e ir allí con sus amigos más cercanos, así que fue un honor para mí”, recuerda Lisa.

En ese momento, Ella estaba haciendo un curso de capacitación que le permitiría solicitar un trabajo en una planta de producción de Tesla. Después de tantos trabajos ocasionales en cafés y restaurantes, esta era su oportunidad de encontrar finalmente un trabajo estable y un ingreso.

“Cuando la dejé, estaba como ¡wow!” dice Lisa. “Me alegré por ella”.

Pero Ella no estaba feliz.

Muchos refugiados LGBTQ iraníes esperan ser aceptados por lo que son en los países occidentales, pero con demasiada frecuencia la realidad no cumple con sus expectativas.

En la ley alemana, los solicitantes de asilo trans se identifican por su sexo de nacimiento y nombre asignados hasta que se les otorga el estatus de refugiado. Esto puede llevar varios años, lo que significa que Ella habría sido identificada como un “hombre” en todo su papeleo.

Para Ella, la larga y a menudo decepcionante lucha por ser aceptada continuó en su nueva ciudad de residencia.

“Escuché a amigos en Berlín contar que también ahí fue acosada en la calle”, dice Lisa.

La transfobia -el prejuicio contra las personas transgénero- puede conducir a la violencia. El reporte del Observatorio de Personas Trans Asesinadas de 2021 mostró que más de 370 personas trans y con diversidad de género fueron asesinadas el año pasado en todo el mundo, el 96 % de ellas eran mujeres trans.

El 14 de septiembre, apenas un par de meses después de aquel feliz encuentro con Lisa en Berlín, Ella se quitó la vida. La noticia conmocionó profundamente a sus amigos.

El punto donde Ella se quitó la vida, en Alxanderplatz, Berlín
El punto donde Ella se quitó la vida se conviritó, tras su muerte, en un santuario improvisado.

“No tenía sentido. Pensé que le estaba yendo bien. Estaba ansiosa por un nuevo trabajo y una buena vida. Fue impactante”, dice Lisa.

Michael fue una de las últimas personas que se reunió con Ella en septiembre, unos días antes de su suicidio. El cumpleaños de Ella era en noviembre y cuando Michael le preguntó que qué le gustaría, Ella pidió un abrigo de invierno.

Está convencido de que en el momento en que fueron de compras juntos, Ella no había hecho ningún plan para quitarse la vida.

“Era increíblemente cuidadosa con el dinero”, dice. “Si hubiera planeado el suicidio en ese momento, no me habría dejado comprar ese abrigo. Eso simplemente no tiene sentido”.

El lugar donde Ella Nik Bayan se quitó la vida rápidamente se convirtió en un santuario improvisado, donde la gente dejaba flores, velas y tarjetas.

Pero el odio no ha parado. En enero de este año, la tumba de Ella, que está en un cementerio de Berlín, fue destrozada por desconocidos que dejaron una lata de gasolina y un extintor en el lugar.

Nunca sabremos por qué Ella decidió quitarse la vida de una manera tan pública, solo que en algún momento decidió que seguir adelante ya no era una opción.

Sabemos que se enfrentó a múltiples obstáculos, a menudo combinados entre sí: desde huir de su país de origen hasta la larga burocracia del proceso de asilo y lo que parecía una sucesión aparentemente interminable de citas y consultas médicas, psiquiátricas y legales en su esfuerzo por, finalmente, ser ella misma. Sin mencionar la discriminación y el abuso que nunca parecieron detenerse.

Ella había luchado principalmente con una sonrisa en su rostro pero, a pesar de las amistades cercanas y amorosas que hizo, tal vez hubo muchos otros que no le devolvieron su amabilidad.

La BBC se acercó a la Oficina Federal de Migración y Refugiados de Alemania para recibir sus comentarios sobre el caso de Ella y obtener una respuesta detallada de algún portavoz. Nos dijeron que, aunque no podían comentar sobre un caso específico, los procedimientos de asilo son evaluaciones caso por caso cuidadosamente realizadas sobre la base de los principios del Estado de derecho, y los solicitantes de asilo rechazados siempre tienen derecho a apelar.

Si tú o alguien de tu entorno se encuentra deprimido o en problemas, busca ayuda. Puedes encontrar recursos de apoyo en estos enlaces según tu región.

Por: BBC News Mundo.

