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Recapturan a varios criminales favorecidos por jueces
La Policía Nacional Civil (PNC) ha recapturado a varios mareros y otros criminales que en vez de estar cumpliendo condenas en las cárceles del país gozaban de total libertad, pues fueron «favorecidos» por jueces del anterior sistema judicial, según ha denunciado el presidente de la república, Nayib Bukele, y el ministro de Justicia y Seguridad, Gustavo Villatoro.
Entre las más recientes capturas figuran la de Rodrigo Tenorio, exalcalde en Puerto El Triunfo, Usulután, con el partido FMLN, quien en 2016 fue capturado por la Policía y acusado por la Fiscalía General de la República (FGR) de financiar y apoyar en logística a criminales de la pandilla 18.
Según la Fiscalía, Tenorio fue procesado en libertad, pues un juez le decretó medidas alternas a la detención desde septiembre de 2016, así como a pagar una fianza de $5,000 y comprometerse a no salir del país ni cambiar de domicilio y presentarse a firmar cada 15 días a un Juzgado de Instrucción.
La decisión del juzgado de procesar en libertad a Tenorio fue duramente criticada por el ministro Villatoro quien expresó que «el sistema judicial corrupto de esos tiempos lo liberó», al referirse a que sucedió en los gobiernos anteriores.
La recaptura del exalcalde fue reportada el 28 de abril de 2022, hoy se le acusa de organizaciones terroristas, delito por el cual podría pasar no menos de 20 años de cárcel, según las reformas hechas al Código Penal.
Rodrigo Tenorio, exalcalde en Puerto El Triunfo con el partido FMLN, fue recapturado el 28 de abril.
El 24 de abril de este año, la Policía arrestó a Saúl Antonio Montano, perfilado como uno de los criminales más sanguinarios que fue procesado por asesinar a una mujer y sus dos hijos, hecho ocurrido el 10 de julio de 2018 en el municipio de San Cayetano Istepeque, en San Vicente.
Según fuentes policiales, Montano es apodado Klever y privó de libertad a esta familia a quienes obligó a atravesar una finca para luego asesinarlas y enterrar sus cuerpos. Una de las víctimas tenía tan solo 8 años.
Sin embargo, a pesar de que las autoridades tenían pruebas de la participación de Montano en este múltiple crimen, el sistema judicial decidió procesarlo en libertad, según expuso la Policía.
«A pesar de que fue capturado por ese triple homicidio y de todas las pruebas en su contra, en el 2020 un juez lo liberó, porque había pasado 2 años detenido sin sentencia firme», comunicó la institución.
La PNC reveló que «A pesar de que fue condenado a 120 años, no puso un pie en prisión porque al ser procesado en libertad, simplemente no se presentó al juicio y siguió delinquiendo en la zona rural de San Cayetano Istepeque».
El criminal fue recapturado el mes pasado y la clica a la que pertenece fue desarticulada por las autoridades en el marco de la estrategia de seguridad para combatir a las maras.
José Misael Cisneros Rodríguez, apodado «Medio millón», es para las autoridades uno de los principales financistas de la Mara Salvatrucha en el departamento de Chalatenango, pues es señalado de proporcionar dinero y armas de fuego a los mareros a cambio de «inmunidad».
«Medio millón había sido procesado por lavado de dinero y activos de $43 millones junto a su cuñado Rafael Eduardo Ardón Romero y su hermana, Sandra Guadalupe Cisneros Rodríguez. A pesar de estos señalamientos, en 2015 fue dejado en libertad por un juez corrupto», denuncio el ministro Villatoro.
Las autoridades reportaron la recaptura de Medio millón el 28 de abril de 2022; al respecto, el ministro expresó: «Esta vez, nos vamos a encargar de que se haga justicia y este terrorista pague por sus delitos».
Además del proceso por lavado de dinero y activos, Cisneros Rodríguez fue capturado por homicidio en 2012 luego de estar más de un año prófugo, y arrestado por agrupaciones ilícitas en 2014.
A raíz de tantos señalamientos por el actuar de algunos jueces, que favorecieron a criminales, el Órgano Judicial inició un proceso de depuración, fue así como a partir de septiembre de 2021 comenzó la renovación de jueces para los Juzgados de Paz, de Primera Instancia y las Cámaras.
