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Recapturan a varios criminales favorecidos por jueces
La Policía Nacional Civil (PNC) ha recapturado a varios mareros y otros criminales que en vez de estar cumpliendo condenas en las cárceles del país gozaban de total libertad, pues fueron «favorecidos» por jueces del anterior sistema judicial, según ha denunciado el presidente de la república, Nayib Bukele, y el ministro de Justicia y Seguridad, Gustavo Villatoro.
Entre las más recientes capturas figuran la de Rodrigo Tenorio, exalcalde en Puerto El Triunfo, Usulután, con el partido FMLN, quien en 2016 fue capturado por la Policía y acusado por la Fiscalía General de la República (FGR) de financiar y apoyar en logística a criminales de la pandilla 18.
Según la Fiscalía, Tenorio fue procesado en libertad, pues un juez le decretó medidas alternas a la detención desde septiembre de 2016, así como a pagar una fianza de $5,000 y comprometerse a no salir del país ni cambiar de domicilio y presentarse a firmar cada 15 días a un Juzgado de Instrucción.
La decisión del juzgado de procesar en libertad a Tenorio fue duramente criticada por el ministro Villatoro quien expresó que «el sistema judicial corrupto de esos tiempos lo liberó», al referirse a que sucedió en los gobiernos anteriores.
La recaptura del exalcalde fue reportada el 28 de abril de 2022, hoy se le acusa de organizaciones terroristas, delito por el cual podría pasar no menos de 20 años de cárcel, según las reformas hechas al Código Penal.
Rodrigo Tenorio, exalcalde en Puerto El Triunfo con el partido FMLN, fue recapturado el 28 de abril.
El 24 de abril de este año, la Policía arrestó a Saúl Antonio Montano, perfilado como uno de los criminales más sanguinarios que fue procesado por asesinar a una mujer y sus dos hijos, hecho ocurrido el 10 de julio de 2018 en el municipio de San Cayetano Istepeque, en San Vicente.
Según fuentes policiales, Montano es apodado Klever y privó de libertad a esta familia a quienes obligó a atravesar una finca para luego asesinarlas y enterrar sus cuerpos. Una de las víctimas tenía tan solo 8 años.
Sin embargo, a pesar de que las autoridades tenían pruebas de la participación de Montano en este múltiple crimen, el sistema judicial decidió procesarlo en libertad, según expuso la Policía.
«A pesar de que fue capturado por ese triple homicidio y de todas las pruebas en su contra, en el 2020 un juez lo liberó, porque había pasado 2 años detenido sin sentencia firme», comunicó la institución.
La PNC reveló que «A pesar de que fue condenado a 120 años, no puso un pie en prisión porque al ser procesado en libertad, simplemente no se presentó al juicio y siguió delinquiendo en la zona rural de San Cayetano Istepeque».
El criminal fue recapturado el mes pasado y la clica a la que pertenece fue desarticulada por las autoridades en el marco de la estrategia de seguridad para combatir a las maras.
José Misael Cisneros Rodríguez, apodado «Medio millón», es para las autoridades uno de los principales financistas de la Mara Salvatrucha en el departamento de Chalatenango, pues es señalado de proporcionar dinero y armas de fuego a los mareros a cambio de «inmunidad».
«Medio millón había sido procesado por lavado de dinero y activos de $43 millones junto a su cuñado Rafael Eduardo Ardón Romero y su hermana, Sandra Guadalupe Cisneros Rodríguez. A pesar de estos señalamientos, en 2015 fue dejado en libertad por un juez corrupto», denuncio el ministro Villatoro.
Las autoridades reportaron la recaptura de Medio millón el 28 de abril de 2022; al respecto, el ministro expresó: «Esta vez, nos vamos a encargar de que se haga justicia y este terrorista pague por sus delitos».
Además del proceso por lavado de dinero y activos, Cisneros Rodríguez fue capturado por homicidio en 2012 luego de estar más de un año prófugo, y arrestado por agrupaciones ilícitas en 2014.
A raíz de tantos señalamientos por el actuar de algunos jueces, que favorecieron a criminales, el Órgano Judicial inició un proceso de depuración, fue así como a partir de septiembre de 2021 comenzó la renovación de jueces para los Juzgados de Paz, de Primera Instancia y las Cámaras.
