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Abren el paso peatonal y vehicular en el Centro Histórico
El Gobierno del presidente Nayib Bukele entregó ayer renovadas las nuevas calles recuperadas en el Centro Histórico de San Salvador, informó la alcaldía capitalina. Asimismo, detallaron que esto es parte de la fase 5 del plan de revitalización, la cual cumple 10 años de haber comenzado, cuando Bukele era el alcalde.
Entre los tramos recuperados están las calles Gerardo Barrio, Rubén Darío, la 4.ª y 6.ª calles poniente, la 5.ª 7.ª y la 9.ª avenidas sur, entre otras, donde fueron reubicados de manera pacífica y ordenada más de 1,000 comerciantes, que durante décadas habían copado estos espacios públicos con las infraestructuras de sus puestos en el sector del mercado central.
Las autoridades municipales informaron que con esta acción le devuelven a la ciudad más de cinco kilómetros para que los peatones y los automovilistas circulen en orden y seguros.
Irving Rodríguez, jefe de la Unidad Técnica del Comercio en el Espacio Público de la alcaldía, destacó que esta nueva recuperación no solo contribuirá en el rescate de los espacios públicos, sino que además dinamizará la economía. El funcionario asegura que permitirá que los negocios formales que antes eran obstruidos por el comercio informal van a fortalecer sus actividades, pues serán visibles y habrá orden.
«Muchos comerciantes por cuenta propia que se encontraban en estas calles han participado en un proceso de ordenamiento de manera voluntaria, segura, ordenada y sin ningún tipo de violencia. Más de 1,000 comerciantes y estructuras encontramos en esta zona, pero hasta este día no tenemos ninguna estructura», dijo Rodríguez.
La recuperación de estos espacios comenzó el fin de semana pasado. Asimismo, se detalló que la alcaldía les ha brindado a los vendedores informales la opción de reubicarlos dentro de los 32 mercados municipales que tiene la capital, muchos de los cuales serán reubicados a partir del lunes en los sectores que eligieron.
Además, aseveró que la circulación vehicular se hará de la siguiente forma: los conductores de los vehículos que manejen por la calle Gerardo Barrios y 6.ª calle poniente podrán incorporarse a la calle Rubén Darío, retomando en el sentido de sur a norte, la 5.ª y la 9.ª avenida sur.
Mientras que los motoristas que se dirijan por la calle Rubén Darío y deseen acceder a la 4.ª calle poniente podrán hacerlo a través de la 7.ª avenida sur, en el sentido de norte a sur.
Rodríguez dijo que en los próximos días continuarán interviniendo estas calles con trabajos de excavaciones para el cableado subterráneo, recarpeteo y la señalización vial adecuada, la cual se perdió con los años.
El director de Desechos Sólidos de la alcaldía, German Muñoz, informó que durante la recuperación de estos espacios evacuaron más de 1,000 toneladas de escombros, producto de la demolición de 399 planchas de concreto y el retiro de las estructuras que los vendedores por cuenta propia construyeron sobre las calles y las aceras.
Además, indicó que harán tareas de limpieza y desobstrucción de 70 drenajes secundarios, la limpieza de canaletas, lavado y fumigación general del circuito recuperado.
Desde este fin de semana quedó habilitado el paso peatonal por la zona recuperada, mientras que el paso vehicular será restablecido paulatinamente debido a los trabajos que se están haciendo en las calles aledañas en el corazón del Centro Histórico, por lo que se contará con el apoyo de gestores de tránsito.
Principal
El Salvador consolida el diálogo y la cooperación con el Parlamento Europeo
El Vicepresidente de la República, Félix Ulloa, sostuvo un encuentro con la Presidenta de la Delegación del Parlamento Europeo para las Relaciones con los Países de Centroamérica (DCAM), Diana Riba Giner, para abordar la importancia de la relación birregional entre Centroamérica y la Unión Europea.
El Vicepresidente Ulloa reiteró el interés de El Salvador de mantener un diálogo activo y constructivo con la delegación parlamentaria, compartiendo los avances del país en materia de seguridad y la visión de transformación de El Salvador hacia el milagro del desarrollo económico.

Por su parte, la Eurodiputada, Diana Riba Giner, subrayó la relevancia de fortalecer la diplomacia parlamentaria en temas vinculados a la seguridad ciudadana, paz y derechos humanos, particularmente en el marco del Acuerdo de Asociación entre Centroamérica y la Unión Europea, como instrumento estratégico para profundizar la cooperación birregional.
El encuentro reafirma la voluntad de ambas partes de consolidar canales de diálogo político permanente, en beneficio de una agenda común basada en la estabilidad, el desarrollo y el respeto institucional.
