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Vida

Exceso de trabajo puede conducir a la muerte, según estudio de la OMS

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Un nuevo estudio sobre las causas de muerte relacionadas con el trabajo encuentra que las largas jornadas laborales son el mayor factor de riesgo ocupacional.

Un estudio conjunto de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que casi 2 millones de personas mueren cada año por enfermedades y lesiones relacionadas con el trabajo.

El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, dijo que es impactante ver a tanta gente literalmente muerta en sus trabajos y que cada fallecimiento relacionado con el trabajo se puede prevenir con las medidas adecuadas de salud y seguridad.

«Más del 80% de las muertes relacionadas con el trabajo se deben a enfermedades no transmisibles, principalmente enfermedades cardiovasculares y respiratorias, que son causadas o agravadas por factores de riesgo que representan 750.000 muertes en el lugar de trabajo cada año», dijo Tedros.

El estudio considera 19 factores de riesgo ocupacional, incluida la exposición a largas horas de trabajo y a la contaminación del aire en el lugar de trabajo, así como los cancerígenos y el ruido. La mayoría de las muertes – un 80% – se deben a enfermedades ocupacionales no transmisibles, el 20% restante se debe a accidentes laborales.

Frank Pega es oficial técnico del Departamento de Medio Ambiente, Cambio Climático y Salud de la OMS y dijo que quienes corren mayor riesgo son los hombres y las personas mayores de 54 años. Agregó que una cantidad desproporcionadamente grande de muertes relacionadas con el trabajo ocurren en África, el sudeste asiático y el Pacífico occidental.

«Dentro de estas regiones, también podemos decir que los países de ingresos bajos y medianos se ven más afectados que los países de ingresos altos, y creo que… con los trabajadores desfavorecidos, específicamente los trabajadores de la economía informal», dijo Pega. «Entonces, los trabajadores de la economía informal probablemente laborar en trabajos que tienen menos protección y, por tanto, están expuestos a más factores de riesgo ocupacional».

El informe considera a Corea del Norte como el país con la mayor carga de muertes relacionadas con el trabajo, con un promedio de 79,5 muertes por cada 100.000 habitantes de 15 años o más en edad laboral, seguido por Indonesia y Nepal. Empatados en cuarto lugar con 43,7 muertes por cada 100.000 trabajadores están Bangladesh e India.

El estudio no incluye datos sobre el impacto de las muertes relacionadas con el trabajo por COVID-19. Los autores dicen que esta información se obtendrá en estimaciones futuras.

Vida

Tipos de migraña, síntomas, características y causas de este dolor

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“Cuando tenía migraña no quería ni salir de mi casa. Falté al trabajo varias veces y nadie me creía que un dolor de cabeza era para tanto. Tener migraña fue una de las peores experiencias de mi vida”, me contó mi amiga Sandra que durante varios años lidió con esta condición. Existen diferentes tipos de migraña y, aunque comparten síntomas, características y causas, este dolor puede variar de una persona a otra sin que la ciencia se haya explicado todavía con certeza a qué se debe. Incluso puede desaparecer y reaparecer sin razón aparente.

Migraña con aura o sin aura

La literatura médica reconoce dos tipos principales de migraña: la migraña con aura, a la que se llama “clásica”, y la migraña sin aura, reconocida como la más común. El aura se refiere a un conjunto de síntomas neurológicos que advierten cuando el dolor está a punto de ocurrir. Es decir que una persona que sufrirá migraña puede experimentar “aura” unos 10 o 15 minutos antes de que suceda, o incluso hasta 24 horas antes. El aura suele provocar:

  • Visión borrosa.
  • Dolor ocular.
  • Manchas de color o un punto de ceguera temporal.
  • Visión de túnel.
  • Ver destellos o estrellas o líneas en zigzag.

Los síntomas

La Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos enlista varios síntomas de la migraña que pueden variar de una persona a otra, pero que generalmente comienzan con un dolor sordo y empeoran rápidamente. Pueden sentirse como palpitaciones o latidos violentos, particularmente de un lado de la cabeza, detrás de un ojo o en la parte posterior de la cabeza, incluso del cuello. Una migraña puede extenderse de cuatro a 72 horas.

