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Lanzan campaña de vacunación y asistencia veterinaria de ganado a escala nacional

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Una campaña de vacunación, asistencia técnica veterinaria y alimentaria, fue a lo que le dio inicio el Ministerio de Agricultura y Ganadería, para beneficiar a 10 mil pequeños ganaderos a nivel nacional.

La ambiciosa estrategia con la cual buscan mejorar la producción ganadera, fue lanzada en el municipio de San Antonio del Mosco, del departamento de San Miguel, lugar que por primera vez contó con la presencia de funcionarios gubernamentales de primer nivel, como el Ministro de Agricultura y Ganadería, Enrique Parada.

El programa tiene como meta beneficiar ganaderos del país, quienes tienen de una a 50 cabezas de ganado bovino, hasta alcanzar un total de 100,000 reses; lo que significará una mejor producción, contribuyendo a la seguridad alimentaria de las familias rurales.

El Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) sabe que prevenir y controlar la parasitosis en animales de producción, por medio de campañas de desparasitación y vitaminización, contribuye a la salud animal y a la seguridad alimentaria, por ello la Dirección General de Ganadería puso en marcha esta iniciativa.

Además, la ganadería familiar es de importancia, ya que brinda proteína, minerales y energía en la dieta diaria de la población salvadoreña, sobre todo en las zonas rurales, donde es difícil acceder a recursos para la prevención de infestaciones ocasionadas por parásitos internos y externos, que pueden influir en el estado de salud de la población animal.

“Lo más importante es llegar y cubrir más territorio, así como lo hemos logrado con los Paquetes Agrícolas; la asistencia técnica para todo el país parece difícil, pero las metas las pone uno y los límites serán los que nosotros decidamos”, explicó el Ministro de Agricultura.

Por su parte, los lugareños agradecieron la ayuda de los funcionarios y dijeron que por primera vez se sienten tomados en cuenta. “Qué bueno que han venido hasta este municipio, donde se necesita ayuda para nuestros ganaderos. Somos gente trabajadora y este apoyo viene muy bonito para impulsar a los pequeños ganaderos y poner al alcance estos insumos”, declaró el productor Héctor Canales.

Asimismo, la diputada Suni Cedillos destacó el trabajo articulado de la Asamblea Legislativa y felicitó al MAG por este tipo de programas, ya que tener animales sanos es primordial para alcanzar la seguridad alimentaria.

La campaña contará con una asistencia técnica histórica para el sector ganadero, ya que será una estrategia articulada entre gobierno central, autónomas y gobiernos municipales.

Para ello, se desplegará personal médico veterinario de la División de Servicios Veterinarios, quien deberá de capacitar al personal de la Escuela Nacional de Agricultura (ENA), del Centro Nacional de Tecnología Agropecuaria y Forestal (CENTA), del Instituto Salvadoreño de Transformación Agraria (ISTA) y de las alcaldías de las zonas en las vías de aplicación de los productos a adquirir del presupuesto, y la forma correcta de aplicación en los animales de producción.

“A través de la Dirección General de Ganadería queremos dar este apoyo a los pequeños ganaderos, para que puedan tener animales sanos, que aprovechen mejor todos los nutrientes y vitaminas necesarias. Esta es una ayuda que se da porque sabemos de la crisis mundial en la falta de todo tipo de insumos, y damos el apoyo e impulso económico para quienes trabajan con animales”, subrayó el Director de Ganadería, Néstor Avendaño.

Por otra parte, el Ministro Parada aseguró que apoyará al bachillerato agrícola del instituto nacional de San Antonio del Mosco, con la donación de seis bovinos un módulo de aves y un módulo de acuaponía para elevar el nivel de aprendizaje de los estudiantes.