ENTREGA ESPECIAL

La casa verde de Nepal que resistió la avalancha: la familia que sobrevivió al desastre que ya supera los 600 muertos

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El 26 de agosto de 2026, alrededor de las 8:30 de la mañana, un colapso de hielo y roca en las laderas del Langtang Lirung, cerca de la frontera entre Nepal y el Tíbet, desató una avalancha que el Servicio Geológico de Estados Unidos registró como un evento sísmico de magnitud 5.2. El material descendió por el valle del Lhende Khola y se canalizó por los ríos Bhote Koshi y Trishuli, formando un torrente de lodo, piedras y escombros que arrasó pueblos enteros en Rasuwa y Nuwakot en cuestión de minutos.
En medio de esa corriente, una casa de dos plantas pintada de verde claro se quedó de pie. Al menos tres personas —un hombre, una mujer y un niño— permanecieron en el balcón del segundo piso mientras las construcciones vecinas desaparecían. El video, grabado desde una ladera cercana, se volvió viral porque la vivienda, aunque cubierta de barro, no colapsó. Horas después, equipos de rescate confirmaron que la familia había sido evacuada con vida.
Hasta el sábado 29 de agosto, las autoridades nepalíes reportaban 626 muertos y más de 2.400 desaparecidos solo en su territorio; en el lado tibetano había al menos siete fallecidos y más de 550 personas sin localizar. Más de 3.700 personas habían sido rescatadas. El desastre también destruyó puentes, tramos de carretera y varios proyectos hidroeléctricos, incluido el Upper Trishuli-1, donde decenas de trabajadores quedaron atrapados en un túnel.
No se han publicado declaraciones públicas de los ocupantes de la casa verde. Otros sobrevivientes de Nuwakot sí hablaron. Kalpana Malla relató a la BBC que vio cómo la corriente se llevaba a su madre, su padre, su hermana y sus sobrinos: “No pudieron escapar; no había ninguna posibilidad”. Ella y su hijo Sugam se salvaron subiendo al techo de otra vivienda. Historias similares se repiten en hospitales y centros de ayuda, donde familias clavan fotos de desaparecidos en las paredes. Científicos señalan que el desprendimiento combinó el colapso de la lengua de un glaciar con un deslizamiento de la roca que lo sostenía. El calentamiento en el Himalaya debilita ese “pegamento” de hielo en las grietas de la montaña, aunque todavía es pronto para atribuir el evento de forma directa al cambio climático. Lo que sí quedó claro es la velocidad: la gente apenas tuvo segundos para reaccionar.
La casa verde se convirtió en símbolo precisamente porque contrasta con el resto del paisaje: un punto de color intacto en un valle de lodo. Su resistencia reabrió el debate sobre cómo se construye en zonas de riesgo glaciar. Mientras tanto, las labores de búsqueda continúan bajo mal tiempo y con el temor de que un nuevo lago formado aguas arriba vuelva a desbordarse.

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ENTREGA ESPECIAL

El rastro de tres millones y un nombre: la filtración que reabre el debate sobre el laudo de Continental Towers

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Hay conflictos empresariales que caben en un contrato. Este no es uno de ellos. Lo que empezó como una disputa entre socios por el control de Continental Towers LATAM Holdings —una plataforma de torres de telecomunicaciones con presencia en varios países de América Latina, El Salvador incluido— se convirtió en un litigio de años, con laudos en Nueva York, desacatos, órdenes de captura, extradiciones y una guerra de relatos que viaja de un expediente a un sitio web y de ahí a otra fiscalía.

Una carpeta de transferencias y correos —con sellos de Cayman National Bank, Credit Suisse y Charles Schwab— describe pagos fraccionados “a esta persona Goldstein” en el otoño de 2022. El hallazgo no anula por sí solo un laudo confirmado en Nueva York. Pero obliga a una pregunta que el arbitraje internacional no puede eludir: quién pagó, a quién y por qué, en medio de una guerra por torres de telecomunicaciones en América Latina.

En las últimas semanas, ese relato dio otro giro. Circulan, primero en publicaciones centroamericanas y ahora en una carpeta de doce páginas, documentos que pretenden reconstruir un circuito de dinero entre la Isla de Man, Suiza, Hong Kong y una cuenta en Charles Schwab & Co. El destinatario que aparece escrito en los correos no es un fondo ni una sociedad pantalla. Es un apellido: Goldstein.

Marc J. Goldstein, abogado de Nueva York, presidió el tribunal arbitral de tres miembros que, entre 2021 y 2025, emitió cinco laudos parciales y un laudo final en el caso Telecom Business Solution y otros contra Terra Towers Corp. y otros. Ese tribunal falló, de manera unánime, a favor de los inversionistas minoritarios —filiales de Peppertree Capital y AMLQ Holdings, vinculada a Goldman Sachs— y en contra de Terra Towers y de Jorge Hernández, el empresario que controla al grupo mayoritario.

Los papeles filtrados no prueban, por sí mismos, que Goldstein haya cobrado un soborno. Tampoco “destruyen” de manera automática la validez de los laudos, como han titulado algunos sitios. Un laudo arbitral no cae porque un PDF circule en internet. Cae, si es que cae, cuando un juez competente —en este caso, el Tribunal del Distrito Sur de Nueva York, que ya confirmó varios de esos laudos— declara fraude, cohecho o parcialidad evidente con el estándar exigente de la Federal Arbitration Act y de la Convención de Nueva York.