De igual manera, fueron promovidos secretarios de tribunales y jueces con potencial, pero que nunca se les brindó la oportunidad para desempeñarse como tal. Hubo también una buena cantidad de jueces que aprovechando las disposiciones del Decreto 144 -que contempló reformas a la Ley de la Carrera Judicial- decidieron retirarse voluntariamente por cumplir 30 años de servicio o 60 de edad. A todos los jueces cesados se les brindó la oportunidad que lo hicieran con derecho a recibir 24 salarios como indemnización.
Hubo también jueces que prefirieron renunciar, como el caso de Guillermo Arévalo Domínguez, polémico por emitir un fallo que favoreció al exdiputado del partido ARENA, Norman Quijano, pues junto al magistrado Carlos Sánchez anularon el proceso de fraude electoral y agrupaciones ilícitas.
Opinet
Analizando la erosión intencional de los vínculos humanos
Por: Lisandro Prieto Femenía
«Lo que hace a la sociedad de masas tan difícil de soportar no es el número de personas implicadas, o al menos no principalmente, sino el hecho de que el mundo entre ellas ha perdido su poder de reunirlas, de relacionarlas y separarlas»: Hannah Arendt, La condición humana (Paidós, 1993, p. 509).
La postmodernidad, esta era de la inmediatez y la fragmentación, es testigo de una transformación radical en la naturaleza de los vínculos humanos. Lo que antes eran lazos forjados en la permanencia y el compromiso mutuo, hoy parecen mutar en conexiones efímeras, fácilmente desechables. Esta desintegración no es accidental, sino que se trata del resultado de una sistemática atomización social que busca despojar al individuo de su anclaje comunitario, familiar e incluso de su propia identidad. Es por ello que nos parece justo preguntarnos: ¿A quién le sirve que los vínculos sean cada vez más perecederos y frágiles?
Como hemos citado innumerables veces, la modernidad líquida, concepto acuñado por Zygmunt Bauman, describe con claridad esta realidad patética que hoy vivimos. En su obra “Amor líquido: acerca de la fragilidad de los vínculos humanos”, argumenta que las relaciones contemporáneas se caracterizan por su transitoriedad y la búsqueda constante de la novedad. Aludiendo a la fugacidad de los lazos, Bauman afirma que “el amor es el prisionero del deseo, y el deseo es el prisionero de la instantaneidad” (Op. Cit. p. 10). La promesa de una conexión profunda y duradera se ve reemplazada por la facilidad de la desconexión, donde los otros son percibidos como recursos desechables en una economía del placer y la conveniencia individual. Este fenómeno, lejos de ser una evolución natural, responde a una lógica de control y dominación que se nutre de la debilidad del individuo que se encuentra cada vez más aislado. Ahora bien, ¿somos conscientes de esta economía afectiva que nos deshumaniza, o la aceptamos como una fatalidad?
En su análisis sobre el poder y las instituciones, Michel Foucault nos ofrece una perspectiva interesante para entender la intencionalidad detrás de esta atomización. Aunque no aborda directamente los “vínculos descartables” (dudo seriamente que le interesara este asunto, sino más bien cómo justificarlo), su concepto de biopoder y las tecnologías de normalización nos permiten vislumbrar cómo se configura un sujeto maleable y desvinculado. El poder, para Foucault, no sólo reprime, sino que también produce sujetos, o, como sostiene en “Vigilar y castigar”, “el poder produce; produce realidad; produce ámbitos de objetos y rituales de verdad” (Op. Cit. p. 209). La dispersión de los individuos y la precarización de sus lazos debilitan esta capacidad de resistencia, volviéndolos más susceptibles a las directrices de los poderes hegemónicos que permanentemente te están vendiendo como “bueno” y “necesario” lo que justamente te mantiene aislado e individualizado al extremo. Dicho esto, es justo entonces preguntarse ¿qué tipo de sociedad se construye sobre la base de individuos aislados y desprovistos de arraigo?
La erosión de la comunidad es también una pieza clave en este rompecabezas. Ferdinand Tönnies realizó una distinción entre Gemeinschaft (comunidad) y Gesellschaft (sociedad), advirtiendo sobre el paso de formas de organización social basadas en lazos afectivos y orgánicos a estructuras impersonales y estrictamente contractuales. Tönnies, en su obra “Comunidad y sociedad”, señala que “En la comunidad, la gente permanece esencialmente unida a pesar de todas las separaciones mientras que en la sociedad, están esencialmente separados a pesar de todas las uniones (Op. Cit. p. p. 39). Pues bien, la postmodernidad aceleró esa transición, desdibujando los espacios de pertenencia y diluyendo el sentido de responsabilidad colectiva. Ahora, el sujeto es empujado a una autonomía forzada, donde la solidaridad se desvanece y la competencia se erige como principio rector. Esta desvinculación es totalmente funcional a un sistema que promueve el individualismo extremo, dificultando la acción colectiva y la articulación de resistencias. ¿Acaso hemos confundido la libertad individual con la soledad impuesta?