Opinet
La depresión como encrucijada existencial- Lisandro Prieto Femenía
“La lucha misma hacia las cumbres basta para llenar un corazón. Hay que imaginarse a Sísifo feliz”
Camus, 1955/1942, p. 78.
Hoy quiero invitarlos a reflexionar sobre la depresión, un fenómeno que no se agota en un diagnóstico clínico ni se limita a la simple suma de neurotransmisores. De hecho, se alza como un problema filosófico que fuerza a repensar la relación intrínseca entre sentido, libertad e identidad. Cuando la vida parece vaciarse de contenido, es decir, cuando el mundo circundante muestra su silencio ante nuestras demandas de coherencia, surge la pregunta por el sentido que ha atravesado toda la reflexión existencialista.
El pensador Albert Camus interrogó frontalmente la condición humana frente al absurdo, señalando que la conciencia de ese choque brutal entre nuestra sed innata de significado y la indiferencia cósmica no debe conducir, sin más, a la rendición. Desde su perspectiva en “El mito de Sísifo”, el absurdo es la consecuencia de un encuentro: “el absurdo nace de esta confrontación entre la llamada humana y el silencio irracional del mundo” (Camus, 1955/1942, p. 30). Si optamos por entender la depresión como una respuesta radical a la experiencia de lo absurdo, encontramos en ella, paradójicamente, una lucidez cargada de dolor, que es el reconocimiento íntimo que los marcos habituales de sentido han colapsado.
Aquella dolorosa lucidez abre, sin embargo, caminos interpretativos notoriamente divergentes. Desde la perspectiva sarteana, la libertad humana se entiende como absoluta y radical, y la consecuente angustia no es otra cosa que la revelación de la nada que subyace a toda elección. Por consiguiente, la depresión podría interpretarse como una forma externa de esa angustia, manifestándose cuando la posibilidad de acción se torna insoportable y la libertad misma se experimenta como una carga sin horizonte. Jean-Paul Sartre sostuvo categóricamente que “el hombre está condenado a ser libre” (Sartre, 2018/1943, p. 627), y que la depresión expone el coste concreto de esta condena: la parálisis de la decisión y la imposibilidad de proyectarse hacia futuros que antes insuflaban motivo a la acción.
Frente a este abismo, Camus propuso una reacción que eludía los consuelos metafísicos y apelaba, en cambio, a la revuelta: afirmar la propia conciencia del absurdo sin por ello renunciar a la vida. De este modo, la tensión entre reconocer la falta de sentido y aún así elegir la permanencia en el mundo constituye uno de los dilemas más punzantes que la depresión impone a la filosofía.
Por su parte, Søren Kierkegaard nos brinda un aporte a esta discusión, sobre todo en los matices cruciales sobre la autenticidad y la desesperanza. Para el danés, la desesperación no es una simple patología, sino una modalidad intrínseca de la relación del yo consigo mismo, a la que definió como “la enfermedad mortal” (Kierkegaard, 2019/1849, p. 12). En su descripción de “La enfermedad mortal”, la desesperación nace de la incapacidad del sujeto de sintetizar las dimensiones constitutivas del yo -lo finito y lo infinito, lo temporal y lo eterno-. Por lo tanto, conlleva una lectura moral y existencial profunda, revelando incoherencias en el modo en que se vive. Vista así, la depresión podría leerse no sólo como un fallo biológico, sino también como una advertencia radical sobre la falta de autenticidad, un llamado perentorio a revisar las propias premisas vitales. No obstante, reducir la desesperación a una mera oportunidad de autenticidad es correr el riesgo de culpabilizar al sujeto que la padece, puesto que la vivencia de vacío es simultáneamente diagnóstico existencial y sufrimiento que desborda cualquier exigencia de realización. Dicha reducción es tan patética e inútil como cuando a un depresivo alguien le dice: “no estés triste” o “échale ganas”.
Este doble filo nos conduce inevitablemente al interrogante sobre el sufrimiento como vía de conocimiento. Existen tradiciones filosóficas que han considerado el padecimiento como una escuela donde se revelan rasgos fundamentales de la condición humana. El abatimiento extremo puede, en ocasiones, destapar verdades incómodas sobre la fragilidad del proyecto, la contingencia de los deseos y la finitud ineludible que subyace a toda esperanza. Empero, afirmar que el sufrimiento depresivo confiere una verdad profunda exige suma cautela. En este punto, es crucial entender que no todo dolor es una epifanía, ya que la agonía puede deformar la percepción, introducir sesgos cognitivos incapacitantes y cerrar todo horizonte de sentido. Por consiguiente, la pregunta filosófica pertinente no es si el sufrimiento ilumina siempre, sino cómo podemos dialogar con él sin caer en la tentación de romantizarlo o de instrumentalizarlo como un acceso privilegiado a la sabiduría.