Eso no vuelve irrelevantes los documentos. Los vuelve más graves. Porque si son auténticos, obligan a una investigación formal sobre independencia del árbitro. Y si son fabricados, encajan en un patrón que el propio tribunal y el juez Lewis A. Kaplan ya describieron: una campaña para ensuciar al presidente del panel después de que el primer laudo ordenara poner en venta la compañía.

Quién pelea por qué

Continental Towers no es una empresa de escritorio. Opera infraestructura de telecomunicaciones —torres, sitios, contratos de arrendamiento— en una región donde ese activo vale porque concentra espectro, ubicación y flujo de caja. Según reportes del sector, el grupo controla o opera miles de sitios en América Latina, con un pie especialmente grande en Guatemala.

En 2015, inversionistas estadounidenses entraron al capital. Peppertree, a través de Telecom Business Solution LLC y LATAM Towers LLC, y AMLQ Holdings (Cay) Ltd. quedaron con cerca del 45 por ciento. Terra Towers Corp., sociedad de las Islas Vírgenes Británicas, y TBS Management, de Panamá, retuvieron la mayoría, alrededor del 55 por ciento, bajo el control de Hernández. El acuerdo de accionistas incluía una cláusula que, al vencer un período de bloqueo, permitía a los minoritarios forzar la venta de la compañía a un tercero.

Esa cláusula es el origen del arbitraje. Peppertree sostuvo que Terra se negó a contratar al banco de inversión y a poner la empresa en el mercado. Terra respondió que los minoritarios y ciertos ejecutivos habían cometido irregularidades, y que las autoridades de Guatemala, El Salvador y otros países estaban investigando fraudes. El tribunal arbitral, constituido ante el ICDR de la American Arbitration Association, con sede en Nueva York, no compró esa narrativa. En febrero de 2022 ordenó la venta. En agosto de 2022 sancionó a Terra por lo que describió como una campaña para construir “una narrativa falsa de criminalidad” contra el entonces CEO Jorge Gaitán y la COO Carol Echeverría. En marzo de 2025 cuantificó daños por más de 354 millones de dólares, con 25 millones en daños punitivos contra Hernández. En noviembre de 2025 emitió el laudo final.

Mientras tanto, en El Salvador avanza un proceso penal por administración fraudulenta. Hay exejecutivos detenidos en Guatemala cuya extradición pide San Salvador, y órdenes contra tres ejecutivos de Peppertree: Ryan David Lepene, E. Howard Mandel y John Joseph Ranieri. Hay expedientes en Guatemala, Costa Rica y Panamá. Cada uno tiene partes, hechos y jueces propios. Confundirlos con el arbitraje de Nueva York, o con la investigación financiera sobre Goldstein, es el primer error que comete quien quiere un titular limpio y no un mapa.

Lo que dicen los papeles: una cronología de otoño de 2022

El expediente que esta redacción examinó —doce páginas, con tachaduras de nombres, números de cuenta, códigos SWIFT e IBAN— no es un informe pericial. Es un collage de comprobantes de wire y de correos internos. Su valor periodístico está en la secuencia. Su límite está en que no hay, en el dominio público, una certificación bancaria independiente que los autentique página por página. Eso debe decirse antes de citarlos.

Hecha esa salvedad, el relato que construyen es este.

5 de septiembre de 2022: entran 3,47 millones

La primera hoja registra un incoming wire por 3.475.644 dólares. Fecha: 5 de septiembre de 2022. El banco de origen aparece como Cayman National Bank (Isle of Man) Limited. El banco receptor: Credit Suisse AG. Las cuentas, el IBAN británico, el IBAN suizo y los códigos SWIFT están tachados con rectángulos negros. No hay, en esa página, el nombre de un beneficiario final. Solo el corredor: de una entidad de la Isla de Man hacia un banco suizo que, para entonces, ya estaba en la recta final de su absorción por UBS.

12 de septiembre: “a esta persona Goldstein”

Siete días después aparece el documento más comprometedor de la carpeta. Un correo con fecha 12 de septiembre de 2022, 10:41 a.m., enviado desde una cuenta @caymannational.com hacia una cuenta @credit-suisse.com. Los nombres de remitente y destinatario están tachados. El texto, no:

Hello

Thank you for the call. In regards to the 3.4 million we sent last week. Three million is to be distributed in 4-8 payments in USD over six months to this person Goldstein. The transfer dates and amounts are at your discretion. I have attached instructions. Contact me only, no copies.