Estos dolores de cabeza pueden acompañarse de:

  • Escalofríos.
  • Micción más frecuente.
  • Fatiga y pérdida del apetito.
  • Náuseas y vómitos.
  • Sensibilidad a la luz o al sonido.
  • Sudoración.

Posteriormente al episodio de migraña la persona puede sentir que su pensamiento no es claro, puede estar somnolienta y experimentar dolor de cuello, lo que se conoce como “resaca migrañosa”.

Causas y tratamiento de la migraña

La migraña es el resultado de una actividad cerebral anormal que puede ser causada por muchos factores. Quizá por ello la ciencia desconoce la causa exacta de una migraña. Comúnmente aparecen entre los 10 y los 45 años de edad, pueden ser hereditarias y son más frecuentes entre las mujeres.

Entre los factores que pueden desencadenar una migraña se encuentran los cambios hormonales durante el ciclo menstrual, falta de sueño, beber alcohol, algún estrés físico, ruidos fuertes o luces brillantes, abstenerse de alguna comida, ciertos aromas, fumar, atravesar por un periodo de estrés o ansiedad e incluso ciertos alimentos. Los más comunes son: chocolate, ciertos quesos, productos con glutamato monosódico, alimentos que contienen tiramina, algunas frutas, encurtidos y embutidos, y algunas nueces y semillas.

No existe un tratamiento o una cura específica para la migraña. Lo más efectivo es tratar de detectar qué la desencadena y abstenerse de ello. Si se presenta con frecuencia lo mejor es consultar a un profesional médico que evalúe la mejor manera de tratar los síntomas y reducir los episodios.

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Vida

¿Qué es el “Covid Largo” y por qué es tan difícil de superarlo?

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Los casos de «covid largo», que hacen que el paciente arrastre los síntomas de la enfermedad durante meses, empiezan a estar mejor definidos pero, aun así, las dudas acerca de su naturaleza real siguen persistiendo.

«Hay que hacer más por la investigación del covid largo y por los pacientes afectados», apuntaba a finales de septiembre la médica suiza Myssam Nehme, durante un coloquio organizado por el instituto Pasteur.

Como otros investigadores, Nehme trabaja para definir mejor la realidad del covid largo, es decir, la persistencia de síntomas en un paciente que enfermó meses antes de covid-19.

Ya el año pasado, poco después de que empezara la crisis sanitaria, numerosos pacientes aseguraban que mucho tiempo después de haberse contagiado del covid-19 seguían padeciendo algunos de sus síntomas, como cansancio, problemas para respirar o la pérdida del olfato.

En la actualidad, la existencia de este fenómeno genera consenso. La mayoría de los investigadores y varias autoridades sanitarias reconocen que algunas personas sufren síntomas duraderos de la enfermedad, y no solo las que enfermaron de forma grave.

Myssam Nehme estima, tras un estudio realizado con varios centenares de pacientes, que más de un tercio continúa presentando, al menos, un síntoma de la enfermedad siete, ocho o nueve meses después.

Pero esto no es más que el punto de partida. No se sabe qué puede causar la persistencia de estos síntomas: ¿acaso queda una pequeña cantidad del virus en el organismo? ¿O es que los órganos quedan dañados, ya sea por el virus o por la respuesta inmunitaria? ¿Tendrá esto una raíz puramente psicológica?

Interrogarse sobre las causas conduce a otra pregunta. ¿Existe un único covid largo? ¿O se están clasificando bajo un mismo término realidades muy distintas, entre pacientes afectados por formas leves del covid y otros que sí que sufrieron complicaciones, hasta el punto de tener que ser hospitalizados o ingresados en cuidados intensivos?

«El covid largo significa ahora cosas distintas en diferentes contextos y para diferentes personas», declaró en agosto el neumólogo estadounidense Adam Gaffney, en una tribuna en el New York Times.