De igual manera, fueron promovidos secretarios de tribunales y jueces con potencial, pero que nunca se les brindó la oportunidad para desempeñarse como tal. Hubo también una buena cantidad de jueces que aprovechando las disposiciones del Decreto 144 -que contempló reformas a la Ley de la Carrera Judicial- decidieron retirarse voluntariamente por cumplir 30 años de servicio o 60 de edad. A todos los jueces cesados se les brindó la oportunidad que lo hicieran con derecho a recibir 24 salarios como indemnización.
Hubo también jueces que prefirieron renunciar, como el caso de Guillermo Arévalo Domínguez, polémico por emitir un fallo que favoreció al exdiputado del partido ARENA, Norman Quijano, pues junto al magistrado Carlos Sánchez anularon el proceso de fraude electoral y agrupaciones ilícitas.
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El calor incrementa riesgo de cálculos renales, advierte especialista
La cirujana uróloga, Alva Damaris Ortiz, recomendó esta mañana a la población salvadoreña incrementar el consumo de agua ante las altas temperaturas que se perciben en el territorio, para prevenir la formación de infección en las vías urinarias, cálculos renales e insuficiencia renal.
Ortiz indicó que, especialmente los habitantes de la zona Oriental del país y de las áreas costeras deben consumir por lo menos un litro de agua extra a la cantidad normalmente recomendada que es de dos litros diarios.
«Hay que tomar 35 ml [de agua] por kilo de peso. Alguien que pese 70 kilogramos debe tomar 2.5 a 3 litros diarios. Si hago ejercicios debo agregar entre 500 a 1,000 ml, es decir un litro, más. Si vivo en un lugar de calor como San Miguel, San Luis Talpa, las costas, debo de agregar un litro más», detalló en la entrevista televisiva Frente a Frente.
De acuerdo con la especialista, el calor intenso, como el que se presenta en actualmente en el país, aumenta la probabilidad de formación de cálculos renales si el organismo no está los suficientemente hidratado.
«La deshidratación forma cálculos, el ambiente los forma. Por cada grado centígrado que hay de aumento del calor, tengo 4.2 % más de probabilidades de formar cálculos. También tiene mucho que ver el aumento del consumo de sal, si me deshidrato hay más sal en nuestro cuerpo», explicó.
Asimismo, otros factores como la predisposición genética, el consumo en exceso de bebidas carbonatadas de color oscuro y enfermedades crónicas también puedes desatar la formación de cálculos, dijo Ortiz.
En ese sentido, la cirujana uróloga recomendó mantener un estilo de vida saludables, incrementar la hidratación en los días más calurosos, realizarse chequeos médicos periódicamente para conocer el estado de los riñones y no resistirse las ganas de orinar.
Aconsejó que, si una persona se duerme después de las 8 o 9 de la noche, es preferible consumir los últimos vasos de agua a las 6 de la tarde, para evitar el deseo de orinar durante la madrugada y prevenir la ocurrencia de una cistitis [inflamación de la vejiga] por retener las ganas de ir al baño.
También desmintió que alimentos derivados de la leche provoquen cálculos renales, sino que, aseguró que estos se forman principalmente por la deshidratación.
«La leche no forma cálculos, ni el consumo de calcio, ni los quesos, ni los derivados de la leche. Hay estudios que comprueban que no es la dieta en sí lo que nos está molestando, es el grado de deshidratación que tenemos», añadió.
Ortiz enfatizó en que es necesario que las personas mantengan un hábito de tomar agua durante todo el día, incluso si no tienen calor, se encuentran en un entorno con aire acondicionado o no tengan sed.
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3,000 futuros becados DI reciben con entusiasmo la masterclass sobre ADN de la Pobreza y la Cultura de Integración
3,000 estudiantes de último año de bachillerato de institutos nacionales de la zona paracentral del país han recibido la Masterclass del ADN de la Pobreza y la Cultura de Integración, impartida por el presidente de la Dirección de Integración, Alejandro Gutman.
Los jóvenes, que abarrotaron el Teatro Presidente, se han dividido en 2 jornadas: en cada una han participado 1,500 personas.
Además del mensaje de Alejandro Gutman, los estudiantes han formado parte de una feria de universidades, otra de las actividades que deben de realizar como parte de su Proceso Formativo. En este evento, algunas de las casas de estudio superior o formación técnica presentaron su oferta académica.