Regards,

La frase “this person Goldstein” no identifica a Marc J. Goldstein. Tampoco a Joel Goldstein, el nombre que aparecerá más adelante. Identifica un apellido. En un correo bancario que pide no hacer copias, esa vaguedad no es menor: o es un código interno, o es una instrucción deliberadamente opaca, o es un documento armado para que el lector complete el apellido con el árbitro del caso.

El pie de página reproduce el descargo estándar de Cayman National: el correo es confidencial, está dirigido solo al destinatario y el banco se reserva el derecho de no actuar sobre instrucciones financieras recibidas por email. Es el tipo de cláusula que los bancos ponen en todos sus mensajes. No prueba autenticidad. Tampoco la descarta.

30 de septiembre: otros 908.032 dólares

Dos hojas posteriores —casi idénticas— registran un segundo incoming wire: 908.032 dólares, el 30 de septiembre de 2022, otra vez de Cayman National Bank (Isle of Man) Limited hacia Credit Suisse AG. De nuevo, cuentas tachadas. Si se suman las dos entradas visibles hacia Suiza, el total supera los 4,38 millones de dólares en 25 días. El correo del 12 de septiembre hablaba de “los 3,4 millones que enviamos la semana pasada” y de tres millones a distribuir. El segundo wire no está explicado en esa instrucción.

25 y 26 de octubre: Schwab y el Joel Goldstein Trust

Aquí el circuito deja de ser un movimiento entre bancos corresponsales y apunta a un destinatario nominado. Una hoja de “CHF wiring instructions” —fotografía de un documento, con sombras de fotocopia— indica:

  • Banco origen: Credit Suisse AG.
  • Fecha: 25 de octubre de 2022.
  • Monto: 625.045 dólares.
  • Cuenta destino: Charles Schwab & Co., Inc.
  • Banco beneficiario: Citibank NA.

Al día siguiente, 26 de octubre de 2022, a las 10:14 a.m. EDT, un correo desde @credit-suisse.com hacia @citigroup.com, asunto “Wiring Instructions”, dice:

Dear [tachado],

Sorry for the worries. The destination account is the Joel Goldstein Trust. Schwab account No [tachado]

Best Rgds,

Credit Suisse, AG

Joel, no Marc. El detalle importa. En inglés jurídico y bancario, un trust con nombre de pila no es una metáfora: es un vehículo. Puede ser un fideicomiso familiar, un vehículo de planificación patrimonial, una cuenta de corretaje a nombre de un tercero. Nada en la carpeta demuestra que Marc J. Goldstein sea el settlor, el trustee o el beneficiario del Joel Goldstein Trust. Nada lo descarta. Esa es, precisamente, la pregunta que una unidad de inteligencia financiera tendría que resolver con requerimientos a Schwab y a Credit Suisse, no con un titular.

3 de noviembre: “Stop!”

El 3 de noviembre de 2022, 11:02 a.m., otro correo de @caymannational.com a @credit-suisse.com corta la operación:

Hello

There was a problem with the Goldstein instructions. Stop! I will follow with new instructions.

Regards,

La palabra “Stop!” —con signo de exclamación— es inusual en la prosa burocrática de un banco. Puede ser urgencia real. Puede ser teatro. En cualquier caso, el mensaje admite dos lecturas: o el circuito se trabó y hubo que reencauzarlo, o alguien dentro de la cadena detectó un problema de compliance —nombre, cuenta, coincidencia con una persona expuesta— y frenó el giro.

9 de noviembre: “la situación complicada con el americano”

Seis días después, un correo interno de Credit Suisse, enviado a las 5:41 a.m. EDT desde una cuenta del banco hacia otras dos del mismo dominio, con copia a @caymannational.com, cambia el tono. El remitente se identifica al pie como IWM UK/International, Singapore —banca privada internacional—. El texto:

I am following up on the discussion we had last week concerning this tricky situation with the American. It was nice to talk to you indeed…

I am in receipt of the 2.4 million and will hold the funds in the Hong Kong branch. I will plan to be in London next week.

“This tricky situation with the American.” “Los 2,4 millones.” “Los tendré en la sucursal de Hong Kong.” El correo no nombra a Goldstein. Pero está grapado, en la misma carpeta, a los mensajes que sí lo nombran. Quien armó el dossier quiere que el lector haga la conexión: el americano es el árbitro; los 2,4 millones son el remanente de los 3 millones que debían fraccionarse; Hong Kong y Londres son la logística de una operación que ya no quería dejar huella limpia en Suiza.

Esa conexión es una hipótesis de trabajo. No es una sentencia.

