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TESTIMONIO| “Mal comemos y aguantamos”, la dura realidad en la que sobreviven los vendedores ambulantes

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Óscar Vives ha sido un vendedor ambulante durante 33 años, desde que tenía 17. Por más que hace memoria, por más que hurga en los sinsabores de esta actividad que en los últimos meses perdió más de ocho millones de empleos, nunca vivió algo similar sobre la reducción de sus ganancias.

—Simple y sencillamente no hay ventas —advierte en entrevista con este diario mientras guarda uno a uno en su camioneta los 10 pollos que sobraron de la oferta del día.

Con base en sus cuentas de buen marchante, de la matemática básica y dura de la calle, Oscar Vives, de 48 años, calcula que las compras de pollo disminuyeron un 60% en  los cinco tianguis (mercados ambulantes) en los que participa en la ciudad de México por miedo a la pandemia y a pesar de que la capital mexicana pasó del semáforo rojo al naranja.

La familia esperó tres meses hasta que los tianguis, mercados sobre ruedas y bazares pudieron volver a operar el pasado jueves 2 de julio. Los Vives (esposos y dos hijas) sobrevivieron a base de sus ahorros, de dejar de comprar ropa y zapatos y de comer prácticamente pollo todos los días. Un día pechuga asada; otro, muslos y el encuentros entomatados; alitas picantes; huacales en chile guajillo y  así, pero… ¡De todos modos cansa!

Por eso les hacía ilusión volver a trabajar para poder comprar, al menos carne de res algún día a la semana. No contaban con que el covid-19, además de meter a medio mundo en casa, metió mucho  miedo al contacto físico porque aún con todas las precauciones, el coronavirus  esta ahí, sin una vacuna para frenarlo.

Las restricciones oficiales tampoco ayudan mucho: la instalación de puesto deberá respetar una distancia mínima de 1.5 metros, a su izquierda  derecha, hacia el frente y hacia atrás y, sino es posible esto deben instalar separadores físicos como plásticos y acrílicos.

Además, los vendedores ambulantes sólo pueden operar hasta las 4:00 de la tarde y los compradores no pueden andar “tanteando” los productos, sólo el vendedor, algo que encanta hacer a los clientes de este tipo de comercios. Los locatarios, diableros y choferes deben usar cubrebocas, caretas y guantes desechables lo que da una imagen apocalíptica.

Mercado ambulante en la calle de Campeche, en el municipio de Cuauhtémoc, CDMX.

“Es necesario pero asusta”, dice Oscar Vives.

Dos familiares ignoraron estas medidas justamente porque les parecían exageradas y ridículas y el resultado fue mortal. Eran dos hombres sanos y fuertes, de 24 y 27 años, con dos niños pequeños, que hoy están huérfanos de padre.

“La vida del tianguista es dura, apenas comemos cualquier cosa por atender los puestos y mis sobrinos estaban tan desnutridos que no resistieron la enfermedad”.

Los esposos Vives hacen lo que tengan que hacer para mantener el negocio a flote mientras las hijas estudian a distancia, una para abogada y la otra para ciencias políticas. Entonces usan mascarillas, recogen su puesto temprano y esperan por tiempos mejores, comiendo lo mismo, trabajando sólo  para la gasolina y los permisos oficiales que hacen las veces de impuestos.

“El gobierno prometió que iba a darnos un apoyo, pero no lo hemos visto, nos dan largas y, al final de cuentas, estamos solos”.

Del total de los 12 millones de empleos que se perdieron por la pandemia y que reconoció en días recientes el subgobernador del Banxico, Jonathan Heath, más de ocho millones eran del comercio informal, o sea, que de los 30.9 millones de personas que a principio de año estaban en el ambulantaje, quedan poco más de 22 millones y no precisamente en las mejores condiciones.

Los  Vives han pensado en lleva  domicilio, pero los pedidos son escasos. Han pensado en crear una aplicación o subcontratar a alguna que ya los haga como Rappi hasta que caen en cuenta que su pequeña vivienda no tiene espacio para almacenar un producto perecedero como es el pollo. “Estamos atrapados en un esquema de ventas que cambió”.

El gobierno no ha explicado el retraso de “las ayudas” prometidas al sector y lo cierto es que está también se encuentra en  apuros. Al cierre del primer semestre del año, sus ingresos por recaudación fiscal cayeron  3.7% (que se traducen en millones de dólares) y la deuda se disparó en el primer semestre de 2020 hasta superar el 52.1% del Producto Interno Bruto (PIB) por el incremento del precio de los dólares.

Atrapados

México dejó a los estados tomar las decisiones de apertura económica frente al COVID-19 según sus criterios como federación. Por ello, los ambulantes dependen de los criterios de cada entidad para que se les permita salir a las calles o no.

En el estado de  Michoacán, por ejemplo, aún están restringidos; en otros, aunque están autorizados, las zonas donde anteriormente hacían sus ventas están cerradas y el drama es el mismo: una caída estrepitosa del comercio. En Coahuila, los ambulantes de Saltillo reportaron la semana pasada una baja de hasta el 70%.

Los comerciantes informales de Puebla —una de las más ciudades con mayor contagio del país— reportaron que, mientras sigan cerradas las escuelas, será imposible recuperase.

Alfredo Benítez, un vendedor de jugos que es parte del Frente de Organizaciones Ciudadanas en Movimiento, una organización popular de defensa del ambulantaje, reportó que en mayo, cuando se hablaba mucho del  regreso a la normalidad pensaban que sería un retorno optimista. “La nueva normalidad es atole con el dedo porque no hay clientes”.

Más al centro del país, mientras guarda los mangos marchitos que se quedaron sobre la mesa porque no hubo postor, Patricia Benítez, coincide en que esta etapa es de resistencia. Y en eso se le van los días.

