El hambre aprieta más por la pandemia: “Por favor, me regala cinco centavos…”

De nuevo, los más vulnerables son las primeras víctimas en tiempos de crisis. En San Salvador, ha surgido un nuevo fenómeno: personas, sobre todo mayores, con vasitos plásticos en mano pidiendo ayuda a todo el que pueden.

Su tarea no es nada fácil con esta emergencia. Por una parte, se rebuscan para sobrevivir, pero corren el grave riesgo que al no justificar su permanencia en la calle sean enviados a cuarentena.

Solo en la capital, millares pasaron del empleo por cuenta propia a la inactividad total. Y tras esos miles hay familias, algunas veces numerosas y con enfermos, que ahora sufren de manera directa las secuelas económicas de la pandemia.

Hace unos días alguien tocó a la puerta. Era una sexagenaria, estatura pequeña, piel curtida, pelo cano recogido en moño. Su enorme delantal de tres bolsas, con revuelos en blanco, la delató como posible vendedora.

“Por favor, me regala cinco centavos…”, dijo de una manera suave, amable, mientras extendía en su mano derecha un vasito de plástico celeste.

No demostró estar en condición de calle. Su camiseta amarilla de cuello redondo y su falda gris, por supuesto su enorme delantal, todo estaba muy limpio.

Tras recibir la ayuda, se retiró agradeciendo. “Voy de puerta en puerta”, comentó.

El hambre aprieta más por la pandemia y esto se evidenció con creces el pasado lunes cuando miles y miles abarrotaron los CENADE en busca de la ayuda ofrecida. Esto, sumado a los testimonios de quiénes, tras contar sus desgracias personales y familiares en la televisión, se topaban con la amarga noticia de no ser beneficiarios con los $300.

Que si fue el mejor sistema de entrega. Que si hay trasfondo político… Cada quien responderá lo que considere “apropiado”.

Lo inequívoco es que nuestra gente ha sufrido y sigue sufriendo. No veo a los grandes comerciantes, empresarios y restauranteros, por no decir más, obsequiando comida o productos de primera necesidad (o quizá ya llevaron su aporte al Centro de Acopio Nacional en CIFCO).

En California, Estados Unidos, ya hay un grupo de restauranteros latinos cocinando todos los días para obsequiar a quien lo necesite. A diferencia de nuestro país, allá los pobres tienen carros y las filas de vehículos para recoger un poco de comida parecen interminables. ¿Y aquí?