La tabla que el expediente obliga a mirar

Si se ordenan las cifras visibles, sin inventar las que no están, queda este esquema:

Fecha Documento Monto visible Qué dice
5 sep 2022 Incoming wire US$ 3.475.644 Isle of Man → Credit Suisse
12 sep 2022 Correo CNB → CS US$ 3.000.000 (orden) 4-8 pagos a “Goldstein”
30 sep 2022 Incoming wire US$ 908.032 Isle of Man → Credit Suisse
25 oct 2022 Instrucción de wire US$ 625.045 CS → Schwab / Citibank
26 oct 2022 Correo CS → Citi Mismo giro Joel Goldstein Trust
3 nov 2022 Correo CNB → CS “Stop!” instrucciones Goldstein
9 nov 2022 Correo interno CS US$ 2.400.000 (retenidos) Hong Kong; “the American”

Elaboración propia a partir del dossier de 12 páginas examinado por esta redacción. Los montos son los que aparecen impresos; las cuentas y los nombres de operadores están tachados en el original.

La coincidencia temporal que persiguen los investigadores

El borrador de trabajo que circula en redacciones centroamericanas —y que Diario El Salvador resumió el 23 de julio— habla de una unidad especializada en delitos financieros que compara fechas de movimientos con el calendario de laudos. Esa es, de hecho, la única metodología seria en un caso así. No basta con un apellido en un correo. Hace falta superponer el reloj.

El Segundo Laudo Parcial Final se firmó el 12 de agosto de 2022. Goldstein, Mélida N. Hodgson y Richard F. Ziegler lo suscribieron. Ese laudo, de 54 páginas en su versión pública, impuso sanciones a Terra, ordenó el pago de cientos de miles de dólares en costos del tribunal y retrató como artificio la denuncia penal contra Gaitán y Echeverría. Veinticuatro días después entra el wire de 3,47 millones. Siete días más tarde, el correo habla de fraccionar tres millones “a esta persona Goldstein” en un plazo de seis meses.

Seis meses a partir de septiembre de 2022 cubren, grosso modo, hasta marzo de 2023. En ese intervalo el caso no estaba cerrado: había confirmaciones judiciales en el Distrito Sur de Nueva York, nuevos escritos, y la maquinaria de ejecución de la venta. Un esquema de pagos fraccionados —si existió— no tendría que coincidir con un solo fallo. Tendría que coincidir con la vida útil de un tribunal que seguía decidiendo.

Eso es exactamente lo que una investigación financiera busca: no la foto de un soborno, sino la correlación. Origen de fondos. Beneficiario final. Relación entre el pagador y una de las partes. Relación entre el cobrador y el árbitro. Y, sobre todo, si alguna de esas circunstancias debió revelarse al ICDR y a las contrapartes bajo las reglas de independencia y divulgación.

Lo que el expediente de Nueva York ya dijo sobre el soborno

Aquí el reportaje se vuelve incómodo para quienes quieren un villano único. Porque esta no es la primera vez que el apellido Goldstein y la palabra “soborno” aparecen juntos en este caso. Es la segunda, y la primera ya fue litigada.

En marzo de 2022, pocas semanas después del primer laudo parcial, circuló en internet un texto atribuido a un “whistleblower” de Goldman Sachs. Decía que el banco había pagado 250.000 dólares a una cuenta de Goldstein en junio de 2021, el mes de su nombramiento como presidente del tribunal, y que el dinero era, en sustancia, un cohecho. El texto incluía los últimos cuatro dígitos del número de seguro social del árbitro.

Goldstein lo negó bajo pena de perjurio. El tribunal, en el Quinto Laudo Parcial Final de marzo de 2025, concluyó que la acusación era falsa y que su publicación había sido un acto malicioso atribuible a Hernández. Impuso 25 millones de dólares en daños punitivos, entre otras partidas que sumaron más de 354 millones. El juez Kaplan confirmó laudos sucesivos y, en resoluciones de 2025 y 2026, describió las alegaciones de parcialidad evidente como una repetición de argumentos ya rechazados. En una opinión sobre el laudo final, el tribunal federal escribió que los intentos de anular el award por sesgo del presidente del panel carecían de mérito.

En noviembre de 2025, el propio Goldstein publicó en su bitácora Arbitration Commentaries una nota titulada “The Facts About the Alleged Corruption of Arbitrator Marc J. Goldstein”. Ahí sostiene que no recibió de la matriz de una de las demandantes ningún pago distinto de los honorarios y gastos de árbitro debidamente revelados, y que no tuvo relación ni comunicación con la persona señalada como desembolsadora del supuesto cohecho de 2021.

Ese historial no limpia, por arte de magia, los papeles de 2022 que ahora reaparecen. Un juez puede haberse equivocado. Un árbitro puede haber mentido bajo juramento. Un dossier nuevo puede ser verdadero aunque el anterior fuera falso. Pero un periodismo que ignore el expediente judicial y presente la filtración como la caída inevitable de los laudos está haciendo el trabajo de una de las partes, no el de una redacción.