Actualmente, Integración tiene convenio con 39 instituciones, que ofrecen ma s de 307 opciones de carreras.
Los estudiantes tomaron su parte en el evento con sus preguntas e inquietudes, haciendo valer la máxima de que las transformaciones solamente son posibles con la participación de cada uno de los ciudadanos. También demostraron su entusiasmo ante la maravillosa oportunidad que tienen al alcance de su mano, donde lo único que necesitan es su determinación y el esfuerzo por conquistar sus sueños.
Cada uno de los aspirantes debe de participar en una serie de actividades que les permitirán optar a una beca.
Durante el resto del año lectivo, los jóvenes participarán en capacitaciones con empresas, refuerzos académicos, brindarán servicio comunitario y asistiran a eventos organizados por los programas integradores. Si completan 6 actividades, pueden escoger la carrera de sus suen os en las universidades participantes; con al menos 4, optara n a carreras técnicas; y con 2, a cursos vocacionales.
Los 3,000 estudiantes que participaron en la masterclass ADN de la Pobreza y la Cultura de la Integracio n son parte de los casi 40,000 inscritos en el Proceso Formativo, para este año. Tomando en cuenta que, a nivel nacional, hay matriculados cerca de 49,000 estudiantes en institutos nacionales, la aceptacio n del Proceso Formativo tiene una participación cercana al 80%. Al final del an o, se espera una inscripcio n histo rica en las universidades de todo el país.
Opinet
Analizando “Magnifica humanitas”, la primera encíclica de León XIV- Lisandro Prieto Femenía
«No nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir, extirpando el mal en los campos que conocemos» (Tolkien, 1954/1993, p. 55).
No es ninguna novedad indicar que habitamos una época deslumbrada por el fulgor del silicio y atravesada por un tiempo donde la conciencia humana parece dispuesta a abdicar de su trono para entregarlo a la fría precisión de las máquinas. ¿No siente usted, querido lector, el sutil deslizamiento de nuestra propia autonomía en cada pantalla que acaricia con resignación? Frente a esta claudicación silenciosa irrumpe la publicación de la encíclica “Magnifica humanitas” del Papa León XIV, un texto que supera las expectativas de un simple documento pastoral, proponiéndonos un auténtico giro ontológico.
El pontífice nos arrincona contra un dilema que debería desgarrar nuestra complacencia posmoderna al obligarnos a elegir entre dos destinos históricos excluyentes. Como advierte solemnemente el inicio de su carta, “la magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos” (León XIV, 2026, párr. 1). El presente que transitamos juntos está enfermo de certezas artificiales e intoxicado por flujos de datos inabarcables, por lo que en este letargo la tarea de la filosofía debe ser un martillo que quiebre el espejo de nuestra propia vanidad (y pereza) tecnológica.
Ahora bien, sondear las profundidades de este replanteamiento ético exige apartar la mirada de la ingenua fascinación que nos provoca la IA y retornar a la raíz material de nuestra condición. La filosofía contemporánea nos viene avisando sobre los peligros de esta deslocalización existencial, sobre todo a partir de Byung-Chul Han, quien en su obra “No cosas: quiebres del mundo de hoy” nos dice que “la digitalización desmaterializa y descorporeiza el mundo” (Han, 2021, p. 13), arrancándonos de la gravedad de la tierra para arrojarnos a un océano de información donde el dolor ajeno se vuelve prácticamente imperceptible.
Justamente, la encíclica denuncia este desarraigo fundamental de la carne. Cuando la tecnología deja de ser un instrumento contingente y se convierte en el horizonte mismo de la verdad, el ser humano queda reducido a una simple variable dentro de una matriz de optimización. Olvidamos con demasiada facilidad que cada línea de código que exige poder computacional descansa sobre una tierra que sangra. ¿Acaso no te desgarra el alma saber que la fluidez de nuestras interacciones virtuales se sostiene sobre la esclavitud moderna de las minas y sobre los cuerpos mutilados para que el cálculo algorítmico jamás se interrumpa? La máquina nunca es neutral y tratarla como si lo fuera constituye la más perversa de nuestras hipocresías.