«Por ser la primera vez que llegamos hasta aquí, la directora de la escuela de la localidad se me acercó para pedir ayuda para su bachillerato agrícola. Hemos llegado al acuerdo de donar seis bovinos, un módulo de aves y un módulo de acuaponía. De manera paralela, al entregar estos insumos también tendremos asistencia técnica por parte del personal de la Dirección de Ganadería, del CENTA, del ISTA y de los alumnos de la ENA”, finalizó el titular de Agricultura

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Lotería Nacional de Beneficencia Celebra Sorteo LOTRA N.º 440 Dedicado a la Asociación Scouts de El Salvador

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La Lotería Nacional de Beneficencia (LNB) llevó a cabo el Sorteo LOTRA N.º 440, dedicado a la Asociación Scouts de El Salvador, bajo el lema “Construyendo un mundo mejor! ¡Siempre Listos!”. Esta organización trabaja diariamente en la formación de niñas, niños y jóvenes desde los 7 hasta los 22 años, junto a adultos voluntarios que guían un proceso educativo basado en valores, fomentando un país más solidario y responsable.

En reconocimiento al compromiso de la Asociación Scouts de El Salvador con la formación integral de nuevas generaciones, el sorteo resaltó su labor en la promoción de valores cívicos y responsabilidad social. Como parte del protocolo previo al evento, se realizó la Introducción de Premios Mayores y Presentación de Maletines de Balotas a cargo de Carmen Padilla, concejal del Consejo Nacional Scout.

Al finalizar el sorteo, el equipo de la Lotería entregó un enmarcado con el vigésimo de la semana a Armando Chacón, del Consejo Nacional Scout, como recuerdo de esta dedicatoria especial.

Los resultados del Sorteo LOTRA N.º 440, que generan ingresos para causas benéficas y contribuyen a la economía local a través de ventas y premios, son los siguientes:

Primer Premio: $380,000 – Billete N.º 21708 Vendido.
Segundo Premio: $20,000 – Billete N.º 19372 No vendido.
Tercer Premio: $10,000 – Billete N.º 39899 Vendido.

Para consultar todos los números ganadores, los interesados pueden ingresar al sitio web oficial www.lnb.gob.sv. Además, se invita a sintonizar el resumen de premios principales a las 5:30 p.m. por Canal 10.

La LNB, como entidad estatal dedicada a juegos de azar responsables, continúa promoviendo iniciativas que unen el entretenimiento con el apoyo a organizaciones comunitarias, impulsando así el sector de beneficencia y responsabilidad social corporativa en El Salvador.

 

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El Salvador consolida el diálogo y la cooperación con el Parlamento Europeo

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El Vicepresidente de la República, Félix Ulloa, sostuvo un encuentro con la Presidenta de la Delegación del Parlamento Europeo para las Relaciones con los Países de Centroamérica (DCAM), Diana Riba Giner, para abordar la importancia de la relación birregional entre Centroamérica y la Unión Europea.

El Vicepresidente Ulloa reiteró el interés de El Salvador de mantener un diálogo activo y constructivo con la delegación parlamentaria, compartiendo los avances del país en materia de seguridad y la visión de transformación de El Salvador hacia el milagro del desarrollo económico.

Por su parte, la Eurodiputada, Diana Riba Giner, subrayó la relevancia de fortalecer la diplomacia parlamentaria en temas vinculados a la seguridad ciudadana, paz y derechos humanos, particularmente en el marco del Acuerdo de Asociación entre Centroamérica y la Unión Europea, como instrumento estratégico para profundizar la cooperación birregional.

El encuentro reafirma la voluntad de ambas partes de consolidar canales de diálogo político permanente, en beneficio de una agenda común basada en la estabilidad, el desarrollo y el respeto institucional.

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La depresión como encrucijada existencial- Lisandro Prieto Femenía

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“La lucha misma hacia las cumbres basta para llenar un corazón. Hay que imaginarse a Sísifo feliz”

Camus, 1955/1942, p. 78.

Hoy quiero invitarlos a reflexionar sobre la depresión, un fenómeno que no se agota en un diagnóstico clínico ni se limita a la simple suma de neurotransmisores. De hecho, se alza como un problema filosófico que fuerza a repensar la relación intrínseca entre sentido, libertad e identidad. Cuando la vida parece vaciarse de contenido, es decir, cuando el mundo circundante muestra su silencio ante nuestras demandas de coherencia, surge la pregunta por el sentido que ha atravesado toda la reflexión existencialista.