Esta sistemática separación no se detiene en la comunidad, sino que penetra en el núcleo familiar y, en última instancia, en la relación del individuo consigo mismo. La familia, antaño refugio y fuente de identidad, se ve hoy presionada por las lógicas de la precariedad y la inestabilidad. Los lazos generacionales se han debilitado considerablemente y la memoria colectiva se ha disipado, dejando al individuo sin un arraigo histórico que le diga de dónde viene o que lo trascienda. Al respecto, Byung-Chul Han, en su obra “La sociedad del cansancio”, señala que la sociedad del rendimiento nos lleva a una autoexplotación incesante, donde el sujeto se vuelve su propio verdugo en pos de una ridícula idea de progreso. Han argumenta que “el sujeto del rendimiento se explota a sí mismo voluntariamente, sin amo alguno. Es su propio señor y su propio esclavo” (Op. Cit. p. 31). En este escenario, la conexión consigo mismo se fragmenta, dando paso a una identidad volátil, moldeada por las exigencias de la moda y la búsqueda constante de validación. La soledad, paradójicamente, se convierte en la condición inherente del sujeto hiperconectado de manera virtual, pero profundamente desvinculado en el plano de lo real. Ahora, se lo pregunto con preocupación, ¿qué precio estamos pagando por esta autodeterminación solitaria y desprovista de sentido?
En el seno de este plan sistemático de desintegración de los vínculos, reside una falacia peligrosa, una narrativa que se ha infiltrado sutilmente en el imaginario colectivo: la idea de que el individuo puede prosperar en completa soledad. Sin embargo, la historia de la humanidad y la propia filosofía nos demuestran que nadie llega a ningún lado solo. ¿No es una quimera pensar que podemos construirnos al margen de la red de relaciones que nos precede y nos sostiene? La existencia misma del sujeto está intrínsecamente ligada a un entramado de conexiones preexistentes: el mundo, la comunidad y la familia no son meros telones de fondo, sino los pilares fundamentales que nos forjan y nos preparan para vivir mientras nos dotan de sentido.
Recordemos la postura puntual del filósofo Martin Buber, quien sostenía que la esencia de la existencia humana se revela en la relación, en el “Yo-Tú” y no en el “Yo-Ello”. “Todo verdadero vivir es encuentro”, afirmaba Buber en “Yo y Tú” (2005, p.23). Esta máxima destaca que la persona no se define en el aislamiento, sino en la interacción dialógica, en el reconocimiento mutuo que sólo la comunidad y la familia pueden ofrecer genuinamente. La comunidad es el espacio de acogida, de transmisión de valores y de gestación de la identidad colectiva que nos precede y nos configura. ¿Cómo puede el sujeto posmoderno, despojado de este arraigo comunitario, construir una identidad sólida y un propósito trascendente sin el eco de sus otros?
Asimismo, la familia, en su acepción más amplia, representa esa primera escuela de vida, el laboratorio donde se aprenden los fundamentos del afecto, el cuidado y la pertenencia. Este primer anclaje es crucial para el desarrollo psicosocial, asunto analizado con claridad por la psiquiatra Carol Gilligan, al abordar la ética del cuidado en la cual destaca la interdependencia como un valor central en el desarrollo moral y personal. Su trabajo sugiere que la comprensión de uno mismo y de los otros está profundamente arraigada en las relaciones, en la capacidad de conectar y responder a las necesidades propias y de quienes nos rodean. Desmontar este entramado primario, o empujarlo a la precariedad, es generar individuos sin el capital emocional ni la red de seguridad que sólo los lazos profundos pueden ofrecer de manera auténtica.
El “mundo” en su totalidad, con sus instituciones, su cultura y sus desafíos históricos, es el escenario que nos recibe y nos moldea, proveyéndonos las herramientas y los límites para nuestra existencia. La condición humana, como reflejó Hannah Arent en su obra homónima, es una condición plural. Para ella, la vida humana se despliega en el “espacio de aparición”, un lugar donde los individuos se revelan los unos a los otros a través del discurso y la acción: “La pluralidad es la condición de la acción humana porque somos todos los mismos, es decir, humanos, sin que nadie sea nunca idéntico a ningún otro que haya vivido, viva o vivirá” (Arendt, H. La condición humana. Paidós, 1993, p. 196). Este enfoque implica que nuestra singularidad sólo puede manifestarse y confirmarse en la presencia de los otros, en el reconocimiento que nos ofrecen.