Esta inquietante asimilación entre la dominación física y el control algorítmico adquiere un eco estremecedor cuando León XIV aborda el devenir de la dignidad humana. En un gesto de una honestidad histórica sin precedentes, el obispo de Roma ofrece una disculpa por la complicidad o el silencio que la propia Iglesia mantuvo durante siglos respecto al horror del comercio de seres humanos, reconociendo este hecho como “una herida en la memoria cristiana” (León XIV, citado en BBC Mundo, 2026). Este ejercicio de purificación de la memoria no debe ser confundido con un desahogo retórico, sino que representa el cimiento ético para lanzar una advertencia dramática sobre los paralelismos que existen entre la esclavitud tradicional y las amenazas emergentes de las que denomina “nuevas esclavitudes digitales” (León XIV, citado en BBC Mundo, 2026). Para sacudir nuestra modorra existencial, el Papa justifica la severidad de sus analogías al declarar que “la palabra es fuerte, lo sé, pero ha sido elegida deliberadamente porque este momento exige palabras capaces de captar la atención” (León XIV, citado en BBC Mundo, 2026). Si en el pasado la barbarie se camufló bajo discursos de progreso económico, hoy la sumisión de la conciencia se disfraza de comodidad digital y eficiencia predictiva.
Es frente a esta claudicación del espíritu donde la teología que vertebra la encíclica nos devuelve, de manera casi violenta, al misterio ineludible de la carne y de la gracia. Resulta de una radicalidad absoluta sostener desde el inicio del documento que “el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado” (Concilio Vaticano II, 1965, párr. 22). Al recuperar esta premisa ineludible de la constitución pastoral “Gaudium et spes”, el Papa nos está diciendo a la cara que nuestra salvación no provendrá jamás de una arquitectura de redes neuronales, sino de la sucia, finita y agónica realidad de la existencia humana tocada por la divinidad.
Contra el espejismo de un transhumanismo que busca curar a la humanidad amputando su vulnerabilidad y su misterio, la respuesta de la fe exige volver a mirar al otro a los ojos. El texto papal alcanza su mayor hondura moral y existencial al recordarnos que “la calidad de una civilización se mide no por el poder de sus medios, sino por el cuidado que sabe ofrecer, por la capacidad de reconocer un rostro en el otro y no una función” (León XIV, 2026, párr. 114). Deténgase un segundo y pregúntese cuántos rostros vivos ha ignorado hoy mismo por agachar la cabeza ante el resplandor de su dispositivo móvil.
Este reconocimiento ineludible del prójimo devela también las dinámicas de poder y la asimetría económica que configuran la tecnología posmoderna. León XIV arroja luz sobre una de las trampas más sofisticadas de la gobernanza corporativa al recordarnos que la IA no es un ente abstracto que opera en el vacío, sino que toma de manera inevitable el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza. La pretensión de resolver las tensiones morales mediante comités éticos diseñados por las mismas corporaciones transnacionales se revela como una claudicación democrática insostenible. En este sentido, el pontífice sostiene con implacable lucidez que “no servirá de nada una IA más moral, si esta moral es decidida por unos pocos” (León XIV, 2026, párr. 62). La supuesta neutralidad algorítmica es, en realidad, la imposición silenciosa de una visión del mundo unilateral que asfixia el pluralismo y convierte las decisiones existenciales en cálculos de rentabilidad geopolítica y comercial. ¿No es acaso alarmante constatar cómo nuestra propia noción de justicia, de bien y de verdad está siendo sigilosamente programada por una reducida élite tecnológica que legisla desde sus laboratorios sin rendirle cuentas a nadie?
La precitada privatización de la soberanía moral sobre el algoritmo engendra, en definitiva, una fractura social de proporciones insospechadas. Es que la privatización total de la riqueza digital viola directamente el destino común de la creación, en tanto que, al integrar una de las tesis económicas más revolucionarias de la doctrina social de la Iglesia al ámbito cibernético, León XIV sostiene de forma clara que “hoy, entre los bienes que están destinados universalmente a todos, debemos incluir también las nuevas formas de propiedad: patentes, algoritmos, plataformas digitales, infraestructuras tecnológicas, datos” (León XIV, citado en Ámbito Financiero, 2026).