Las dos publicaciones que anticiparon el dossier

El 17 de agosto, Hora 13 Noticias (h13n.com) publicó “Pruebas de sobornos a árbitro de New York destruye la validez de los laudos en el caso Continental Towers”. El texto reconstruye el mismo circuito —3,47 millones, la orden de fraccionar tres millones, los 625.045 dólares hacia Schwab, el Joel Goldstein Trust, el “Stop!” y los 2,4 millones en Hong Kong— y concluye que los laudos son nulos de pleno derecho, que Goldstein debe ser inhabilitado y que la ejecución sobre los activos de Continental debe revertirse.

Minuto 60 Panamá tituló en la misma línea: “Justicia a sueldo: laudos contra Terra Towers se derrumban tras filtración de pagos clandestinos al árbitro Goldstein”. Diario El Salvador, el 19 de agosto, recogió la tesis con menos cifras y más adjetivos: el supuesto soborno “opaca” la validez de las resoluciones; Goldstein “fue sobornado” para fallar a favor de Peppertree y Goldman Sachs.

Esas piezas hacen un servicio y un daño. El servicio: sacan de la oscuridad una carpeta que, si es genuina, merece fiscalías, no solo columnas. El daño: tratan como hecho consumado lo que es una cadena de indicios no peritados, y dan por “derrumbados” laudos que un juez federal de Estados Unidos ha confirmado. La Convención de Nueva York, que invocan, no opera como un interruptor mediático. El artículo V permite denegar el reconocimiento de un laudo cuando, entre otras causales, la composición del tribunal o el procedimiento se apartaron del acuerdo de las partes, o cuando el reconocimiento sería contrario al orden público del país donde se pide. Eso se litiga. No se declara en un lead.

Hay otro problema de oficio. Ninguna de esas notas responde, con nombre y apellido, una pregunta elemental: quién es el origen de los 3,47 millones. Cayman National Bank (Isle of Man) es un corredor, no un pagador último. Credit Suisse es un puente. Schwab es un destino. El beneficiario final del lado que envía —el cliente que ordenó el wire en la Isla de Man— no aparece. Sin ese nombre, el dossier describe una tubería. No describe un soborno.

Lo que falta para que esto sea un caso, y no un dossier

Una investigación financiera seria, de las que sí cruzan fronteras, tendría que responder al menos cinco preguntas antes de hablar de cohecho arbitral.

Uno. Autenticidad. ¿Los correos salieron de los servidores de Cayman National y de Credit Suisse? ¿Los metadatos, los encabezados, los hashes de los PDF coinciden con archivos nativos? Un collage de capturas con tachaduras es un punto de partida, no un hallazgo.

Dos. Identidad. ¿Quién es Joel Goldstein y qué relación, si alguna, tiene con Marc J. Goldstein? ¿El trust existe en Schwab? En un episodio anterior del mismo litigio, el tribunal dejó constancia de que una pesquisa sobre una cuenta fiduciaria atribuida al árbitro no halló tal cuenta. Esa historia no se borra. Se verifica otra vez.

Tres. Originador. ¿Qué cliente de Cayman National Bank (Isle of Man) mandó los 3,47 millones? ¿Es una parte del arbitraje, un afiliado, un intermediario, un tercero sin nexo? El cohecho exige un dador y un tomador. Hoy el dossier tiene un tomador presunto y un dador invisible.

Cuatro. Contraprestación. Los honorarios de un presidente de tribunal en un arbitraje ICDR de esta envergadura no son secretos para las instituciones que los administran. El ICDR registra depósitos y desembolsos. Si los 625.045 dólares —o los tres millones— coinciden con honorarios legítimos, el escándalo se desinfla. Si no coinciden, y no fueron revelados, el problema se agranda.

Cinco. Nexo decisorio. Aunque el dinero exista y el apellido coincida, falta demostrar que una decisión concreta del tribunal —la orden de venta, las sanciones de agosto de 2022, los 354 millones de 2025— fue comprada. Los tres árbitros firmaron en unanimidad. Hodgson fue nombrada por Terra. Anular un laudo unánime por el supuesto vicio de uno de los tres exige un listón alto: no basta la sospecha; hace falta la evidencia que mueva a un juez federal.

Mientras esas cinco preguntas no tengan respuesta en un expediente, lo responsable es decir lo que hay: una filtración grave, una coincidencia de apellido y de calendario, un patrón offshore que incluye Isla de Man, Suiza, Hong Kong y una casa de bolsa estadounidense, y un conflicto de control corporativo que ya produjo procesos penales en cuatro países y un juicio de ejecución en Manhattan.

Por qué el caso no cabe en Nueva York

El atractivo del arbitraje internacional es, en teoría, la neutralidad: un panel privado, una sede acordada, un laudo exportable. El riesgo, cuando el activo está en tierra latinoamericana y las partes se odian, es que el laudo se convierta en un artefacto que una jurisdicción no reconoce y la otra ejecuta.