Ignorar esta interdependencia esencial es una clara forma de ceguera intencional y, a menudo, interesada. La narrativa del éxito individual, del “hecho a sí mismo”, es una construcción ideológica que oculta las innumerables manos, saberes, cuidados y afectos que nos han permitido llegar hasta donde estamos. ¿No es esta glorificación de la autonomía absoluta un mecanismo eficaz para des-responsabilizarnos del bienestar colectivo y fomentar una competencia despiadada, relegando al otro a la irrelevancia en un mundo de vínculos desechables? La verdad, amigos míos, es que somos seres inherentemente relacionales; nuestra propia humanidad se define en el encuentro con los demás, en el reconocimiento de nuestra vulnerabilidad compartida y en la necesidad mutua. Desdibujar estos lazos no es un signo de progreso o éxito, sino un asqueroso retroceso civilizatorio que nos empobrece a todos, dejándonos a merced de una soledad impuesta y una fragilidad programada.
Aunque el panorama actual, y el futuro cercano, parezcan desoladores, la reflexión crítica sobre estos fenómenos nos abre la puerta a la esperanza. Reconocer la intencionalidad detrás de la atomización social es el primer paso para desmantelarla. No estamos condenados a una existencia de vínculos efímeros y a la soledad individual naturalizada. Por el contrario, tenemos la capacidad de re-imaginar y reconstruir los lazos que deberían unirnos.
Visualicemos un mundo donde cada persona no es un eslabón reemplazable, sino un pilar insustituible en la compleja arquitectura de la humanidad. Un futuro donde el compromiso y la reciprocidad vuelvan a ser las piedras angulares de nuestras interacciones cotidianas. Esto implica un esfuerzo consciente por reafirmar nuestra pertenencia a comunidades significativas, por nutrir lazos familiares profundos y por cultivar una relación auténtica con nuestro propio ser. No se trata de un retorno nostálgico a un pasado que supuestamente fue mejor, sino de una reivindicación de la comunidad en la era digital, aprovechando sus herramientas para construir conexiones genuinas, no para dispersarlas.
En definitiva, la verdadera resistencia al individualismo imperante radica en la acción colectiva y la solidaridad inquebrantable. Es en el reconocimiento de nuestra interdependencia donde reside nuestra verdadera fuerza. Cada gesto de apoyo, cada espacio de encuentro, cada acto de empatía, por pequeño que parezca, contribuye a tejer una red de relaciones más densa y resiliente. Un futuro mejor no es un destino ineludible, queridos lectores, sino una construcción activa, un compromiso compartido. ¿Estamos dispuestos a asumir este compromiso y construir un futuro donde nadie sea un vínculo descartable, sino una parte fundamental de un todo que vale la pena defender juntos?
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Internacionales
Misión humanitaria salvadoreña brinda atención médica y continúa labores de rescate en Venezuela
Los integrantes de la misión humanitaria de El Salvador continúan brindando asistencia a la población afectada por el doble terremoto ocurrido la semana pasada en Venezuela.
Personal del Sistema de Emergencias Médicas (SEM) y de FOSALUD desarrolla jornadas de atención médica dirigidas a las personas afectadas por la emergencia.
Los médicos salvadoreños realizan labores de evaluación, tratamiento y seguimiento de pacientes que resultaron afectados por los terremotos.
Paralelamente, los integrantes del Grupo USAR (Urban Search and Rescue) mantienen las operaciones de búsqueda de sobrevivientes entre los escombros de edificios colapsados.
Nacionales
Cámara capta aparatoso choque provocado por un conductor que se pasó el semáforo en rojo
El irrespeto a la luz roja del semáforo provocó un aparatoso accidente de tránsito la mañana de este lunes sobre el Paseo General Escalón, en la intersección con la 89.ª avenida Sur.
El percance fue captado por las cámaras del sistema de monitoreo Sívar Seguro, instaladas en la zona.
Las imágenes muestran que un automóvil de color negro, que circulaba sobre el Paseo General Escalón, cruzó a gran velocidad sin respetar la luz roja del semáforo.
Como consecuencia, el vehículo fue impactado por un automóvil de color rojo que tenía el derecho de vía.
Tras la colisión, el automóvil que irrespetó la señal de tránsito volcó sobre la vía.