Gaffney, que no niega que se tenga que tomar en serio a cada paciente con síntomas a largo plazo, teme que se esté creando alarmismo en los medios de comunicación. Ante la diversidad de casos calificados como covid largo, expresó sus dudas sobre la existencia de una patología únicamente ligada a la infección de coronavirus.

Sin embargo, desde hace unas semanas, varios estudios -como el de Nehme- tratan de centrarse en las especificidades del covid. Al contrario de lo que ocurría con los trabajos realizados rápidamente al principio de la pandemia, los de ahora comparan la frecuencia de los síntomas con pacientes que no han estado enfermos o que contrajeron otras patologías.

Es el caso de un estudio publicado a finales de septiembre en la revista PLOS One por un equipo británico. A partir de los datos recabados en cerca de 300.000 pacientes, la investigación señala que los síntomas típicos del covid largo son más frecuentes en personas que enfermaron de covid-19 que en las que pasaron la gripe estacional.

Esto «lleva a pensar que su origen podría estar parcialmente vinculado a una infección del SARS-Cov-2», el virus que provoca el covid-19, sostiene el estudio.

Sin embargo, resulta difícil extraer conclusiones porque el estudio constata una gran diversidad de síntomas, en función de la gravedad de la enfermedad y de la edad de los pacientes.

¿Y qué hay de los niños?

Y, en este sentido, ¿hasta qué punto los niños están amenazados por un covid largo?

La respuesta puede influir en el enfoque que se dé a la vacunación para los más jóvenes. Estos prácticamente no corren ningún riesgo de desarrollar una forma grave del covid-19, pero una forma larga de la enfermedad sí que podría ser perjudicial.

Pero también en este punto algunos científicos advierten que no se debe caer en el alarmismo. Un metaanálisis publicado a finales de septiembre en la revista Pediatric Infections Disease Journal, a partir de una quincena de estudios previos, estima que estos últimos están a menudo sesgados y que inflan la frecuencia de casos de covid largo entre los más jóvenes.

«El riesgo real probablemente esté mucho más cerca de uno de cada cien que de uno de cada siete, una proporción muy utilizada», consideró en Twitter uno de los principales autores del análisis, el investigador y pediatra Nigel Curtis.

No obstante, Curtis recordó que por muy pequeña que pueda parecer la proporción de uno de cada cien, esta sigue representando a numerosos casos, por lo que hay que estudiar bien cómo tratarlos.

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Vida

Descubre síndrome anal inquieto, una secuela más por COVID-19

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Muchas son las secuelas que quedan con el COVID, pero muy pocas veces se había oído hablar del “síndrome anal inquieto”. El último caso se ha dado en un hombre de 77 años, en Japón.

Tras superar la enfermedad, el paciente tuvo que ser trasladado a un hospital con profundas molestias anales, las cuales los médicos interpretaron como consecuencias directas de haber sido víctima de la pandemia, achacadas al sistema nervioso.

El señor, que fue ingresado en el Hospital Universitario Médico de Tokio después de dar positivo, no necesitó oxígeno durante su estancia y empezó a respirar con normalidad 21 días después.

Sin embargo, una de las secuelas que le quedaron fue el dolor anal, que no se vio aliviada ni por la defecación, según ha podido dar a conocer el doctor que le ha tratado, Itaru Nakamura, que además, definió esa dolencia como una afección muy poco común, asociada con el “impulso esencial de moverse”, además de a algunos síntomas como el mal descanso, el sedentario y la pérdida del sueño. 

Al parecer, se trataría de una variante del síndrome de las piernas inquietas, que afecta hasta a una de cada 10 personas.

Al obtener el diagnóstico tras una colonoscopia, el doctor Nakamura descubrió que el paciente tenía hemorroides internas, pero ningún otro daño rectal, llevándole a pensar que era una consecuencia directa del COVID-19 basada en la afección neurológica común que causa un impulso irresistible abrumador de mover las piernas, además de sensaciones desagradables en las extremidades.

Por ahora, el hombre continúa mejorando después de 10 meses con la medicación otorgada.

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