Al despojar al código de su estatus de mercancía exclusiva para concebirlo como un bien universal, el Papa está redefiniendo la exclusión posmoderna. Cuando la infraestructura tecnológica y las patentes de procesamiento se concentran en un puñado de corporaciones opacas que eluden el escrutinio social, el riesgo no es sólo comercial, sino ontológico, pues “crece el riesgo de un desarrollo distorsionado que provoca nuevas dependencias, exclusiones, manipulaciones y desigualdades” (León XIV, citado en Ámbito Financiero, 2026). Esta marginación algorítmico-social establece una nueva casta de desposeídos existenciales que quedan privados del control de sus propias narrativas vitales. Haga el intento, amado lector, de encontrar con quién quejarse en su red social favorita por cualquier asunto: se encontrará con la nada misma, direccionamientos que no dan respuestas y “centros de ayuda” que están completamente de adorno, reforzando así la impunidad de la censura, por un lado, y de la imposición de contenido asqueroso, por el otro.
Frente a esta colonización de la conciencia, la resistencia de la conciencia exige asimismo una profunda reforma del espíritu, una ascesis que la encíclica localiza con valentía en la vida cotidiana y escolar. En un pasaje de gran calado existencial, el Papa nos exhorta a “educarnos en el ayuno de la IA” (León XIV, 2026, párr. 140), proponiendo una desconexión deliberada que no nace del “temor luddita” (miedo o resistencia conceptual y práctica ante la posibilidad de que el avance tecnológico desplace a los trabajadores humanos), sino de la necesidad de custodiar nuestra propia capacidad contemplativa. La gratuidad del pensar requiere tiempo, silencio y la paciencia del error. Cuando delegamos el esfuerzo intelectual a la inmediatez de una respuesta generada de forma automatizada, corremos el riesgo de extinguir la chispa que da origen a la verdadera sabiduría. El documento lo expresa con agudeza cuando advierte que “la rapidez y la facilidad con la que se obtiene una respuesta o una síntesis hacen correr el riesgo de que se apague el deseo de plantear preguntas, que sólo da fruto con el tiempo” (León XIV, 2026, párr. 143). En este sentido, la escuela debería ser el bastión de lo analógico, un santuario donde las relaciones interpersonales reales y el tiempo compartido pongan a salvo lo que el silicio jamás podrá replicar. ¿Cómo podemos engendrar nuevos horizontes de pensamiento si acostumbramos a nuestra juventud a consumir únicamente las respuestas patrocinadas por un software de dudosa procedencia?
Al resguardar la intimidad del pensamiento, la encíclica desmantela la fantasía de que las máquinas puedan suplantar el discernimiento íntimo del sujeto. Con un rigor asombroso, el pontífice nos recuerda que estos sistemas informáticos carecen de una dimensión ontológica fundamental, pues “tampoco tienen una conciencia moral: no juzgan el bien y el mal. Pueden imitar lenguajes, comportamientos, valoraciones; pueden simular empatía y comprensión, pero no conocen lo que producen, porque no residen en el horizonte afectivo, relacional y espiritual en el que el ser humano se vuelve sabio” (León XIV, 2026, párr. 89). En esta incapacidad radical para el amor y el dolor se instala la urgencia de establecer límites infranqueables a su aplicación en la toma de decisiones. El texto papal subraya con preocupación que “si el desarrollo tecnológico avanza sin una adecuada maduración ética y social, puede suceder que aumenten los medios sin que crezca en la misma medida la humanidad: se “tiene más”, pero no se “es más”, y la persona corre el riesgo de ser valorada principalmente en base al rendimiento que ofrece” (León XIV, 2026, párr. 104). En pocas palabras, nos está diciendo que la reducción de la existencia a meras métricas de productividad es el preámbulo de una sociedad desprovista de compasión.