También la cuestión de la libertad frente a la depresión demanda una respuesta compleja que reconozca las causas biológicas sin neutralizar, por ello, la responsabilidad existencial. Las evidencias científicas sobre predisposiciones genéticas o desequilibrios neuroquímicos no anulan que la experiencia del yo deprimido siga siendo, en su esencia, una situación moral y existencial.
Si bien es cierto que la libertad, entendida como posibilidad de respuesta, se ve gravemente debilitada por condiciones que limitan la capacidad de acción, esta libertad persiste en la medida en que el sujeto logra, con el apoyo adecuado, reconectar con proyecciones significativas.
Existe, además, una lectura crítica que vincula la depresión con formas de resistencia pasiva en el marco social. En sociedades que demandan productividad constante, el colapso anímico puede funcionar como un silencio revelador frente a las exigencias claramente deshumanizadoras. Al respecto, Byung-Chul Han señaló en su obra “La sociedad del cansancio”, cómo la lógica neoliberal produce sujetos agotados, híper-expuestos y auto-explotados. Desde esta óptica, la depresión puede interpretarse como un síntoma social y político más que como un fallo individual, si bien esta interpretación no debe jamás sustituir la atención clínica necesaria con los profesionales pertinentes.
A esta crítica social, se suma la desazón intrínseca a la experiencia de la posmodernidad líquida. El sociólogo ZygmuntBauman, al reflexionar sobre esta nueva configuración, identificó la paradoja de una vida definida por la ausencia de anclajes sólidos: proyectos, vínculos e incluso identidades se vuelven provisorios, flexibles hasta el punto de la fragilidad. En este mundo de opciones ilimitadas, la elección constante se convierte en una condena, pues, como argumenta el autor polaco, “ser moderno significa estar condenado a una elección incesante, a cambiar constantemente, a revisar sin cesar las decisiones tomadas y a estar siempre dispuesto a descartarlas y a tomar otras en su lugar” (Bauman, 2013, p. 88).
Esta saturación de posibilidades conduce a la fatiga de la voluntad donde la satisfacción siempre es fugaz. Por su parte, Gilles Lipovetsky profundizó en esta saturación al describir la era del vacío, donde la hipertrofia del individualismo y el hedonismo conducen a una profunda insatisfacción existencial. El sujeto posmoderno, aunque inmerso en la abundancia material, se siente desarraigado, puesto que “absorto en su culto al bienestar y en la obsesión por sí mismo, se encuentra más sólo y desorientado que nunca” (Lipovetsky, 2008, p. 110). Por lo tanto, el vacío depresivo no es sólo la pérdida de un sentido personal, sino el eco amplificado de una cultura que promete la felicidad a través del consumo y la auto-realización perpetua, pero sólo entrega desazón.
También, el yo en la depresión se fragmenta. La autopercepción moderna se resquebraja y se hacen patentes capas de identidad que la rutina social mantenía ocultas. La drástica disminución de interés, la sensación de extranjería hacia uno mismo y la pérdida de un proyecto vital con sentido son elementos que modifican la conciencia de sí y pueden, paradójicamente, permitir un tipo peculiar de autoconocimiento. Al respeto, Martin Heidegger, en su obra “Ser y tiempo”, habló del “Dasein” (el “ser-ahí”, o sea, nosotros, como seres-en-el-tiempo) como una proyección fundamental hacia el futuro, sosteniendo que perder esa proyección afecta la apertura misma al mundo (Heidegger, 2003/1927). Cuando el proyecto futuro se desvanece, la temporalidad ser contrae y la existencia se centra en un presente paralizante e incapacitante. Desde otro ángulo, la máscara del yo social se ve desenmascarada, de tal forma que lo que emerge en el “yo depresivo” podría ser la revelación de la artimaña de identidades construidas exclusivamente para cumplir roles externos, dejando al descubierto un núcleo doliente que demanda reconocimiento y cuidado.
Paralelamente, la dimensión ética y social impone responsabilidades claras a la colectividad. juzgar moralmente a quien yace en la desesperanza resulta éticamente injusto, por lo que la valoración moral debe distinguir con precisión entre la exigencia de responsabilizar al sujeto y la compasión necesaria que reconoce limitaciones profundas. además, la depresión reclama una respuesta de justicia social ineludible. Si la estructura social vigente produce condiciones que favorecen el sufrimiento psíquico, la ética colectiva debería demandar transformaciones estructurales. En este sentido, Michel Foucault mostró en su “Historia de la locura en la época clásica” cómo las prácticas sociales y los saberes institucionales configuran las posibilidades de subjetivación: así, la patología mental no es únicamente una cuestión médica, sino también política (Foucault, 2012/1961). El deber ante el sufrimiento del otro, en consecuencia, no consiste sólo en consolar, sino en transformar: reclamar por instituciones, redes de apoyo y modos de vida que mitiguen las causas estructurales del padecimiento.
