Jetset
«Dune 2», crítica: Una obra maestra de la ciencia ficción
El éxito de «Dune: Parte Dos» se presagiaba basándose en la calidad cinematográfica de las películas del director Denis Villeneuve, y sobre todo por el resultado de la primera entrega, que hizo justicia en la gran pantalla al libro original de Frank Herbert, algo que no logró la adaptación de 1984 dirigida por David Lynch.
«Dune» dejó la vara muy alta para la secuela, ya que la puesta en escena de la historia, acompañada por la actuación de Timothée Chalamet, Oscar Isaac, Josh Brolin, Rebecca Ferguson y Stellan Skarsgard, y la recreación de los escenarios desérticos e imponentes, fue una experiencia cinematográfica que enamoró a cinéfilos y a la crítica, y que dejó atisbos de expectativa para la continuación de la saga desde que finalizó la primera parte con los protagonistas siendo testigos de las maravillas del desierto de Arrakis.
La segunda parte de «Dune» no solo estuvo a la altura de primera película, la superó. Durante todo el largometraje se cuentan escenas memorables por montón, y es que es difícil quedarse con uno o dos momentos de la película, ya que desde el inicio presenta un ambiente de intensidad y suspenso, que desde entonces muestra que ofrecerá más emociones que la primera película. La riqueza audiovisual es verdaderamente sorprendente, tal como se observó desde la primera parte, sin embargo, la apuesta sube con creces con nuevos escenarios como la arena en donde es presentado el temible Feyd-Rautha (Austin Butle), cuya presentación deja la sensación de que no tiene rival que pueda siquiera igualarlo.

Paul Atreides (Timothée Chalamet) construye los cimientos de su plan para vengar a su padre, el duque Leto Atreides, y a su gente, que fue masacrada por los Harkonnen, y aprovecha la profecía del mesías de los Fremen para liderarlos hacia su objetivo. De forma meticulosa, la historia se va desarrollando bajo esa primicia maquillada por su «deseo» de aprender las costumbres de esa gran tribu y de liberarlos de las garras del imperio. Más allá de la sorprendente cinematografía que incluye el desierto, recreaciones de Arrakeen, Giedi Prime, arenas y palacios, la película se cocina, sin apresurarse, en la evolución de Paul y su madre, principalmente, y en las razones del conflicto, que demuestran la riqueza de su argumento, que fácilmente podría haberse enterrado bajo los efectos audiovisuales.
La religión, la política, el poder y la moral combaten y se mezclan como si estuviesen en un remolino de arena en el desarrollo de la historia, en donde el conflicto de intereses genera una creciente tensión que se disipa hasta el final de la película, que se va gestando de forma paralela con la impresionante banda sonora a cargo del inigualable Hans Zimmer, que mantiene al público al borde de la butaca con este recurso sensorial para atraparlo más en la narrativa.

¡Spoilers adelante!
Todo bien con «Dune: Parte Dos», la cinematografía, el guion, las actuaciones, los efectos audiovisuales, la banda sonora, y, sobre todo, por las emociones que genera. Es probable que más de alguno experimente «piel de gallina» con ciertos metrajes de la película, como cuando el mismísimo emperador y sus tropas se instalan en Arrakis, y reciben el ataque sorpresa de los Fremen con bombas de alto poder destructivo, tres gusanos de arena y las tropas que emergen en el suelo desértico. Después de ser testigos de la despiadada masacre producida por las dagas de los Harkonnen, observar la exitosa ofensiva del bando de Paul es satisfactorio y deja lugar a la euforia, similar a la subida de emociones que dejó el discurso de Muad´Dib Usul ante las tribus sureñas de Arrakis, en donde lo proclamaron Lisan Al Gaib.
Denis Villeneuve supo humanizar esta apuesta cinematográfica de ciencia ficción como pocas veces se ha visto en el cine, a la cual Christopher Nolan comparó con «El Imperio Contraataca», una de las mejores películas en la historia del género.
Las emociones palpables de cada personaje bajo la actuación de un destacable elenco liderado por Chalamet, Zendaya y Rebecca Ferguson sumergen al público en una historia satisfactoria, por los logros de los Fremen, hasta que Paul se encuentra con un adversario que parece imposible de vencer, Feyd-Rautha.
A medida que la pelea trasciende las esperanzas parecen irse escapando, y es que este Harkonnen, sin escrúpulos ni piedad, parece que va a vencer a Paul Atreides cuando acierta el primer golpe contundente con su daga, y luego, la escena hace creer que existe un segundo impacto mortal que ha acabado con el protagonista. Toda la euforia, meticulosamente trabajada durante la película, parece escaparse en cuestión de un segundo.
Denis Villeneuve supo manejar los tiempos, las emociones, mantener firme el argumento, introducir los giros, y, en general, elevar una apuesta que parecía imposible de superar con el éxito de «Dune: Parte Uno», pero que dejó la vara aún más alta para el desenlace de la historia de Paul Atreides y los Fremen, que, en la segunda parte, el final deja la misma sensación que la primera, con altas expectativas para lo que se viene.
Jetset
¡Escándalo en redes! Stanley denuncia públicamente presuntas intimidaciones y amenazas con señas de pandillas por parte de Yeik y su grupo
Un video que se ha viralizado rápidamente en Facebook está generando conmoción en las redes sociales. Se trata de un reel publicado en la página ITR Noticias Oficial, donde un joven identificado como Stanley rompe su silencio para denunciar una situación que califica de extremadamente grave: presuntas intimidaciones y amenazas realizadas mediante señas asociadas a pandillas.
En el clip, que ya acumula cientos de miles de reproducciones y miles de reacciones, Stanley aparece visiblemente afectado mientras relata los hechos. Según su testimonio, Yeik y sus amigos habrían utilizado gestos y señales típicamente vinculadas a estructuras pandilleriles para intimidarlo, en lo que él interpreta como un intento claro de amedrentamiento.
La denuncia ha encendido las alarmas entre los usuarios, quienes se preguntan si se trata de un caso aislado o si refleja una problemática más profunda en la que símbolos y códigos de pandillas se utilizan para ejercer presión o control sobre personas en entornos cotidianos o digitales.
El tono del video es dramático y urgente. Stanley hace un llamado directo a la opinión pública para que se visibilice su caso y, según lo que expresa, busca protección ante lo que percibe como una amenaza real a su integridad física y emocional.
Expertos en seguridad y criminología consultados en redes coinciden en que el uso de señas pandilleriles fuera de su contexto original representa un fenómeno preocupante. Estas señales, originalmente diseñadas para comunicación interna de grupos delictivos, están siendo apropiadas en algunos casos para intimidar, humillar o generar miedo en personas ajenas al mundo criminal.
El hecho de que esta denuncia se haya hecho pública a través de un formato corto y altamente viral como los reels de Facebook demuestra cómo las redes sociales se han convertido en el principal canal para exponer situaciones de riesgo que, de otra forma, podrían quedar en la impunidad o en el silencio de las víctimas.
Muchos internautas han expresado solidaridad con Stanley, compartiendo el video masivamente y exigiendo que las autoridades correspondientes investiguen los hechos denunciados. Comentarios como “Esto no puede quedar así” o “Necesita protección ya” se repiten en la sección de reacciones.
Al mismo tiempo, surgen voces que piden prudencia y verificación de la información antes de sacar conclusiones definitivas. Algunos usuarios señalan que, aunque las imágenes y el testimonio son impactantes, es necesario que exista una investigación formal para determinar la veracidad y gravedad de los gestos mostrados.
Lo innegable es que este reel ha puesto sobre la mesa un tema delicado: la normalización del miedo y la intimidación a través de códigos que la mayoría de la población asocia inmediatamente con violencia organizada. El caso de Stanley podría ser solo la punta del iceberg de muchas historias similares que no llegan a viralizarse.
Mientras las autoridades no se pronuncian oficialmente, la ciudadanía sigue debatiendo en redes: ¿hasta dónde llega la libertad de expresión cuando se utilizan símbolos de pandillas para amenazar? ¿Qué mecanismos de protección existen realmente para personas que se sienten intimidadas de esta forma en la era digital?
Este video, más allá de su impacto viral, sirve como recordatorio de que las redes sociales no solo entretienen, sino que también pueden ser el último recurso —y a veces el único— para que una víctima alce la voz ante una situación que percibe como peligrosa. El caso Stanley-Yeik seguirá dando de qué hablar en los próximos días.