Ella había sido parte del desempleo del comercio informal porque se subcontrataba en un puesto de tortas cuyo dueño no se tocó el corazón para echara apenas se complicaron las cosas. Tampoco es fácil tener un puesto en el tianguis: hay que pagar a los  líderes, a  veces hasta 5,000 dólares  por  un permiso y eso es mucho dinero.

Por suerte para Patricia Benítez, su suegro, quien desde hacía décadas se había hecho de un espacio para vender frutas y verduras, decidió retirarse a esperar a que pasara la cuarentena porque ya roza los 70 y tiene diabetes. Así empezaron otras complicaciones para ella porque aunque tenía el permiso, el producto se echaba a perder pronto.

Patricia Benítez.
Patricia Benítez.

—Cuando las ventas bajan ya no tienes dinero para comprar más— observa. — No me quedó más que pedir dinero prestado.

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Una obra del siglo XIX sufre daños por una fuga de agua en el Louvre

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Tras un robo, huelgas y un escándalo por fraude en la venta de entradas, el museo del Louvre de París anunció el viernes que un techo pintado del siglo XIX sufrió daños por una fuga de agua en su ala más visitada.

Según informó el museo, durante la noche fue necesaria la intervención de los bomberos tras la rotura de una tubería en el ala Denon, donde se encuentran algunas de las obras más emblemáticas de la pinacoteca, incluida la Mona Lisa.

No obstante, la sala que alberga la obra maestra de Leonardo Da Vinci no sufrió daños, precisó el museo.

La fuga afectó a la sala 707, que alberga obras de arte italianas de los siglos XV y XVI.

«El agua alcanzó un techo pintado por Charles Meynier, que data de 1819. Los bomberos intervinieron de inmediato y la fuga fue contenida poco después de la medianoche», indicó la dirección del Louvre en un comunicado transmitido a la AFP.

Este nuevo incidente tuvo lugar un día después de que saliera a la luz un fraude millonario en la venta de boletos, en el que presuntamente están implicados dos empleados del museo y varios guías turísticos.

El museo más visitado del mundo está en el ojo del huracán desde un espectacular robo de joyas de la Corona valoradas en más de 100 millones de dólares en octubre. Un mes más tarde, el establecimiento tuvo que cerrar una galería debido al deterioro del edificio.

Desde mediados de diciembre, el personal del museo convocó múltiples huelgas para exigir mejoras en las condiciones laborales en la pinacoteca, que recibió nueve millones de visitantes el año pasado.

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Tres muertos y miles de hogares sin electricidad tras el paso de un temporal por Francia y España

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Los fuertes vientos y las intensas lluvias arrancaron árboles, inundaron carreteras, y obligaron a cancelar vuelos, trenes y ferris el jueves, provocando el caos en las carreteras del sur de Francia, el norte de España y algunas zonas de Portugal.

Las autoridades españolas informaron de la muerte de una mujer por el derrumbe del techo de un almacén industrial en Barcelona.

Las autoridades francesas confirmaron el viernes la muerte de una persona al caer de una escalera en su jardín, un día después de que un camionero falleciera al estrellarse un árbol contra el parabrisas de su vehículo.

Decenas de personas más resultaron heridas en incidentes relacionados con el clima en España, y un viaducto en Portugal se derrumbó parcialmente debido a las inundaciones.

Los meteorólogos franceses estimaron que la borrasca Nils fue «inusualmente fuerte», y la distribuidora eléctrica francesa Enedis movilizó a unos 3.000 trabajadores para restablecer el suministro eléctrico a los hogares.

A las 06H00 (05H00 GMT) del viernes, Enedis había restaurado el servicio del 50 % de los 900.000 clientes que se habían quedado sin electricidad, informó la compañía.

Los vecinos de las zonas afectadas por la borrasca se vieron sorprendidos por su ferocidad.

En Barcelona y alrededores, donde el jueves se suspendieron las clases y las actividades al aire libre, los fuertes vientos arrancaron árboles y hasta farolas, y una de ellas provocó traumatismos graves a una mujer.

«Por la noche se oía cómo se levantaban las tejas y los contenedores de basura rodaban por la calle; era una locura», explicó Eugenie Ferrier, de 32 años, del pueblo francés de Roaillan, cerca de Burdeos, en el suroeste.

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Dos muertos y un herido por tiroteo en una universidad en el sur de Estados Unidos

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Dos personas murieron y una resultó herida en un tiroteo ocurrido la noche del jueves en la Universidad Estatal de Carolina del Sur, en Estados Unidos, informó esa institución.

El centro educativo aseguró que su campus fue cerrado a las 21H15 locales del jueves (02H15 GMT del viernes) tras recibir un aviso sobre disparos en un apartamento del complejo residencial estudiantil Hugine Suites.

«Las autoridades de la universidad aún no han confirmado la identidad de las víctimas ni el estado de la persona herida», añadió la institución en un comunicado. «El campus permanece cerrado», reiteró.

Las autoridades universitarias no informaron tampoco de si se había detenido a alguien en relación con el tiroteo.

Señalaron que las fuerzas del orden locales estaban ayudando a la universidad «a patrullar el campus y sus alrededores» y que las clases del viernes fueron canceladas.

El campus de esta universidad ya fue escenario de dos tiroteos en octubre, incluyendo uno en el mismo complejo de viviendas estudiantiles, que causó la muerte de una persona y dejó herida a otra, según informó la cadena ABC News.

Este incidente se produce pocos días después de que una joven de 18 años matara a ocho personas en una escuela secundaria de Columbia Británica, en Canadá.

Es también el último de una larga serie de ataques a escuelas y centros educativos en Estados Unidos, donde los intentos de restringir el acceso a las armas de fuego se enfrentan a un estancamiento político.

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