La gravedad de esta deshumanización sistemática adquiere su expresión más mortífera al abordar el escenario bélico. El problema ético de nuestro siglo ya no se limita únicamente a decidir qué prodigios técnicos podemos materializar, sino a determinar qué atrocidades debemos negarnos obstinadamente a cometer. Hans Jonas anticipó con lucidez nuestra desmesura prometeica en “El principio de responsabilidad: ensayo de una ética para la civilización tecnológica”, alertando que “la técnica moderna ha introducido acciones de una magnitud tan diferente que los marcos de la ética anterior ya no pueden contenerlas” (Jonas, 1995, p. 28). León XIV recoge este testigo histórico para denunciar la aberración suprema de delegar las decisiones de vida o muerte a sistemas de armamento autónomos, desnudando la cobardía moral de una guerra sin combatientes humanos visibles. El Papa nos advierte solemnemente que “toda tecnología que facilite atacar sin ver el rostro del otro rebaja el umbral moral del conflicto” (León XIV, 2026, párr. 110), despojando a la tragedia del dolor de la piedad y convirtiendo a la muerte en una fría estadística de rendimiento. Sentenciando este extravío con palabras definitivas, también sostiene categóricamente que “ningún algoritmo puede hacer que la guerra sea moralmente aceptable” (León XIV, citado en BBC Mundo, 2026). Es decir, al desahuciar la responsabilidad personal de la cadena de mando, la guerra automatizada se desentiende de la culpa y de la posibilidad misma del arrepentimiento. ¿Seremos capaces de sostener la mirada ante las víctimas de un verdugo que carece de alma, o permitiremos que la distancia tecnológica anestesie definitivamente nuestro sentido de la compasión?
Esta confrontación frente a las derivaciones más extremas de la técnica conecta de manera íntima con la intuición poética que J. R. R. Tolkien plasma en “El señor de los anillos: El retorno del rey”, cuando nos recuerda que no nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino actuar con absoluta responsabilidad ética en los campos y en el tiempo que nos han tocado vivir (Tolkien, 1954/1993, p. 55). Estas célebres palabras cobran una escalofriante vigencia al contraponerse a la pretensión algorítmica de predecir, modelar y fiscalizar cada resquicio de nuestra existencia. Frente a la tentación fáustica de una optimización perpetua que busca abolir la vulnerabilidad de nuestra carne para sustituirla por un simulacro de orden absoluto, la teología de “Magnifica humanitas” coincide en que la verdadera custodia del mundo pasa por la valiente asunción de nuestra finitud. Desarmar el mito de nuestra omnipotencia tecnológica y renunciar a la desmesura del control cibernético no constituye un repliegue al progreso, sino el único cimiento posible sobre el cual podemos construir una auténtica libertad compartida, liberada por fin del cálculo mercantilista que todo lo marchita.
Asomados al borde de este abismo existencial, constatamos que no queda margen para el adormecimiento intelectual, pues delegar nuestra angustia ética a una máquina nos condena a la más triste de las servidumbres. Si permitimos que el deseo de la inmediatez apague la humilde y fecunda labor de formular preguntas lentas, habremos consumado la renuncia voluntaria de nuestra propia condición humana. ¿Seremos nosotros la generación que abdique de su libertad a cambio del confort inconfesable de no tener que pensar, entregando la custodia del alma a un puñado de cables? ¿Es posible que, al intentar diseñar un mundo exento de dolor y de incertidumbre, estemos edificando la prisión más perfecta y silenciosa de la historia? Cuando esta lectura concluya y el murmullo de sus notificaciones vuelva a reclamar su atención, ¿se atreverá a sostener el ayuno del espíritu para redescubrir, en el silencio del encuentro real, que su vulnerabilidad sigue siendo su mayor gloria?
Referencias bibliográficas y fuentes consultadas
BBC Mundo. (2026, 25 de mayo). León XIV pide en su primera encíclica como papa «desarmar» a la inteligencia artificial y advierte de sus peligros. BBC. https://www.bbc.com/mundo/articles/czr22v6ddk6o
Concilio Vaticano II. (1965). Constitución pastoral Gaudium et spes sobre la Iglesia en el mundo actual. La Santa Sede.
Han, B.-C. (2021). No-cosas: Quiebras del mundo de hoy (J. Chamorro Mielke, Trad.). Taurus.
Jonas, H. (1995). El principio de responsabilidad: Ensayo de una ética para la civilización tecnológica (J. M. Fernández Retenaga, Trad.). Herder.
León XIV. (2026). Carta Encíclica Magnifica humanitas sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. La Santa Sede. https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html
Tolkien, J. R. R. (1993). El Señor de los Anillos: El retorno del rey (M. Figueroa, Trad.). Minotauro. (Obra original publicada en 1954).
Vatican News. (2026, 25 de mayo). «Magnifica humanitas»: el llamado del Papa León XIV de proteger a la humanidad en tiempos de IA. Dicasterio para la Comunicación. https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2026-05/la-enciclica-papa-leon-xiv-magnifica-humanitasla-inteligencia-ia.html