Otro vínculo que no podemos dejar pasar en esta reflexión es la conexión entre depresión y nihilismo. Si el nihilismo es la vivencia del derrumbe de los valores trascendentes, la depresión puede ser una encarnación palpable de esa vivencia. Sin embargo, Friedrich Nietzsche propuso una respuesta activista: la transvaloración, la creatividad que convierte el sufrimiento en una fuerza propulsora. Su llamado, lejos de trivializar el dolor, invita a imaginar posibilidades de sí que logren transformar ese dolor en un motor vital. Por eso, el arte y la filosofía ofrecen rutas de redención parcial, no como remedios mágicos, tampoco como sustitutos de los tratamientos médicos, sino como prácticas capaces de re-encuadrar la experiencia, alimentar la imaginación y abrir horizontes de sentido nuevos. Ciertamente, no todo en la depresión puede sublimarse, pero la creación simbólica persiste como una de las estrategias más poderosas que permiten resistir la noche del ánimo.
En conclusión, queridos lectores, hemos querido demostrar que la depresión convoca a una filosofía que no se conforma con clasificaciones meramente técnicas sino que exija una reflexión profunda que articule el sentido, la libertad, la identidad, la ética y el lenguaje en su intrincada complejidad. Ante la tiranía del rendimiento y la crisis de sentido de nuestro tiempo, ¿estamos dispuestos realmente a repensar las formas sociales que producen este sufrimiento anímico y a crear prácticas de escucha que restituyan un nombre y una compañía a quienes se ven obligados a callar?
Más allá de la clínica, que es fundamental, ¿cómo podemos sostener la tensión irresoluble entre reconocer las causas biológicas innegables y, al mismo tiempo, asumir las responsabilidades éticas y políticas sin caer en la culpa individualizadora ni en la despolitización facilitas del dolor ajeno? Y, por último, ante el silencio opresivo que la depresión impone en la vida de un ser humano, ¿qué modos de palabra, qué gestos artísticos y qué acciones colectivas pueden, de verdad, abrir una rendija hacia nuevos y urgentes porvenires existenciales? Que estas preguntas resuenen y persistan es la condición mínima para no dejar a la deriva a quienes atraviesan, en la más absoluta soledad, la noche profunda del alma.
Referencias
Bauman, Z. (2013). Modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica.
Camus, A. (1955). El mito de Sísifo (J. O’Brien, Trad.). Gallimard/Hamish Hamilton. (Obra original publicada en 1942).
Foucault, M. (2012). Historia de la locura en la época clásica. Siglo XXI. (Obra original publicada en 1961).
Han, B.-C. (2012). La sociedad del cansancio. Herder.
Heidegger, M. (2003). Ser y tiempo. Trotta. (Obra original publicada en 1927).
Kierkegaard, S. (2019). La enfermedad mortal. Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1849).
Lipovetsky, G. (2008). La era del vacío: Ensayos sobre el individualismo contemporáneo. Anagrama.
Sartre, J.-P. (2018). El ser y la nada: Ensayo de ontología fenomenológica. Losada. (Obra original publicada en 1943).
Wittgenstein, L. (2009). Tractatuslogico-philosophicus. Routledge. (Obra original publicada en 1921)
Jetset
Rafael Amaya podría protagonizar serie producida por Emma Coronel
El actor Rafael Amaya vuelve a las narcoseries de mano de la mismísima esposa de Joaquín «El Chapo» Guzmán, ya que no solo dará vida al capo de las drogas, también será productor de la nueva serie junto con la pareja del ahora narcotraficante preso.
Amaya protagonizará y será productor ejecutivo de una serie bilingüe, contada desde la perspectiva de la esposa de Guzmán, Emma Coronel Aispuro, y centrada en su vida junto a su esposo.
Como productores ejecutivos, además del histrión, también se incluye a Coronel y su socia productora, Maritza Ramos, todo esto por medio de las empresas Amaya Productions y Zero Gravity Management («El Contador 1 y 2», «Ozark»).
Aunque el anunció ya fue confirmado por el portal Deadline.com, lo que también mencionó es que aún buscan un guionista para la emisión.
Guzmán es exlíder del cártel de Sinaloa condenado en un tribunal federal estadounidense en 2019 por múltiples cargos de narcotráfico y asociación delictuosa. En tanto, su esposa, Emma Coronel, cumplió tres años de prisión tras declararse culpable de narcotráfico y lavado de dinero. Fue liberada en 2023.
La serie, aún sin título, se describe como un drama criminal ficticio que explorará temas de poder, lealtad y supervivencia a través del viaje personal de la exreina de belleza de Sinaloa.