El pensador Albert Camus interrogó frontalmente la condición humana frente al absurdo, señalando que la conciencia de ese choque brutal entre nuestra sed innata de significado y la indiferencia cósmica no debe conducir, sin más, a la rendición. Desde su perspectiva en “El mito de Sísifo”, el absurdo es la consecuencia de un encuentro: “el absurdo nace de esta confrontación entre la llamada humana y el silencio irracional del mundo” (Camus, 1955/1942, p. 30). Si optamos por entender la depresión como una respuesta radical a la experiencia de lo absurdo, encontramos en ella, paradójicamente, una lucidez cargada de dolor, que es el reconocimiento íntimo que los marcos habituales de sentido han colapsado.

Aquella dolorosa lucidez abre, sin embargo, caminos interpretativos notoriamente divergentes. Desde la perspectiva sarteana, la libertad humana se entiende como absoluta y radical, y la consecuente angustia no es otra cosa que la revelación de la nada que subyace a toda elección. Por consiguiente, la depresión podría interpretarse como una forma externa de esa angustia, manifestándose cuando la posibilidad de acción se torna insoportable y la libertad misma se experimenta como una carga sin horizonte. Jean-Paul Sartre sostuvo categóricamente que “el hombre está condenado a ser libre” (Sartre, 2018/1943, p. 627), y que la depresión expone el coste concreto de esta condena: la parálisis de la decisión y la imposibilidad de proyectarse hacia futuros que antes insuflaban motivo a la acción.

Frente a este abismo, Camus propuso una reacción que eludía los consuelos metafísicos y apelaba, en cambio, a la revuelta: afirmar la propia conciencia del absurdo sin por ello renunciar a la vida. De este modo, la tensión entre reconocer la falta de sentido y aún así elegir la permanencia en el mundo constituye uno de los dilemas más punzantes que la depresión impone a la filosofía.

Por su parte, Søren Kierkegaard nos brinda un aporte a esta discusión, sobre todo en los matices cruciales sobre la autenticidad y la desesperanza. Para el danés, la desesperación no es una simple patología, sino una modalidad intrínseca de la relación del yo consigo mismo, a la que definió como “la enfermedad mortal” (Kierkegaard, 2019/1849, p. 12). En su descripción de “La enfermedad mortal”, la desesperación nace de la incapacidad del sujeto de sintetizar las dimensiones constitutivas del yo -lo finito y lo infinito, lo temporal y lo eterno-. Por lo tanto, conlleva una lectura moral y existencial profunda, revelando incoherencias en el modo en que se vive. Vista así, la depresión podría leerse no sólo como un fallo biológico, sino también como una advertencia radical sobre la falta de autenticidad, un llamado perentorio a revisar las propias premisas vitales. No obstante, reducir la desesperación a una mera oportunidad de autenticidad es correr el riesgo de culpabilizar al sujeto que la padece, puesto que la vivencia de vacío es simultáneamente diagnóstico existencial y sufrimiento que desborda cualquier exigencia de realización. Dicha reducción es tan patética e inútil como cuando a un depresivo alguien le dice: “no estés triste” o “échale ganas”.

Este doble filo nos conduce inevitablemente al interrogante sobre el sufrimiento como vía de conocimiento. Existen tradiciones filosóficas que han considerado el padecimiento como una escuela donde se revelan rasgos fundamentales de la condición humana. El abatimiento extremo puede, en ocasiones, destapar verdades incómodas sobre la fragilidad del proyecto, la contingencia de los deseos y la finitud ineludible que subyace a toda esperanza. Empero, afirmar que el sufrimiento depresivo confiere una verdad profunda exige suma cautela. En este punto, es crucial entender que no todo dolor es una epifanía, ya que la agonía puede deformar la percepción, introducir sesgos cognitivos incapacitantes y cerrar todo horizonte de sentido. Por consiguiente, la pregunta filosófica pertinente no es si el sufrimiento ilumina siempre, sino cómo podemos dialogar con él sin caer en la tentación de romantizarlo o de instrumentalizarlo como un acceso privilegiado a la sabiduría.