En las Islas Vírgenes Británicas, sede de la matriz de Continental, equipos legales vinculados a Terra preparan —según el material de trabajo de esta investigación— acciones para cuestionar la validez y los efectos de los laudos. El argumento que se proyecta no es solo el de la parcialidad. Es el de la extralimitación: que el tribunal habría dispuesto sobre infraestructura y operaciones sujetas a regulaciones de telecomunicaciones de países que no fueron parte del compromiso arbitral. Ese planteo tampoco anula nada por el hecho de formularse. Pero explica por qué el caso “salió” de Nueva York.

En El Salvador, el expediente penal por administración fraudulenta vive una vida paralela. Los fiscales no están juzgando a Goldstein. Están juzgando, o persiguiendo, a ejecutivos. Mezclar ambos procesos es útil para la propaganda y tóxico para la prueba. Un juez salvadoreño no confirma ni vacía un laudo del ICDR. Un juez de Manhattan no absuelve ni condena por administración fraudulenta en San Salvador. La conexión es política y narrativa: la misma compañía, los mismos apellidos, dos teorías del caso que no pueden ser las dos verdaderas al mismo tiempo.

Una teoría dice: Hernández y Terra sabotearon la venta, fabricaron denuncias, acosaron a árbitros y a ejecutivos, y ahora reciclan una acusación de soborno que ya fue desestimada. La otra dice: Peppertree y sus aliados compraron un tribunal, usaron el laudo como ariete para tomar una empresa latinoamericana y dejaron a los fundadores a merced de un procedimiento extranjero. Los papeles de septiembre-noviembre de 2022 son el intento más reciente de hacer prevalecer la segunda teoría. El expediente del juez Kaplan es el muro más alto que esa teoría ha encontrado hasta ahora.

El estándar que sí importa

En Estados Unidos, la Federal Arbitration Act permite vaciar un laudo cuando hay “evident partiality” del árbitro o cuando el award se obtuvo por corrupción, fraude o medios indebidos. La jurisprudencia del Segundo Circuito —el que revisa al Distrito Sur de Nueva York— ha sido consistentemente restrictiva: el sesgo tiene que ser claro, no inferido del simple hecho de que una parte perdió. La Convención de Nueva York, en paralelo, deja a cada Estado la puerta del orden público.

Eso significa dos cosas a la vez. Primera: si una fiscalía o una unidad de inteligencia financiera demuestra que Goldstein recibió fondos ocultos de una parte, o de un intermediario de una parte, durante el procedimiento, el edificio de los laudos se agrieta de verdad. No en un portal. En un tribunal. Segunda: mientras esa demostración no exista, ejecutar la empresa, bloquear la venta o desacreditar en bloque a Hodgson y a Ziegler —que también firmaron— es una operación política vestida de reportaje.

Hay un tercer estándar, menos jurídico y más profesional. Un árbitro internacional vive de su reputación de independencia. Goldstein lo sabe: lleva años escribiendo sobre arbitraje. Precisamente por eso, la aparición de un trust con su apellido —aunque el nombre de pila no coincida— en una cadena Isle of Man–Credit Suisse–Schwab, en las semanas posteriores a un laudo controvertido, no es un asunto que pueda despacharse con un comunicado. Tampoco con una filtración anónima. Exige, de bancos y de autoridades, la trazabilidad que los propios correos dicen querer ocultar: “Contact me only, no copies.”

Coda

Las torres de Continental Towers seguirán emitiendo señal aunque este dossier sea auténtico o sea un montaje. Lo que no puede seguir emitiendo, sin costo, es la ficción de que el arbitraje internacional es un recinto inmune a la política, al dinero opaco y a la guerra sucia entre socios.

Los documentos de septiembre a noviembre de 2022 merecen ser peritados, no canonizados. El laudo de Nueva York merece ser defendido o atacado con prueba, no con adjetivos. Y las fiscalías de El Salvador, Guatemala, Panamá y Costa Rica merecen que nadie use sus expedientes como eco de un conflicto que se decide, para bien o para mal, en otra latitud.

Entre el wire de 3,47 millones y la frase “tricky situation with the American” hay un relato. Entre ese relato y un soborno demostrado hay un abismo de diligencia. Esta nota se queda en el borde de ese abismo, donde debe quedarse un periódico: con los papeles sobre la mesa, con el expediente judicial a la vista, y con la única certeza que el caso permite por ahora. Alguien movió millones en nombre de un Goldstein, en el otoño en que un Goldstein decidía el destino de una empresa latinoamericana. Quién, para quién y a cambio de qué es, todavía, el trabajo que falta.