Jetset
Matthew McConaughey toma medidas para resguardar su imagen frente a la IA
El reconocido actor Matthew McConaughey ha decidido patentar su propia imagen para evitar su uso indebido por tecnologías de inteligencia artificial (IA). Esta acción busca frenar posibles creaciones de deepfakes u otras representaciones generadas por algoritmos sin el permiso del actor.
La iniciativa de McConaughey llega en un momento en que celebridades, figuras públicas y profesionales de distintas industrias enfrentan un creciente uso de la IA para crear contenidos falsos o manipulados que podrían afectar su reputación o ser utilizados sin su autorización.
Según fuentes especializadas, la patente de la imagen personal es un recurso legal que le permite al actor reclamar derechos sobre ciertos usos comerciales o digitales de su apariencia física, voz o expresiones faciales generadas por sistemas de inteligencia artificial.
Dicha medida no impide por completo que terceros intenten crear versiones virtuales o alteradas de personas conocidas, pero sí proporciona una base jurídica.
Esta no es la primera vez que una figura pública toma acciones legales para frenar la explotación de su imagen en las plataformas digitales.
Jetset
Salvadoreña calza a Benny Blanco en los Globos de Oro
La gala de los Golden Globes no solo es el escenario de lo mejor del cine y la televisión, sino también la vitrina de moda más importante del inicio de año. En esta edición, El Salvador dejó su huella gracias a la diseñadora Vanessa Jeréz quien fue la mente creativa detrás del calzado que lució el productor musical Benny Blanco, actual pareja de la estrella Selena Gómez.
El diseño, que captó las miradas de la prensa internacional, no solo destaca por su estética vanguardista, sino por su origen: calzado diseñado y producido 100% por manos salvadoreñas.
Vanessa Jeréz ha confirmado con entusiasmo que este proyecto representa la calidad y la capacidad de la industria artesanal de El Salvador.
«No me lo creo. Uno de mis diseños está ahorita en la alfombra roja, les cuento. En el lugar donde trabajo, hicieron la solicitud de hacerle unos diseños y unas propuestas a Benny Blanco, yo trabajé las propuestas, los diseños, se las enviamos y eligieron algunas. Comenzamos a trabajarlas, comenzamos a desarrollarlas, pero jamás me imaginé que realmente los iba a utilizar, así que aquí les presento un diseño 100% salvadoreño, elaborado 100% en El Salvador», expresa la diseñadora de producto artesanal a través de un video colgado en su cuenta de Instagram.
Ver a una figura de la talla de Benny Blanco caminar por la alfombra roja junto a Selena Gómez luciendo piezas hechas en El Salvador es un recordatorio del potencial creativo del país. Vanessa Jeréz ha logrado lo que muchos consideran un sueño: llevar la etiqueta «Hecho en El Salvador» a uno de los eventos más exclusivos del mundo.