También la cuestión de la libertad frente a la depresión demanda una respuesta compleja que reconozca las causas biológicas sin neutralizar, por ello, la responsabilidad existencial. Las evidencias científicas sobre predisposiciones genéticas o desequilibrios neuroquímicos no anulan que la experiencia del yo deprimido siga siendo, en su esencia, una situación moral y existencial.

Si bien es cierto que la libertad, entendida como posibilidad de respuesta, se ve gravemente debilitada por condiciones que limitan la capacidad de acción, esta libertad persiste en la medida en que el sujeto logra, con el apoyo adecuado, reconectar con proyecciones significativas.

Existe, además, una lectura crítica que vincula la depresión con formas de resistencia pasiva en el marco social. En sociedades que demandan productividad constante, el colapso anímico puede funcionar como un silencio revelador frente a las exigencias claramente deshumanizadoras. Al respecto, Byung-Chul Han señaló en su obra “La sociedad del cansancio”, cómo la lógica neoliberal produce sujetos agotados, híper-expuestos y auto-explotados. Desde esta óptica, la depresión puede interpretarse como un síntoma social y político más que como un fallo individual, si bien esta interpretación no debe jamás sustituir la atención clínica necesaria con los profesionales pertinentes.

A esta crítica social, se suma la desazón intrínseca a la experiencia de la posmodernidad líquida. El sociólogo ZygmuntBauman, al reflexionar sobre esta nueva configuración, identificó la paradoja de una vida definida por la ausencia de anclajes sólidos: proyectos, vínculos e incluso identidades se vuelven provisorios, flexibles hasta el punto de la fragilidad. En este mundo de opciones ilimitadas, la elección constante se convierte en una condena, pues, como argumenta el autor polaco, “ser moderno significa estar condenado a una elección incesante, a cambiar constantemente, a revisar sin cesar las decisiones tomadas y a estar siempre dispuesto a descartarlas y a tomar otras en su lugar” (Bauman, 2013, p. 88).

Esta saturación de posibilidades conduce a la fatiga de la voluntad donde la satisfacción siempre es fugaz. Por su parte, Gilles Lipovetsky profundizó en esta saturación al describir la era del vacío, donde la hipertrofia del individualismo y el hedonismo conducen a una profunda insatisfacción existencial. El sujeto posmoderno, aunque inmerso en la abundancia material, se siente desarraigado, puesto que “absorto en su culto al bienestar y en la obsesión por sí mismo, se encuentra más sólo y desorientado que nunca” (Lipovetsky, 2008, p. 110). Por lo tanto, el vacío depresivo no es sólo la pérdida de un sentido personal, sino el eco amplificado de una cultura que promete la felicidad a través del consumo y la auto-realización perpetua, pero sólo entrega desazón.

También, el yo en la depresión se fragmenta. La autopercepción moderna se resquebraja y se hacen patentes capas de identidad que la rutina social mantenía ocultas. La drástica disminución de interés, la sensación de extranjería hacia uno mismo y la pérdida de un proyecto vital con sentido son elementos que modifican la conciencia de sí y pueden, paradójicamente, permitir un tipo peculiar de autoconocimiento. Al respeto, Martin Heidegger, en su obra “Ser y tiempo”, habló del “Dasein” (el “ser-ahí”, o sea, nosotros, como seres-en-el-tiempo) como una proyección fundamental hacia el futuro, sosteniendo que perder esa proyección afecta la apertura misma al mundo (Heidegger, 2003/1927). Cuando el proyecto futuro se desvanece, la temporalidad ser contrae y la existencia se centra en un presente paralizante e incapacitante. Desde otro ángulo, la máscara del yo social se ve desenmascarada, de tal forma que lo que emerge en el “yo depresivo” podría ser la revelación de la artimaña de identidades construidas exclusivamente para cumplir roles externos, dejando al descubierto un núcleo doliente que demanda reconocimiento y cuidado.