NOTA DE MÉTODO Y USO DE LAS PRUEBAS

Aquí compartimos una breve guía de dónde entra cada pieza del PDF en esta nota, para quien desee ampliar con estos documentos y entender toda la investigación:

Archivos en PDF para consultar

Páginas 1 del PDF. Wire del 5 de septiembre de 2022 por US$ 3.475.644. Se cita en el subapartado “5 de septiembre de 2022: entran 3,47 millones” y en la primera fila de la tabla.

Páginas 2 y 3. Correo del 12 de septiembre y descargo de Cayman National. Es el corazón de la pieza. Va citado íntegro en “12 de septiembre: a esta persona Goldstein”. El descargo se menciona para no presentar el correo como un acto notarial.

Páginas 4 y 6. Wire duplicado del 30 de septiembre por US$ 908.032. Se usa en el subapartado correspondiente y en la tabla. La duplicación sugiere que el dossier fue armado con copias, no con un expediente bancario continuo.

Página 5. Instrucción de wire del 25 de octubre por US$ 625.045 hacia Charles Schwab / Citibank. Se describe en “25 y 26 de octubre”.

Página 7. Correo de Credit Suisse a Citi que nombra el Joel Goldstein Trust. Es la única identificación de un destinatario. Debe ir siempre con la advertencia de que Joel no es Marc.

Página 8. Correo del 3 de noviembre (“Stop!”). Cierra el tramo operativo y abre la hipótesis de un problema de compliance.

Páginas 9, 10 y 12. Descargos de Credit Suisse (Hong Kong / Singapur). No aportan hechos nuevos; sirven para geolocalizar la cadena en Asia y para no recortar el documento.

Página 11. Correo del 9 de noviembre sobre “the American” y los 2,4 millones retenidos en Hong Kong. Es el cierre narrativo del dossier y debe editarse con el mismo cautela que el correo del 12 de septiembre: sugiere, no demuestra.

Fuentes abiertas contrastadas para esta nota: laudos parciales del ICDR (caso 01-21-0000-4309); resoluciones del juez Lewis A. Kaplan en Telecom Business Solution, LLC et al. v. Terra Towers Corp. et al., 1:22-cv-01761 (S.D.N.Y.); bitácora de Marc J. Goldstein en lexmarc.us (11 de noviembre de 2025); coberturas de Inside Towers, Wireless Estimator y Global Arbitration Review; piezas de Hora 13 Noticias (17 de agosto de 2026), Diario El Salvador (23 de julio y 19 de agosto de 2026) y el material de trabajo de Minuto 60 Panamá.

 

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ENTREGA ESPECIAL

Mujer de 84 años sobrevive tres días bajo los escombros tras terremoto en Indonesia

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Una mujer de 84 años fue hallada con vida tres días después de que un fuerte terremoto destruyera por completo su vivienda en una isla de Indonesia, informó este miércoles un funcionario local, mientras el número de fallecidos por el sismo aumentó a 73.

Más de 900 personas resultaron heridas y cerca de 60.000 fueron desplazadas tras el terremoto de magnitud 7,7 que sacudió el sábado las aguas frente a la isla indonesia de Flores, según la Agencia de Mitigación de Desastres (BNPB).

La vivienda de Paulina Pobi, ubicada en una pequeña isla al norte de Flores, fue una de las cientos de casas destruidas por el terremoto. La mujer quedó sepultada bajo las paredes de bambú que colapsaron durante el movimiento telúrico.

Pobi permaneció bajo los escombros hasta que su familia regresó a buscarla el martes. Inicialmente, sus familiares creían que había sido rescatada y trasladada a un refugio.

«Estaba como paralizada, no podía moverse ni hablar, así que su familia recién la encontró el cuarto día», declaró a la AFP el funcionario local Rudolfus Riba.

Riba indicó que la mujer se encontraba en buen estado de salud y no sufrió lesiones. «Solo estaba un poco débil porque llevaba días sin comer ni beber nada», explicó. «Parece irreal, casi como un milagro», agregó.

Desde el sábado se han registrado más de 3.000 réplicas, de las cuales al menos 86 fueron lo suficientemente fuertes como para ser percibidas por los residentes, según la agencia geológica BMKG.

Los constantes movimientos telúricos han provocado que muchas personas tengan demasiado miedo de regresar a sus viviendas. La BNPB informó que desde el sábado se han distribuido casi 400 toneladas de ayuda, incluidos alimentos, agua y medicamentos.

Indonesia registra terremotos con frecuencia debido a su ubicación en el denominado «Anillo de Fuego» del Pacífico, una zona de intensa actividad sísmica y volcánica que se extiende desde Japón, atraviesa el sudeste asiático y cruza el océano Pacífico.

En 2004, un terremoto de magnitud 9,1 ocurrido frente a la costa de Sumatra provocó un tsunami que dejó unas 220.000 personas fallecidas en toda la región, incluidas aproximadamente 170.000 en Indonesia.

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