Paralelamente, la dimensión ética y social impone responsabilidades claras a la colectividad. juzgar moralmente a quien yace en la desesperanza resulta éticamente injusto, por lo que la valoración moral debe distinguir con precisión entre la exigencia de responsabilizar al sujeto y la compasión necesaria que reconoce limitaciones profundas. además, la depresión reclama una respuesta de justicia social ineludible. Si la estructura social vigente produce condiciones que favorecen el sufrimiento psíquico, la ética colectiva debería demandar transformaciones estructurales. En este sentido, Michel Foucault mostró en su “Historia de la locura en la época clásica” cómo las prácticas sociales y los saberes institucionales configuran las posibilidades de subjetivación: así, la patología mental no es únicamente una cuestión médica, sino también política (Foucault, 2012/1961). El deber ante el sufrimiento del otro, en consecuencia, no consiste sólo en consolar, sino en transformar: reclamar por instituciones, redes de apoyo y modos de vida que mitiguen las causas estructurales del padecimiento.

Otro vínculo que no podemos dejar pasar en esta reflexión es la conexión entre depresión y nihilismo. Si el nihilismo es la vivencia del derrumbe de los valores trascendentes, la depresión puede ser una encarnación palpable de esa vivencia. Sin embargo, Friedrich Nietzsche propuso una respuesta activista: la transvaloración, la creatividad que convierte el sufrimiento en una fuerza propulsora. Su llamado, lejos de trivializar el dolor, invita a imaginar posibilidades de sí que logren transformar ese dolor en un motor vital. Por eso, el arte y la filosofía ofrecen rutas de redención parcial, no como remedios mágicos, tampoco como sustitutos de los tratamientos médicos, sino como prácticas capaces de re-encuadrar la experiencia, alimentar la imaginación y abrir horizontes de sentido nuevos. Ciertamente, no todo en la depresión puede sublimarse, pero la creación simbólica persiste como una de las estrategias más poderosas que permiten resistir la noche del ánimo.

En conclusión, queridos lectores, hemos querido demostrar que la depresión convoca a una filosofía que no se conforma con clasificaciones meramente técnicas sino que exija una reflexión profunda que articule el sentido, la libertad, la identidad, la ética y el lenguaje en su intrincada complejidad. Ante la tiranía del rendimiento y la crisis de sentido de nuestro tiempo, ¿estamos dispuestos realmente a repensar las formas sociales que producen este sufrimiento anímico y a crear prácticas de escucha que restituyan un nombre y una compañía a quienes se ven obligados a callar?

Más allá de la clínica, que es fundamental, ¿cómo podemos sostener la tensión irresoluble entre reconocer las causas biológicas innegables y, al mismo tiempo, asumir las responsabilidades éticas y políticas sin caer en la culpa individualizadora ni en la despolitización facilitas del dolor ajeno? Y, por último, ante el silencio opresivo que la depresión impone en la vida de un ser humano, ¿qué modos de palabra, qué gestos artísticos y qué acciones colectivas pueden, de verdad, abrir una rendija hacia nuevos y urgentes porvenires existenciales? Que estas preguntas resuenen y persistan es la condición mínima para no dejar a la deriva a quienes atraviesan, en la más absoluta soledad, la noche profunda del alma.

Referencias

Bauman, Z. (2013). Modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica.

Camus, A. (1955). El mito de Sísifo (J. O’Brien, Trad.). Gallimard/Hamish Hamilton. (Obra original publicada en 1942).

Foucault, M. (2012). Historia de la locura en la época clásica. Siglo XXI. (Obra original publicada en 1961).

Han, B.-C. (2012). La sociedad del cansancio. Herder.

Heidegger, M. (2003). Ser y tiempo. Trotta. (Obra original publicada en 1927).

Kierkegaard, S. (2019). La enfermedad mortal. Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1849).

Lipovetsky, G. (2008). La era del vacío: Ensayos sobre el individualismo contemporáneo. Anagrama.

Sartre, J.-P. (2018). El ser y la nada: Ensayo de ontología fenomenológica. Losada. (Obra original publicada en 1943).

Wittgenstein, L. (2009). Tractatuslogico-philosophicus. Routledge. (Obra original publicada en 1921)

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